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sábado, 16 de mayo de 2026

Las "Olimpiadas Contrael" de Nueva York: El gesto que no fue suficiente

 



Mientras los reflectores del mundo apuntaban a Berlín, donde Hitler buscaba mostrar al mundo una imagen de poder y "superioridad aria", un puñado de atletas y activistas se reunía en un estadio recién inaugurado en una isla del East River neoyorquino para hacer exactamente lo contrario. No para celebrar el esplendor de un régimen totalitario, sino para protestar contra él.

Se llamaron las "Olimpiadas Contrael" (Counter-Olympics), aunque su nombre oficial fue la "Primera Feria Anual Mundial de Atletismo Laboral" (First Annual World Labor Athletic Carnival). Fueron tres días, del 15 al 17 de agosto de 1936, en el flamante Randall's Island Stadium de Nueva York. Un gesto simbólico, valiente, pero trágicamente insuficiente.


El contexto: la batalla perdida del boicot

Para entender estas "contraolimpiadas", hay que retroceder un par de años. Cuando Hitler llegó al poder en 1933, las políticas antisemitas del Tercer Reich chocaron de frente con los valores fundacionales del movimiento olímpico. Incluso antes de que se lanzara la primera jabalina, ya se libraba una batalla en las oficinas de las federaciones deportivas.

En 1933, la Amateur Athletic Union (AAU) estadounidense votó casi por unanimidad a favor de boicotear los Juegos de Berlín a menos que Alemania permitiera competir a atletas judíos. El lema era claro: el deporte es democracia, y en democracia no caben discriminaciones por raza, religión u origen.

Pero la presión política y los intereses olímpicos pesaron más. Avery Brundage, presidente del Comité Olímpico Estadounidense, viajó a Alemania, hizo una inspección superficial y declaró que los atletas judíos "eran tratados de manera justa". Era 1935, y la maquinaria nazi ya llevaba dos años funcionando a pleno.

En diciembre de 1935, la AAU votó nuevamente. Esta vez, el resultado fue ajustadísimo: 58.25 votos a favor de participar en Berlín contra 55.75 a favor del boicot. Solo tres votos. Tres delegados separaron a Estados Unidos de dar un golpe moral contundente al régimen de Hitler.

El boicot había fracasado. Pero no todos estaban dispuestos a bajar los brazos.


El escenario: un estadio flamante (y polémico)

Las "Olimpiadas Contrael" se realizaron en el Randall's Island Stadium, un escenario que por aquellos días era noticia por sí mismo. Inaugurado el 11 de julio de 1936, apenas un mes antes de la contraelimpiada, el estadio había sido construido por la Works Progress Administration (WPA) de Franklin D. Roosevelt como parte de los programas del New Deal para salir de la Gran Depresión.


Randall's Island Stadium


El lugar era imponente: con capacidad para unas 22,000 personas, fue bautizado como el "Wembley americano". Apenas unas semanas antes, el 11 y 12 de julio, había albergado las pruebas clasificatorias para los Juegos de Berlín. Allí, un joven atleta negro llamado Jesse Owens se ganó su lugar en el equipo estadounidense que partiría hacia Alemania. El destino quiso que el mismo escenario que vio nacer el sueño olímpico de Owens fuera también el escenario de la protesta más importante contra esos mismos Juegos.


Jesse Owens ganando los 100 metros en el estadio de Randall's Island,
el 10 o el 11 de julio de 1936. Foto: NY Daily News.



La contraelimpiada: 500 atletas contra el nazismo

La organización no fue obra de un grupo espontáneo. Detrás del evento estaban el Jewish Labor Committee (JLC) y una coalición de sindicatos y organizaciones de izquierda de Nueva York, incluyendo el poderoso Sindicato Internacional de Trabajadoras de la Confección de Damas (ILGWU, por sus siglas en inglés).

Participaron 500 atletas de 17 países. Entre ellos, atletas judíos alemanes que habían sido excluidos de los Juegos de Berlín y que encontraron en Randall's Island un escenario donde competir con dignidad. También hubo figuras destacadas del atletismo estadounidense, como el plusmarquista mundial de salto con garrocha George Varoff, el velocista Eulace Peacock (que ese año había vencido a Jesse Owens en varias ocasiones) y el saltador de altura Walter Marty.

El programa incluía competencias atléticas, pero también discursos políticos y un intento de crear un "comité olímpico mundial" alternativo. Fue, en esencia, una declaración en acción: el deporte no debía ser cómplice del nazismo.


George Varoff,plusmarquista de salto con garrocha 


¿Un éxito o un fracaso?

