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jueves, 14 de mayo de 2026

Capítulo 1 de la Saga "El Charro Moreno: un Genio sin Fronteras"

 



El nacimiento del "Charro": cómo José Manuel Moreno conquistó México y encontró su apodo eterno

*Primera parada: 1944-1946*

Todo empezó con una huelga. Y con un viaje en barco hacia el norte.

José Manuel Moreno ya era una estrella en Argentina. En River Plate había sido parte de "La Máquina", esa delantera legendaria que hacía llorar a las defensas rivales con toques de billar. Ya tenía cuatro títulos de liga en su país. Pero en 1944, el fútbol argentino se paralizó. Los jugadores reclamaban salarios dignos, mejores condiciones, menos explotación. Y Moreno, que nunca tuvo miedo a plantar cara, fue uno de los que decidió levantar la mano.

No era una decisión fácil. Dejar Buenos Aires, dejar el Monumental, dejar a sus compañeros. Pero el Charro —aunque todavía no se llamaba así— tenía hambre de nuevos desafíos. Y México, en aquellos años, abría los brazos a los cracks argentinos que buscaban fortuna.

Así que se embarcó rumbo al norte, sin saber que ese viaje le cambiaría la vida para siempre.


La llegada al Club España: un gigante con sed de revancha

Moreno aterrizó en la Ciudad de México para incorporarse al Club España, uno de los equipos más tradicionales del país. Los españoles —como se les conocía— venían de ser subcampeones en la temporada 1943-44, perdiendo la final contra el Asturias en aquel campeonato que había marcado el inicio del profesionalismo en México.

El club necesitaba un líder, alguien que pusiera orden en el ataque y le diera ese plus de jerarquía que separa a los buenos equipos de los campeones. Y Moreno, con su personalidad avasallante y su fútbol de otro planeta, era el hombre indicado.

No llegó solo. En el vestuario del España coincidió con Isidro Lángara, el legendario goleador español que había sido figura en el Oviedo y en el San Lorenzo. La dupla Moreno-Lángara era una amenaza constante: el argentino ponía la magia y la pausa; el vasco, el olfato de gol y la potencia. Juntos formaron una sociedad que la defensas mexicanas aprendieron a temer.


Un título que rompió la sequía

La temporada 1944-45 fue la de adaptación. Moreno necesitó tiempo para acostumbrarse al ritmo, a las canchas, al calor. Pero cuando llegó el campeonato 1945-46, el España se transformó en un rodillo.

Fue un año mágico. Moreno, ya instalado como el cerebro del equipo, empezó a desplegar todo su repertorio: paredes imposibles, pases que parecían sacados de un manual de magia, regates que dejaban a los defensas bailando solos. No era un goleador feroz —anotó 11 goles en 41 partidos en total durante su estancia mexicana—, pero cada vez que tocaba la pelota, el estadio contenía la respiración.

El España se coronó campeón de la Primera División de México. Era el título que habían ido a buscar. Y Moreno, con su sonrisa pícara y su bigote bien cuidado, levantó el trofeo como si hubiera nacido para eso. Era su primer campeonato fuera de Argentina, pero no sería el último.

Ese título mexicano fue, además, el comienzo de una carrera récord: décadas después, Moreno se convertiría en el primer futbolista en ganar ligas en cuatro países distintos. México fue la primera piedra.


El nacimiento del "Charro": un apodo que vino del sombrero

Fue en México donde José Manuel Moreno dejó de ser "el Fanfa" o "Rulito" para convertirse en "el Charro".

La historia no es complicada. Allá, los aficionados mexicanos, siempre tan ocurrentes para poner apodos, vieron en él algo del jinete tradicional. No era solo el bigote ni la forma de moverse. Era su elegancia para jugar, su porte desafiante, esa manera de caminar por la cancha como si fuera suya. Un charro, en México, es un hombre de coraje, de estilo y de orgullo. Y Moreno tenía todo eso.

