Mientras los reflectores del mundo apuntaban a Berlín, donde Hitler buscaba mostrar al mundo una imagen de poder y "superioridad aria", un puñado de atletas y activistas se reunía en un estadio recién inaugurado en una isla del East River neoyorquino para hacer exactamente lo contrario. No para celebrar el esplendor de un régimen totalitario, sino para protestar contra él.
Se llamaron las "Olimpiadas Contrael" (Counter-Olympics), aunque su nombre oficial fue la "Primera Feria Anual Mundial de Atletismo Laboral" (First Annual World Labor Athletic Carnival). Fueron tres días, del 15 al 17 de agosto de 1936, en el flamante Randall's Island Stadium de Nueva York. Un gesto simbólico, valiente, pero trágicamente insuficiente.
El contexto: la batalla perdida del boicot
Para entender estas "contraolimpiadas", hay que retroceder un par de años. Cuando Hitler llegó al poder en 1933, las políticas antisemitas del Tercer Reich chocaron de frente con los valores fundacionales del movimiento olímpico. Incluso antes de que se lanzara la primera jabalina, ya se libraba una batalla en las oficinas de las federaciones deportivas.
En 1933, la Amateur Athletic Union (AAU) estadounidense votó casi por unanimidad a favor de boicotear los Juegos de Berlín a menos que Alemania permitiera competir a atletas judíos. El lema era claro: el deporte es democracia, y en democracia no caben discriminaciones por raza, religión u origen.
Pero la presión política y los intereses olímpicos pesaron más. Avery Brundage, presidente del Comité Olímpico Estadounidense, viajó a Alemania, hizo una inspección superficial y declaró que los atletas judíos "eran tratados de manera justa". Era 1935, y la maquinaria nazi ya llevaba dos años funcionando a pleno.
En diciembre de 1935, la AAU votó nuevamente. Esta vez, el resultado fue ajustadísimo: 58.25 votos a favor de participar en Berlín contra 55.75 a favor del boicot. Solo tres votos. Tres delegados separaron a Estados Unidos de dar un golpe moral contundente al régimen de Hitler.
El boicot había fracasado. Pero no todos estaban dispuestos a bajar los brazos.
El escenario: un estadio flamante (y polémico)
Las "Olimpiadas Contrael" se realizaron en el Randall's Island Stadium, un escenario que por aquellos días era noticia por sí mismo. Inaugurado el 11 de julio de 1936, apenas un mes antes de la contraelimpiada, el estadio había sido construido por la Works Progress Administration (WPA) de Franklin D. Roosevelt como parte de los programas del New Deal para salir de la Gran Depresión.
| Randall's Island Stadium |
El lugar era imponente: con capacidad para unas 22,000 personas, fue bautizado como el "Wembley americano". Apenas unas semanas antes, el 11 y 12 de julio, había albergado las pruebas clasificatorias para los Juegos de Berlín. Allí, un joven atleta negro llamado Jesse Owens se ganó su lugar en el equipo estadounidense que partiría hacia Alemania. El destino quiso que el mismo escenario que vio nacer el sueño olímpico de Owens fuera también el escenario de la protesta más importante contra esos mismos Juegos.
Jesse Owens ganando los 100 metros en el estadio de Randall's Island,
el 10 o el 11 de julio de 1936. Foto: NY Daily News.
La contraelimpiada: 500 atletas contra el nazismo
La organización no fue obra de un grupo espontáneo. Detrás del evento estaban el Jewish Labor Committee (JLC) y una coalición de sindicatos y organizaciones de izquierda de Nueva York, incluyendo el poderoso Sindicato Internacional de Trabajadoras de la Confección de Damas (ILGWU, por sus siglas en inglés).
Participaron 500 atletas de 17 países. Entre ellos, atletas judíos alemanes que habían sido excluidos de los Juegos de Berlín y que encontraron en Randall's Island un escenario donde competir con dignidad. También hubo figuras destacadas del atletismo estadounidense, como el plusmarquista mundial de salto con garrocha George Varoff, el velocista Eulace Peacock (que ese año había vencido a Jesse Owens en varias ocasiones) y el saltador de altura Walter Marty.
El programa incluía competencias atléticas, pero también discursos políticos y un intento de crear un "comité olímpico mundial" alternativo. Fue, en esencia, una declaración en acción: el deporte no debía ser cómplice del nazismo.
| George Varoff,plusmarquista de salto con garrocha |
¿Un éxito o un fracaso?
Depende de cómo se mire. Desde lo simbólico, fue un acto de valentía en un momento en que gran parte del mundo prefería mirar hacia otro lado. El gobernador de Nueva York, Herbert Lehman, entregó personalmente los premios. La prensa le dedicó cierta atención, aunque los grandes diarios estaban más ocupados cubriendo el esplendor de Berlín.
Pero desde lo práctico, el evento dejó un sabor agridulce. El New York Herald Tribune calificó las actuaciones atléticas de "mediocres" y notó que los espectadores no estaban especialmente entusiasmados. La asistencia no fue la esperada. Y lo más importante: el impacto mediático fue mínimo. Las "Olimpiadas Contrael" pasaron a la historia como una nota al pie, un gesto noble pero opacado por la maquinaria propagandística de Hitler.
Conclusión: el consuelo de las conciencias
Hoy, mirando hacia atrás, las "Olimpiadas Contrael" de Nueva York representan tanto lo mejor como lo peor de las protestas simbólicas. Lo mejor: la valentía de decir "no" cuando el mundo dice "sí". La capacidad de organizar, de reunir a 500 atletas en un estadio nuevo, de intentar construir una alternativa. Lo peor: que no fueron suficientes. Que tres votos en una sala decidieron que Estados Unidos iría a Berlín, y que el mundo entero vería los Juegos como un éxito del régimen nazi.
La contraelimpiada fue, como mucho, un consuelo para las conciencias. Un recordatorio de que hubo quienes intentaron hacer algo. Pero también una lección: en la lucha contra el fascismo, los gestos simbólicos, por más nobles que sean, a veces no alcanzan.
El Randall's Island Stadium fue demolido en 2002 y reemplazado por el actual Icahn Stadium. El sitio conserva, sin embargo, la memoria de aquel agosto de 1936, cuando un puñado de atletas decidió competir no por una medalla, sino por la dignidad.
Fuentes consultadas
Glickman, A. (2015, agosto). The Counter-Olympics: When New York hosted its own Games to protest the Nazis. Timeline. Recuperado de https://timeline.com/counter-olympics-new-york-1936-nazi-protest-734357c06a5a
Hart-Davis, D. (1986). Hitler's Games: The 1936 Olympics. New York: Harper & Row.
Jewish Labor Committee Records. (1936). Documents regarding the First Annual World Labor Athletic Carnival. Robert F. Wagner Labor Archives, New York University.
New York Herald Tribune. (1936, 17 de agosto). "Labor Athletic Carnival Ends; Varoff Wins Pole Vault". New York.
The New York Times. (1936, 12 de julio). "Jesse Owens Wins Three Events in Olympic Trials at Randall's Island". New York.
The New York Times. (1936, 16 de agosto). "5,000 See Labor Meet at Randall's Island". New York.
The New York Times. (2002, 22 de agosto). "Randall's Island Stadium Is Being Demolished". New York.
Walters, G. (2006). Berlin Games: How Hitler Stole the Olympic Dream. London: John Murray.