Depende de cómo se mire. Desde lo simbólico, fue un acto de valentía en un momento en que gran parte del mundo prefería mirar hacia otro lado. El gobernador de Nueva York, Herbert Lehman, entregó personalmente los premios. La prensa le dedicó cierta atención, aunque los grandes diarios estaban más ocupados cubriendo el esplendor de Berlín.

Pero desde lo práctico, el evento dejó un sabor agridulce. El New York Herald Tribune calificó las actuaciones atléticas de "mediocres" y notó que los espectadores no estaban especialmente entusiasmados. La asistencia no fue la esperada. Y lo más importante: el impacto mediático fue mínimo. Las "Olimpiadas Contrael" pasaron a la historia como una nota al pie, un gesto noble pero opacado por la maquinaria propagandística de Hitler.


Conclusión: el consuelo de las conciencias

Hoy, mirando hacia atrás, las "Olimpiadas Contrael" de Nueva York representan tanto lo mejor como lo peor de las protestas simbólicas. Lo mejor: la valentía de decir "no" cuando el mundo dice "sí". La capacidad de organizar, de reunir a 500 atletas en un estadio nuevo, de intentar construir una alternativa. Lo peor: que no fueron suficientes. Que tres votos en una sala decidieron que Estados Unidos iría a Berlín, y que el mundo entero vería los Juegos como un éxito del régimen nazi.

La contraelimpiada fue, como mucho, un consuelo para las conciencias. Un recordatorio de que hubo quienes intentaron hacer algo. Pero también una lección: en la lucha contra el fascismo, los gestos simbólicos, por más nobles que sean, a veces no alcanzan.

El Randall's Island Stadium fue demolido en 2002 y reemplazado por el actual Icahn Stadium. El sitio conserva, sin embargo, la memoria de aquel agosto de 1936, cuando un puñado de atletas decidió competir no por una medalla, sino por la dignidad.


Fuentes consultadas

Glickman, A. (2015, agosto). The Counter-Olympics: When New York hosted its own Games to protest the Nazis. Timeline. Recuperado de https://timeline.com/counter-olympics-new-york-1936-nazi-protest-734357c06a5a

Hart-Davis, D. (1986). Hitler's Games: The 1936 Olympics. New York: Harper & Row.

Jewish Labor Committee Records. (1936). Documents regarding the First Annual World Labor Athletic Carnival. Robert F. Wagner Labor Archives, New York University.

New York Herald Tribune. (1936, 17 de agosto). "Labor Athletic Carnival Ends; Varoff Wins Pole Vault". New York.

The New York Times. (1936, 12 de julio). "Jesse Owens Wins Three Events in Olympic Trials at Randall's Island". New York.

The New York Times. (1936, 16 de agosto). "5,000 See Labor Meet at Randall's Island". New York.

The New York Times. (2002, 22 de agosto). "Randall's Island Stadium Is Being Demolished". New York.

Walters, G. (2006). Berlin Games: How Hitler Stole the Olympic Dream. London: John Murray.

viernes, 15 de mayo de 2026

Capítulo 2 de la Saga "El Charro Moreno: un Genio sin fronteras"

 


La Noche que el Charro bajó de los cerros: cómo un argentino le dio su primera estrella a la franja

Segunda parada: Chile, 1949 y 1951

Si México fue el bautismo, Chile fue la consagración popular.

Cuando José Manuel Moreno pisó Santiago a comienzos de 1949, ya no era el joven talento que había emigrado a México cinco años atrás. Era el Charro. Un jugador con apodo de jinete mexicano, fama de noctámbulo y una reputación que lo precedía: muchos decían que, en los años cuarenta, había sido el mejor futbolista del mundo. La Segunda Guerra Mundial se había llevado por delante dos Mundiales (1942 y 1946), así que nadie pudo demostrarlo en una copa. Pero los que lo vieron jugar en River Plate, en el Club España, lo sabían.

Y ahora ese tipo extraordinario, con bigote de galán de cine y una sonrisa que prometía desmadre, llegaba a un club que nunca había sido campeón en su país: Universidad Católica.

La historia de cómo terminó vistiendo la franja cruzada es, por sí sola, digna de una novela.


La negociación del siglo: un millón y medio de pesos

La orden fue clara. Alberto Buccicardi, técnico de la Católica, recibió el encargo del presidente Enrique Casorzo: había que traer un refuerzo de jerarquía, un nombre que levantara al equipo. El plantel era joven. Tenía a Sergio Livingstone, el gran arquero chileno, y a Fernando Riera, un capitán con carácter. Pero faltaba una figura que desequilibrara, un referente que enseñara a los pibes lo que era ganar.