El apodo le gustó. Tanto que se lo llevó consigo al resto de su carrera. Cuando años después volvió a Argentina, cuando brilló en Chile, cuando fue figura en Uruguay y Colombia, ya nadie le decía José Manuel. Era el Charro. Y él, que nunca necesitó esconderse tras las apariencias, aceptó el nombre como si siempre hubiera sido suyo.


El Charro de la noche: cabarets, boxeadores y leyendas

Como todo gran personaje del fútbol de aquellos años, Moreno no vivía solo para la pelota. Su paso por México estuvo lleno de noches interminables, copas, música y, sobre todo, anécdotas que parecen sacadas de una película de aventuras.

Era un asiduo visitante de los cabarets de la Ciudad de México. Le gustaba el ambiente, las luces, el desenfado. Pero el Charro también tenía un carácter explosivo, y en más de una ocasión las discusiones subieron de tono.

La más famosa de todas ocurrió una noche en un cabaret. Moreno discutió por una vedette con otro parroquiano. La cosa se fue calentando, las palabras se cruzaron y, finalmente, salieron a la calle para arreglar cuentas. Alguien le advirtió a Moreno que no era un rival cualquiera: era Kid Azteca, un boxeador profesional mexicano de renombre, acostumbrado a repartir castigo sobre el ring.

Moreno, que no le tenía miedo ni al mismo diablo, aceptó el desafío. La pelea fue pareja. Años después, cuando le preguntaron qué había pasado, el Charro respondió con su habitual desparpajo: "Nos fuimos una y una". Es decir, empate. Ni él pudo con el boxeador ni el boxeador con él.

Esa anécdota, probablemente exagerada por el paso del tiempo, dice mucho de su carácter: Moreno no se achicaba ante nadie. Dentro de la cancha, fuera de ella, siempre era el mismo. Un hombre que jugaba con la misma pasión con la que vivía.


El regreso a Argentina: el ídolo volvió con nuevo nombre

Moreno permaneció en México dos temporadas (1944-1946). Pero el regreso a Argentina no fue una decisión puramente futbolística. Según las crónicas de la época, una enfermedad de su madre lo impulsó a volver a su tierra.

Se reincorporó a River Plate en 1946. Y su vuelta fue un acontecimiento multitudinario. El 28 de julio de 1946, en la cancha de Ferro Carril Oeste, el partido contra Atlanta colapsó por la cantidad de gente que quería ver al ídolo. Las tribunas de madera cedieron, los alambrados se derrumbaron, y el partido debió suspenderse media hora. Cuando se reanudó, River ganó 5-1 y Moreno anotó tres goles.

El ídolo había vuelto. Y ya no era José Manuel. Era el Charro.

Al año siguiente, River saldría campeón con un jovencito de nombre Alfredo Di Stéfano como centrodelantero. Era el sexto título de liga de Moreno con la camiseta millonaria. Pero esa es otra historia.


El legado mexicano: un apodo que cruzó fronteras

Aunque su paso por México fue breve —solo dos temporadas—, su impacto fue enorme. No solo porque ganó un título, sino porque allí nació el personaje que después recorrería América Latina con su magia.

El apodo "Charro" se convirtió en su marca registrada. En Chile, donde luego conquistó un campeonato histórico con Universidad Católica, le seguían diciendo Charro. En Uruguay, donde jugó para Defensor Sporting, también. Y en Colombia, donde se retiraría como una leyenda viva del Medellín, el apodo lo persiguió hasta su último partido.

México fue la primera parada de un viaje que no tenía mapa. Fue el lugar donde Moreno descubrió que podía triunfar fuera de su país. Y también fue donde aprendió que el fútbol, bien entendido, no tiene fronteras.

Años más tarde, cuando ya era una leyenda consagrada, alguien le preguntó por qué eligió México. El Charro sonrió y dijo: "Porque allá me querían como era. Sin pedirme que cambiara".

Y esa, quizás, es la mejor definición de su paso por tierras aztecas. Moreno no cambió en México. Simplemente, se encontró a sí mismo.