Buccicardi viajó a Mar del Plata. Allí, en la playa, rodeado de bañistas, encontró al Charro Moreno. El argentino estaba de vacaciones, sin equipo, porque una huelga de futbolistas había paralizado el campeonato argentino. El técnico, vestido con terno y corbata bajo el sol de enero, se acercó y le soltó la propuesta.

Moreno, sin pensarlo demasiado, respondió: "Sí, Santiago es como mi casa".

El costo fue astronómico para la época: un millón 450 mil pesos chilenos, la cifra más alta jamás pagada por un futbolista en el país. La leyenda cuenta que el dueño de la tienda Los Gobelinos puso parte del dinero, y que los propios estudiantes de la Universidad Católica echaban monedas en cajas que se instalaron en el patio central de la casa de estudios. La UC era un club de universitarios, no una potencia económica, pero la ilusión no tenía precio.


Llegada y primeras impresiones: el centrodelantero que pintaba cuadros

El Charro aterrizó en Santiago a comienzos de febrero de 1949. Lo primero que hicieron los dirigentes fue invitarlo a conocer la Casa Central de la Universidad Católica. Y de paso, a una exposición de arte de un joven pintor que, para su horror, resultó ser nada menos que Raimundo Infante, el centrodelantero del equipo.

Moreno recordaría años después, entre carcajadas: "Cuando me dijeron que era el centrodelantero titular me quería volver. ¡El tipo pintaba cuadros!".

El "problema" resultó ser menor. Infante, a pesar de sus pinceles, era un delantero de área eficaz. Y el Charro, rápidamente, se adaptó al grupo. Su primer partido fue contra Maderas Fénix, un amistoso en el que alinearon titulares, juveniles y hasta algún dirigente que quería jugar con la estrella. Moreno hizo un gol de palomita —de esos que le salían casi sin querer— y al ver la calidad de algunos compañeros, preguntó incrédulo: "¿No están pasados en el peso?".

No, no lo estaban. La Católica tenía buen pie, pero le faltaba alma de campeón. Y esa alma la iba a poner el Charro.


El campeonato de 1949: un torneo inolvidable

El equipo cruzado empezó el torneo con dudas. Moreno necesitó algunos partidos para encontrar el ritmo, para conocer las mañas de sus compañeros, para descubrir hasta dónde podía exigirles. Pero cuando el Charro se engrasó, la máquina empezó a andar sola.

Moreno no faltó a ninguno de los 22 partidos del campeonato oficial. Jugó cada minuto. A los 33 años, con el bigote ya canoso pero las piernas todavía llenas de fútbol, era el dueño de la mitad de la cancha. Recibía, pausaba, miraba, asistía. Y cuando hacía falta, aparecía por el área a poner la guinda.

La temporada fue un carrusel de buenos resultados. La UC ganó 16 partidos, empató dos y perdió solo cuatro.

El momento culminante llegó el 27 de noviembre de 1949, en la penúltima fecha del campeonato. Universidad Católica enfrentaba a Audax Italiano. El que ganaba se coronaba. Y el Charro Moreno, ese día, tenía sinusitis.

Era un problema crónico que sufría desde hacía años, una inflamación que lo dejaba literalmente incapacitado para jugar. Los médicos le dijeron que no se moviera de la cama. El técnico Buccicardi ya había armado el equipo sin él.

Pero Moreno, que siempre hizo lo que quiso, apareció en el estadio. Se calzó los botines sin pedir permiso y saltó a la cancha.

La UC ganó 2-1. Y fue campeón por primera vez en su historia.

Los jugadores lo levantaron en hombros. La hinchada invadió la cancha. Y el Charro, con la nariz tapada y los ojos llorosos por la sinusitis, sonrió como el dueño de la fiesta.


El fenómeno social: las mujeres fueron al estadio

Algo cambió en el fútbol chileno ese año. Y no fue solo el resultado.

Manuel Arriagada, compañero de Moreno en aquel plantel campeón, lo recordaba así décadas después: "Él trajo a la mujer al estadio. La gente empezó a ir al fútbol solo para ver jugar a Moreno. Iban mujeres solas, algo que antes, si no había clásico, nunca había pasado".

Moreno era un espectáculo en sí mismo. No solo por cómo jugaba —con esa elegancia que parecía desafiar la gravedad— sino por cómo se movía, cómo celebraba, cómo provocaba a la hinchada rival sin perder la sonrisa. Era un showman antes de que existiera la palabra.

Las crónicas de la época cuentan que las familias enteras se volcaban al estadio los domingos solo para ver al Charro. Los niños imitaban su bigote con lápiz negro. Los jóvenes querían jugar como él. Y las señoras, algo impensado hasta entonces, pedían que las llevaran a la cancha.

El fútbol chileno, antes de Moreno, era un deporte de hombres, de gritos, de tablones de madera y sol inclemente. Moreno lo convirtió en un acontecimiento social.


Vida nocturna: la pelea en el cabaret y el arquero que lo iba a buscar

Por supuesto, la noche seguía siendo su territorio. Moreno nunca abandonó sus costumbres. En Santiago descubrió los cabarets del centro, las calles del barrio Mapocho, los bares donde se podía tomar un vino hasta tarde y discutir de fútbol con desconocidos.

Sus compañeros contaban que los miércoles era un problema. El partido se jugaba el domingo, el lunes era descanso, el martés entrenamiento suave... y el miércoles había que volver a la concentración. Pero Moreno, muchas veces, no aparecía en el lugar y hora acordados.

El arquero Sergio Livingstone y el técnico Alberto Buccicardi se turnaban para ir a buscarlo por los cabarets de la capital. Llegaban a la madrugada, lo encontraban con una copa en la mano, discutiendo de política o de tango con algún desconocido, y lo convencían de volver a la pensión.

Pero lo más increíble de todo es que, a pesar de la parranda, siempre fue el mejor en la cancha. El más serio, el más enfocado, el más generoso con sus compañeros.

Una vez, un periodista le preguntó cómo podía beber y jugar tan bien. Moreno respondió con su filosofía de vida: "El tango es el mejor entrenamiento. Llevás el ritmo, lo cambiás en una corrida, manejás todos los perfiles, hacés trabajo de cintura y de piernas. Y de paso, te diviertes".


1951: el regreso que no fue igual

Tras el título de 1949, Moreno volvió a Argentina para jugar en Boca Juniors (el club de sus amores, aunque él había triunfado en River) en 1950. Pero la experiencia no fue buena. Tenía 34 años, las lesiones empezaban a molestarlo y el fútbol argentino había cambiado.

En 1951, el Charro regresó a Universidad Católica. La hinchada lo recibió como un héroe, con banderas y cánticos. Pero la segunda temporada no fue como la primera. El equipo no funcionó, Moreno se sintió más cansado, y las lesiones lo alejaron de la cancha en momentos clave.

Fue un año gris. La UC terminó en la mitad de la tabla. Y el Charro, por primera vez en su carrera, sintió que su cuerpo le pedía un cambio de aire.

A finales de 1951, Moreno abandonó Chile. No hubo despedida multitudinaria, ni discursos, ni medallas. Simplemente, tomó un avión y se fue.

Pero lo que dejó atrás era enorme.


El legado: el primer ídolo de la franja

Universidad Católica, antes de Moreno, era un club simpático. Un equipo de estudiantes, bien educado, correcto. Que jugaba bien al fútbol pero nunca ganaba nada. Después de Moreno, fue otra cosa.

El título de 1949 no fue solo un campeonato. Fue el momento en que la franja aprendió a creerse grande. Fue la prueba de que se podía ganar, de que no hacían falta décadas de espera, de que con un genio en la cancha y una hinchada que creyera, todo era posible.

Los ídolos posteriores de la UC —los Néstor Isella, los Alberto Fouillioux, los José Luis Villanueva, los Milovan Mirosevic— todos ellos caminaron por el sendero que el Charro abrió. Moreno fue el primero.

Cuando el equipo cruzado volvió a ser campeón, recién en 1966, los hinchas más viejos recordaban aquel 1949. Y suspiraban: "Ojalá tuviéramos otro Charro".

Pero no lo hubo. Porque el Charro Moreno fue único.


Ese hombre que se fue sin despedirse

Años más tarde, ya retirado y viviendo en las afueras de Buenos Aires, Moreno recibió la visita de un periodista chileno. El reportero le preguntó por qué se había ido tan de repente, sin un partido homenaje, sin una despedida formal.

El Charro se quedó en silencio un momento. Miró el horizonte. Y dijo:

"Yo ya les había dado todo. El día que metí el gol de palomita en la final, ese día ya me había despedido. El resto fue tiempo prestado".

Y el periodista, que conocía bien su historia, no supo qué responder. Porque era cierto: el Charro Moreno, en ese año mágico de 1949, les había dado a Universidad Católica y al fútbol chileno algo que ningún otro jugador les había dado jamás.

La primera estrella.


Próximo capítulo: Uruguay (1952)

En el tercer capítulo de esta saga, el Charro Moreno cruza el Río de la Plata para jugar en Defensor Sporting. Allí, en Montevideo, vivirá una temporada breve pero intensa: un equipo que peleaba el descenso, un técnico riguroso que le pidió una prueba física (¡a Moreno!), y las noches de cabaret en la rambla. Una historia de supervivencia, fútbol y bohemia. La contaremos la próxima semana.