Próximo capítulo: Chile (1949 y 1951)

En el segundo capítulo de esta saga, el Charro Moreno cruza la Cordillera de los Andes para vestir la camiseta de Universidad Católica. Allí, contra todo pronóstico, lideraría a la franja a su primer título nacional y se convertiría en leyenda del fútbol chileno. Pero esa historia —la del hombre que llegó con sinusitis, que salía de los cabarets para meter goles de palomita y que cambió para siempre la vida de un club— la contaremos la próxima semana.

No se lo pierdan.


Fuentes utilizadas en este capítulo:

  • Wikipedia – José Manuel Moreno (trayectoria, paso por México y origen del apodo)

  • Wikipedia (inglés) – detalles del campeonato con el Club España

  • El Gráfico / Memoria Futbolera – crónica del regreso a River

  • Ecured – características del juego de Moreno

  • Blog "Fútbol, fierros y tango" – contexto histórico del éxodo a México

viernes, 27 de diciembre de 2024

La Historia Detrás de la Tapa: Juan Arrillaga

 


Hoy vamos con una nueva entrada de nuestra sección: "La historia detrás de la tapa de la revista El Gráfico Nº 503 del 23 de febrero de 1929"

En esta ocasión, nos sumergimos en la fascinante historia de un jugador que marcó época en el fútbol argentino: Juan Gregorio Arrillaga, el talentoso insider derecho de Quilmes que protagonizó esa emblemática portada.

Los inicios de un talento en Pergamino

Nacido el 28 de noviembre de 1908 en Pergamino, provincia de Buenos Aires, Juan Arrillaga demostró desde temprana edad que tenía un don especial para el fútbol. Su primera gran actuación llegó en 1926, cuando, representando a un combinado de Pergamino, destacó contra Capital Federal en el Campeonato Argentino. Ese partido, que ganó su equipo por 4-1, lo catapultó a la atención de los clubes más importantes del país.

Gracias a la recomendación de su compañero Caracciolo, Arrillaga se sumó al Quilmes Athletic Club en 1927. Desde su debut, dejó claro que sería una figura clave para el equipo. Su talento con la pelota, sumado a su carácter vistoso dentro de la cancha, le ganó el corazón de los hinchas cerveceros.

La temporada de consagración

1928 fue un año inolvidable para Arrillaga. Ese mismo año, la revista El Gráfico lo destacó como la “revelación del año”. El joven delantero no solo brillaba con Quilmes, sino que también despertaba el interés de los seguidores del fútbol nacional. Para 1929, su rostro adornó la tapa de la edición número 503 de la revista, inmortalizándolo como una de las figuras prominentes del deporte argentino de aquella época.


Figurita que venía con el chocolate Aguila


Sin embargo, detrás de los éxitos también estaban las críticas. Arrillaga era conocido por su estilo de juego técnico y elegante, pero también por su actitud relajada hacia los entrenamientos, lo que le valió el apodo del “muchacho de las medias caídas”. Aunque sus detractores lo veían como un jugador poco disciplinado, su talento innato era innegable.

La gran controversia: el Mundial de Uruguay 1930

En 1930, cuando se organizaba el primer Mundial de la historia en Uruguay, Arrillaga estaba en el mejor momento de su carrera. Sin embargo, no fue incluido en la lista inicial de preseleccionados para el equipo argentino, lo que generó una fuerte controversia en la prensa y entre los hinchas.

A pesar de quedar fuera en una primera instancia, su talento era tal que fue convocado para sustituir a un jugador lesionado en el plantel. Incluso llegó a participar en un partido de práctica el 24 de junio de 1930, donde su desempeño fue destacado por los cronistas de la época. Pero en una reunión decisiva de la Asociación Argentina de Football (AAAF), Arrillaga quedó fuera del equipo final tras una votación que favoreció al joven Francisco Varallo.

El legado de un goleador inolvidable

Aunque el sueño mundialista no se concretó, Arrillaga continuó brillando en el fútbol local. En 1931, se convirtió en el primer jugador en marcar cinco goles en un partido en la era profesional, liderando a Quilmes en una goleada histórica de 6-0 contra Gimnasia y Esgrima La Plata. Su carrera también lo llevó a defender los colores de River Plate, con quien fue campeón en 1932, y luego a jugar en Fluminense de Brasil.