No se la pierdan.


Fuentes utilizadas en este capítulo:

  • Crónica (Argentina) – cobertura del fallecimiento de Moreno

  • ESPN Chile / ESPN Argentina – historia del primer campeonato de la UC

  • El Mercurio (Economía y Negocios) – reportaje a 70 años de su llegada a Chile

  • El Mostrador – efemérides del nacimiento y muerte del Charro

  • Memoria Chilena – resumen de su carrera en Chile

jueves, 14 de mayo de 2026

Capítulo 1 de la Saga "El Charro Moreno: un Genio sin Fronteras

 



El nacimiento del "Charro": cómo José Manuel Moreno conquistó México y encontró su apodo eterno

*Primera parada: 1944-1946*

Todo empezó con una huelga. Y con un viaje en barco hacia el norte.

José Manuel Moreno ya era una estrella en Argentina. En River Plate había sido parte de "La Máquina", esa delantera legendaria que hacía llorar a las defensas rivales con toques de billar. Ya tenía cuatro títulos de liga en su país. Pero en 1944, el fútbol argentino se paralizó. Los jugadores reclamaban salarios dignos, mejores condiciones, menos explotación. Y Moreno, que nunca tuvo miedo a plantar cara, fue uno de los que decidió levantar la mano.

No era una decisión fácil. Dejar Buenos Aires, dejar el Monumental, dejar a sus compañeros. Pero el Charro —aunque todavía no se llamaba así— tenía hambre de nuevos desafíos. Y México, en aquellos años, abría los brazos a los cracks argentinos que buscaban fortuna.

Así que se embarcó rumbo al norte, sin saber que ese viaje le cambiaría la vida para siempre.


La llegada al Club España: un gigante con sed de revancha

Moreno aterrizó en la Ciudad de México para incorporarse al Club España, uno de los equipos más tradicionales del país. Los españoles —como se les conocía— venían de ser subcampeones en la temporada 1943-44, perdiendo la final contra el Asturias en aquel campeonato que había marcado el inicio del profesionalismo en México.

El club necesitaba un líder, alguien que pusiera orden en el ataque y le diera ese plus de jerarquía que separa a los buenos equipos de los campeones. Y Moreno, con su personalidad avasallante y su fútbol de otro planeta, era el hombre indicado.

No llegó solo. En el vestuario del España coincidió con Isidro Lángara, el legendario goleador español que había sido figura en el Oviedo y en el San Lorenzo. La dupla Moreno-Lángara era una amenaza constante: el argentino ponía la magia y la pausa; el vasco, el olfato de gol y la potencia. Juntos formaron una sociedad que la defensas mexicanas aprendieron a temer.


Un título que rompió la sequía

La temporada 1944-45 fue la de adaptación. Moreno necesitó tiempo para acostumbrarse al ritmo, a las canchas, al calor. Pero cuando llegó el campeonato 1945-46, el España se transformó en un rodillo.

Fue un año mágico. Moreno, ya instalado como el cerebro del equipo, empezó a desplegar todo su repertorio: paredes imposibles, pases que parecían sacados de un manual de magia, regates que dejaban a los defensas bailando solos. No era un goleador feroz —anotó 11 goles en 41 partidos en total durante su estancia mexicana—, pero cada vez que tocaba la pelota, el estadio contenía la respiración.

El España se coronó campeón de la Primera División de México. Era el título que habían ido a buscar. Y Moreno, con su sonrisa pícara y su bigote bien cuidado, levantó el trofeo como si hubiera nacido para eso. Era su primer campeonato fuera de Argentina, pero no sería el último.

Ese título mexicano fue, además, el comienzo de una carrera récord: décadas después, Moreno se convertiría en el primer futbolista en ganar ligas en cuatro países distintos. México fue la primera piedra.


El nacimiento del "Charro": un apodo que vino del sombrero

Fue en México donde José Manuel Moreno dejó de ser "el Fanfa" o "Rulito" para convertirse en "el Charro".

La historia no es complicada. Allá, los aficionados mexicanos, siempre tan ocurrentes para poner apodos, vieron en él algo del jinete tradicional. No era solo el bigote ni la forma de moverse. Era su elegancia para jugar, su porte desafiante, esa manera de caminar por la cancha como si fuera suya. Un charro, en México, es un hombre de coraje, de estilo y de orgullo. Y Moreno tenía todo eso.

El apodo le gustó. Tanto que se lo llevó consigo al resto de su carrera. Cuando años después volvió a Argentina, cuando brilló en Chile, cuando fue figura en Uruguay y Colombia, ya nadie le decía José Manuel. Era el Charro. Y él, que nunca necesitó esconderse tras las apariencias, aceptó el nombre como si siempre hubiera sido suyo.


El Charro de la noche: cabarets, boxeadores y leyendas

Como todo gran personaje del fútbol de aquellos años, Moreno no vivía solo para la pelota. Su paso por México estuvo lleno de noches interminables, copas, música y, sobre todo, anécdotas que parecen sacadas de una película de aventuras.

Era un asiduo visitante de los cabarets de la Ciudad de México. Le gustaba el ambiente, las luces, el desenfado. Pero el Charro también tenía un carácter explosivo, y en más de una ocasión las discusiones subieron de tono.

La más famosa de todas ocurrió una noche en un cabaret. Moreno discutió por una vedette con otro parroquiano. La cosa se fue calentando, las palabras se cruzaron y, finalmente, salieron a la calle para arreglar cuentas. Alguien le advirtió a Moreno que no era un rival cualquiera: era Kid Azteca, un boxeador profesional mexicano de renombre, acostumbrado a repartir castigo sobre el ring.

Moreno, que no le tenía miedo ni al mismo diablo, aceptó el desafío. La pelea fue pareja. Años después, cuando le preguntaron qué había pasado, el Charro respondió con su habitual desparpajo: "Nos fuimos una y una". Es decir, empate. Ni él pudo con el boxeador ni el boxeador con él.

Esa anécdota, probablemente exagerada por el paso del tiempo, dice mucho de su carácter: Moreno no se achicaba ante nadie. Dentro de la cancha, fuera de ella, siempre era el mismo. Un hombre que jugaba con la misma pasión con la que vivía.


El regreso a Argentina: el ídolo volvió con nuevo nombre

Moreno permaneció en México dos temporadas (1944-1946). Pero el regreso a Argentina no fue una decisión puramente futbolística. Según las crónicas de la época, una enfermedad de su madre lo impulsó a volver a su tierra.

Se reincorporó a River Plate en 1946. Y su vuelta fue un acontecimiento multitudinario. El 28 de julio de 1946, en la cancha de Ferro Carril Oeste, el partido contra Atlanta colapsó por la cantidad de gente que quería ver al ídolo. Las tribunas de madera cedieron, los alambrados se derrumbaron, y el partido debió suspenderse media hora. Cuando se reanudó, River ganó 5-1 y Moreno anotó tres goles.

El ídolo había vuelto. Y ya no era José Manuel. Era el Charro.

Al año siguiente, River saldría campeón con un jovencito de nombre Alfredo Di Stéfano como centrodelantero. Era el sexto título de liga de Moreno con la camiseta millonaria. Pero esa es otra historia.


El legado mexicano: un apodo que cruzó fronteras

Aunque su paso por México fue breve —solo dos temporadas—, su impacto fue enorme. No solo porque ganó un título, sino porque allí nació el personaje que después recorrería América Latina con su magia.

El apodo "Charro" se convirtió en su marca registrada. En Chile, donde luego conquistó un campeonato histórico con Universidad Católica, le seguían diciendo Charro. En Uruguay, donde jugó para Defensor Sporting, también. Y en Colombia, donde se retiraría como una leyenda viva del Medellín, el apodo lo persiguió hasta su último partido.

México fue la primera parada de un viaje que no tenía mapa. Fue el lugar donde Moreno descubrió que podía triunfar fuera de su país. Y también fue donde aprendió que el fútbol, bien entendido, no tiene fronteras.

Años más tarde, cuando ya era una leyenda consagrada, alguien le preguntó por qué eligió México. El Charro sonrió y dijo: "Porque allá me querían como era. Sin pedirme que cambiara".

Y esa, quizás, es la mejor definición de su paso por tierras aztecas. Moreno no cambió en México. Simplemente, se encontró a sí mismo.


Próximo capítulo: Chile (1949 y 1951)

En el segundo capítulo de esta saga, el Charro Moreno cruza la Cordillera de los Andes para vestir la camiseta de Universidad Católica. Allí, contra todo pronóstico, lideraría a la franja a su primer título nacional y se convertiría en leyenda del fútbol chileno. Pero esa historia —la del hombre que llegó con sinusitis, que salía de los cabarets para meter goles de palomita y que cambió para siempre la vida de un club— la contaremos la próxima semana.

No se lo pierdan.