Sandoval y Arrillaga en Quilmes (1931)


Fallecido el 1 de octubre de 1970, Juan Gregorio Arrillaga dejó un legado imborrable en el fútbol argentino. Recordado por su destreza y carisma, su historia es una de las tantas que enriquecen la pasión y la tradición del deporte nacional.

sábado, 8 de abril de 2023

Campeonato de la Liga - Fecha 10 - Talleres 2 Vs. Barracas Central 0 - Empezamos la racha ganadora



Nuestro Resumen

Ciudad de Monte Cristo, en la provincia de Córdoba, viernes santo, muy poco para hacer, bueno, en realidad se puede y se debe descansar para recuperar energías en pos de la semana que se viene.

En medio de este clima, hoy juega Talleres a las 21:30, eso lo cambia todo, no es un día más, es un día especial.

Comienza el encuentro, el primer tiempo se jugó en cámara lenta, nada para acotar, un bodrio, aburrido.

Empieza el segundo tiempo, Talleres sale mejor plantado en la cancha y se nota.

A los 5 minutos contragolpe de Talleres, centro de Barracas Central, la rechazan los defensores albiazules, la rescata en el medio Garro que da un pase magistral para Santos que corre y le da el pase al paraguayo Sosa que empuja la pelota al arco.

Cinco minutos después un pelotazo para Santos que la para, elude al defensor con tirándole la pelota por arriba, una vez solo le pega al arco, y es gol, el partido se pone dos a cero con un golazo de Santos.

A los 24 minutos otro contragolpe de Talleres, sale Sosa corriendo con la pelota, pasa en velocidad al defensor, se corre para el medio y le pega, gol, tres a cero, un taller abrumador que te mata con el contra ataque.

Luego del tercer gol, Talleres pudo marcar el cuarto con un contragolpe y un disparo de Sosa que sale arriba del arco del visitante, ahora sí, luego de esto, el partido se termina.

Tal es así que el árbitro pita el final a los 45 minutos cumplidos.

Triunfazo de Talleres que nos ilusiona de cara a los que se viene en el futuro.




Alineaciones



Suplentes



Estadísticas















domingo, 2 de abril de 2023

Campeonato de la Liga - Fecha 9 - Instituto 0 Vs. Talleres 3 - ¡Urgente! Se Busca Clásico



Nuestro Resumen:

Domingo 2 de abril del 2023, hoy se conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, antes de comenzar este resumen y en este día y en los que vendrán, no dejemos de olvidar a los que dieron sus vidas por la soberanía argentina.




Ahora, vamos con el partido, llegamos con lo justo a nuestra casa para ver el partido, prendemos la tele y nos damos con que esta caída la transmisión de la televisión del este, que chasco, justo pensamos en la alternativa, la que nunca te falla, la que nunca te abandona, si, ahí nomás nos vamos a futbol libre, nos sentamos al frente del pc para ver el primer tiempo.

Instituto sale de local, con su estadio lleno, a ganar el partido, este ímpetu dura escasos minutos, después Talleres toma la iniciativa e instituto espera para el contra golpe, o, mejor dicho, espera un error albiazul.

Santos tiene una oportunidad que se la tapan cuando disparaba al arco, Talleres avisa.

A los 8 minutos llega el gol de Catalan de cabeza, el defensor que lo tomaba se resbala producto de un empujón de un compañero, Catalan salta solo, cabecea y la manda a guardar.

Talleres sigue jugando, dando pases, se nota la diferencia de calidad entre los albiazules e instituto. El partido comienza a ponerse caliente por culpa de los defensores locales, los cuales ante cada cabezazo aplican el codo en la nuca de un jugador de talleres, caso emblemático del morocho teñido de rubio Mosevich, quien, en pocos minutos aplico tres murras dignas de amarilla, el arbitro lo amonesta en la segunda falta, en la tercera se hace el desentendido, Mosevich seguirá todo el partido jugando gratis.