Fuentes utilizadas en este capítulo:

  • Wikipedia – José Manuel Moreno (trayectoria, paso por México y origen del apodo)

  • Wikipedia (inglés) – detalles del campeonato con el Club España

  • El Gráfico / Memoria Futbolera – crónica del regreso a River

  • Ecured – características del juego de Moreno

  • Blog "Fútbol, fierros y tango" – contexto histórico del éxodo a México

miércoles, 13 de mayo de 2026

Mundo Talleres - Concluyó el Ciclo de Carlos Teves

 



Luego de un año lleno de altibajo, Carlos Tevez dejo de ser el DT de Talleres, algo que se veía venir después de la dura derrota del clásico del sábado pasado.

Tevez fue importante tras el bajón futbolístico del año pasado, en cuyo campeonato la T estuvo durante muchas fechas en posición de descenso.

Gracias por Todo Carlitos, gracias por poner la cara cuando nadie quería venir, gracias por todo y éxitos para lo que viene.

La decisión de informo por redes sociales, a continuación, compartimos el texto que se subió a la red X.


Tras la finalización del contrato vigente, la Comisión Directiva del Club Atlético Talleres agradece a Carlos Tévez y a todo su Cuerpo Técnico por su etapa a cargo del Primer Equipo de la Institución

El cuerpo técnico, encabezado por Carlos Tévez, llegó al Club en julio del año pasado, previo al inicio del Torneo Clausura 2025.

Luego de un difícil semestre, en un contexto deportivo adverso, logró el objetivo planteado. En el receso de fin de año, se trabajó en conjunto en las decisiones de conformación del plantel, el perfil de los refuerzos y promoción de juveniles para el primer semestre de este año. En este Torneo Apertura, el equipo sumó 26 puntos, consolidando una sólida base de cara a la posibilidad de regresar a competencias internacionales al cierre de la Temporada 2026. El Cuerpo Técnico Institucional asume la dirección transitoria de los entrenamientos de los jugadores del Plantel Superior a la espera de la definición de la fecha de 16vos de final de Copa Argentina. La directiva inicia la búsqueda del entrenador que estará a cargo para la continuidad del fixture. Agradecemos a todo el cuerpo técnico por el trabajo realizado durante estos doce meses, destacando en Carlos Tévez su calidad humana, compromiso institucional, jerarquía, personalidad y capacidad trabajo.
🔵 Córdoba y Talleres siempre serán tu Casa.


sábado, 9 de mayo de 2026

Apertura 2026 - Octavos de Final - Talleres 0 Vs. Belgrano 1

 


Talleres 0 Vs. Belgrano 1

Resumen


Bronca, mucha bronca, pero es normal, hoy no se pudo jugar tal mal al futbol, tan mal que te puedo asegurar que no ganó Belgrano, mas bien Talleres lo perdió.

Se jugo horrible, la defensa estuvo floja, en el primer tiempo el gol anulado a Belgrano estuvo bien cobrado por el VAR, fue una llamada de atención que no calo en algunos jugadores de la T. Pese a ello, talleres pudo convertir tras un disparo de Rock que fua atajado providencialmente.

En el segundo tiempo, el gol de Belgrano llego rápido, después algunos jugadores de Talleres estaban perdidos en el campo de juego, no sabían a quien darle la pelota, parecía que recién se conocían. Pero el juego fue empeorando, por momentos parecía un partido de adolescentes en el campeonato de la primavera, horrible. Nunca vi jugar tan mal a Talleres.

Quizás estuvo mal planteado por Teves, es posible. Estos partidos se suelen ganar por detalles, y Belgrano lo gano por el detalle del error defensivo, mas que por una virtud de la visita. De hecho, cuando tuvieron la chance de aumentar el marcador terminaron errando goles increíbles. Tras la expulsión de Maidana el partido se quebró por completo. Hoy Talleres perdió, jugando un partido en el que varios jugadores no estuvieron a la altura de la camiseta.

El torneo termino, esperamos que vengan vientos de cambio, ¿de jugadores?, ¿de técnico? Algo tiene que cambiar para mejor.








martes, 5 de mayo de 2026

Apertura 2026 - Resumen de la Novena Fecha

 


La Fecha 9 del Torneo Mercado Libre 2026 continua la jornada del sábado con cinco partidos, en lo que será la definición de la primera parte.


Para la diagramación de la fecha 9 se priorizó el descanso correspondiente de los planteles que disputan competencias de CONMEBOL, mientras que en segunda instancia se procedió a solapar partidos de equipos que compiten directamente por la clasificación a Octavos de Final.


A continuación, la agenda completa:


Fecha 9


Sábado 2 de mayo

Barracas Central 1 – 2 Banfield (Zona B)

Árbitro: Darío Herrera

Árbitro asistente 1: Miguel Savorani

Árbitro asistente 2: Walter Ferreyra

Cuarto árbitro: Cristian Cernadas

VAR: Silvio Trucco

AVAR: Eduardo Lucero


Lanús 0 – 0 Deportivo Riestra (Zona A)

Árbitro: Sebastián Martínez

Árbitro asistente 1: Pablo Gualtieri

Árbitro asistente 2: Carla López

Cuarto árbitro: Jonathan Barrios

VAR: Adrián Franklin

AVAR: Carlos Córdoba


Central Córdoba 1 – 2 Boca (Zona A)

Árbitro: Nazareno Arasa

Árbitro asistente 1: Gabriel Chade

Árbitro asistente 2: José Castelli

Cuarto árbitro: Nelson Sosa

VAR: Lucas Novelli

AVAR: Gastón Suárez


San Lorenzo 1 – Independiente 2 (Zona A)

Árbitro: Pablo Dóvalo

Árbitro asistente 1: Juan Mamani

Árbitro asistente 2: Lucas Pardo

Cuarto árbitro: Jorge Broggi

VAR: Diego Ceballos

AVAR: Diego Verlota


Unión 1 – Talleres 1 (Zona A)

Árbitro: Sebastián Zunino

Árbitro asistente 1: Juan Pablo Belatti

Árbitro asistente 2: Uriel García Leri

Cuarto árbitro: Maximiliano López Monti

VAR: Facundo Tello

AVAR: Marcos Horticolou


Platense 0 – Estudiantes 2 (Zona A)

Árbitro: Maximiliano Ramírez

Árbitro asistente 1: Pablo Acevedo

Árbitro asistente 2: Federico Lapalma

Cuarto árbitro: Nicolás Mastroieni

VAR: Hector Paletta

AVAR: Lucas Comesaña


Domingo 3 de mayo

Aldosivi 1 – 1 Ind. Rivadavia Mza. (Zona B)

Árbitro: Pablo Echavarría

Árbitro asistente 1: Ernesto Callegari

Árbitro asistente 2: Gisela Trucco

Cuarto árbitro: Valentín Pompei

VAR: Germán Delfino

AVAR: Jorge Broggi


Rosario Central 1 – Tigre 1 (Zona B)

Árbitro: Hernán Mastrángelo

Árbitro asistente 1: Hugo Paez

Árbitro asistente 2: Federico Cano

Cuarto árbitro: Agustín Vegetti

VAR: Fernando Echenique

AVAR: Javier Mihura


Racing 0 – Huracán 0 (Zona B)

Árbitro: Leandro Rey Hilfer

Árbitro asistente 1: Diego Bonfa

Árbitro asistente 2: Erik Grunmann

Cuarto árbitro: Lucas Comesaña

VAR: Yamil Possi

AVAR: Laura Fortunato


Gimnasia 2 – Argentinos 0 (Zona B)

Árbitro: Juan Pafundi

Árbitro asistente 1: Adrián Delbarba

Árbitro asistente 2: Lucas Ripoli

Cuarto árbitro: Wenceslao Meneses

VAR: Nicolás Lamolina

AVAR: Sebastián Habib


Belgrano 4 – Sarmiento 0 (Zona B)

Árbitro: Andrés Gariano

Árbitro asistente 1: Cristian Navarro

Árbitro asistente 2: Matías Bianchi

Cuarto árbitro: Emanuel Ejarque

VAR: Fernando Espinoza

AVAR: Marcelo Bistocco


River 0 – Atlético Tucumán 1 (Zona B)

Árbitro: Yael Falcón Pérez

Árbitro asistente 1: Maximiliano Del Yesso

Árbitro asistente 2: Sebastián Raineri

Cuarto árbitro: Ariel Penel

VAR: Felipe Viola

AVAR: Mariana De Almeida


Lunes 4 de mayo

Gimnasia Mza. 2 – 1 Defensa y Justicia (Zona A)

Árbitro: Bruno Amiconi

Árbitro asistente 1: Juan Del Fueyo

Árbitro asistente 2: Joaquín Badano

Cuarto árbitro: Pablo Núñez

VAR: José Carreras

AVAR: Diego Romero


Vélez 1 – Newell’s 1 (Zona A)

Árbitro: Luis Lobo Medina

Árbitro asistente 1: Facundo Rodríguez

Árbitro asistente 2: Carlos Viglietti

Cuarto árbitro: Francisco Acosta

VAR: Salomé Di Iorio

AVAR: Agustín Méndez


Estudiantes (Río Cuarto) 0 – Instituto 2 (interzonal)

Árbitro: Andrés Merlos

Árbitro asistente 1: Pablo González

Árbitro asistente 2: Mauro Ramos Errasti

Cuarto árbitro: Lautaro Castagnola

VAR: Ariel Penel

AVAR: Nelson Sosa
















Tabla de Posiciones



Tabla General



Promedios








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