Los jugadores de instituto quieren ganar de guapos, buscan ensuciar el partido haciendo faltas, media falta y pegando a los de Talleres después que los albiazules realizan un pase, quieren ganar de guapos, porque hace varios partidos no pierden de locales.

Quizás también se hagan los guapos creyendo que este partido es un clásico, ideas que los hinchas les meterán en la cabeza por las redes sociales, vaya uno a saber.

Termina el primer tiempo con el resultado 1 a 0 a favor de la T, con un Instituto que termina jugando mejor que la T

Para el segundo tiempo el cable ha vuelto, motivo por el cual nos movemos a otro espacio para seguir viendo el partido.

Instituto sale mejor que Talleres, se lo lleva por delante, en los primero 15 minutos del segundo tiempo tiene dos opciones de empate que Guido Herrera se encarga de atajar. Es sin dudas en arquero gana partidos.

A los 64 minutos llega el golazo del ex instituto Garro, desde afuera del área le pega, la pelota entra en el poste derecho del longevo arquero del local, que se estira, pero no llega.

El partido se quiebra, Instituto sale a descontar y deja espacios en la defensa, “papita para el loro”.

A los 78 minutos y de contra ataque llega el tercer y definitivo gol para Talleres, lo hace el paraguayo Sosa, el arbitro tarda 5 minutos en validarlo, ya que parce que el lineman se quedo dormido.

Con el partido casi terminado, Talleres tuvo dos chances de concretar el cuarto gol, lo cual hubiera sido justo y merecido, pero el primero lo erran y el segundo lo tapa el arquero local.

Sin comentarios lo del árbitro, dejo que los locales peguen de más.

Termina el partido, la alegría nos desborda, lastima que no vivimos mas en barrio General Bustos para ver las caras largas de los pocos albirrojos que se encuentran ahí.

Nos quedan dudas que no logramos desentrañar desde hace mucho tiempo atrás:

¿Por qué Instituto se auto percibe como clásico de Talleres?

¿Por qué pensaban que nos iban a ganar?

¿No quisieron jugar en el Kempes porque sabían que no lo iban a llenar?

Valoyes nos da la sensación de no tiene ganas de jugar.





Alineaciones




Suplentes




Estadíticas
















jueves, 9 de marzo de 2023

Homenaje al "Hacha" Ludueña, el Terror de los Piratas

 

Hoy a la mañana nos sorprendió la tristísima noticia del fallecimiento del “Hacha” Ludueña, figura mítica del mejor Talleres de la década de los 70, el quipo que con su   futbol le devolvió la esencia del potrero, del toque y la alegría al futbol argentino.

Jugador mítico, héroe de leyenda, el terror de Belgrano, con su sola presencia una oleada de piratas de agua dulce (Al lado del Rio Suquía) se iban a pique.

El “Hacha” Ludueña ídolo de mi padre y abuelo, quienes tampoco están en este plano, si para ellos era un crack, para mí también.

Dicen que la muerte no es desaparecer de la faz de la tierra, la muerte es el olvido, y es imposible que el hincha de Talleres y el amante den buen fútbol olvide al Crack.

En este espacio tampoco olvidamos a los que transpiraron a camiseta albiazul regando el verde césped del mejor futbol que se haya visto por tierras cordobesas.






A continuación, compartiremos algunas notas para que aquellos que no sepan quien fue el “Hacha”, puedan acercarse al Crack.

 

Luis Antonio “El Hacha” Ludueña: “El Dios del fútbol”

 

Luis Antonio Ludueña, el mítico “Hacha”, fue un jugador extraordinario, un volante por derecha o por el centro que hizo historia, con una técnica exquisita, una pegada precisa y potente, un despliegue incansable y un corazón indomable.

Ludueña era un volante con llegada, un abonado al gol.

Fue el símbolo de un tiempo inolvidable, de un Talleres de colección.

En el segundo lustro de la década del 70, el fútbol argentino bailaba en buena medida, al ritmo del cuarteto cordobés.

Corría el año 1976 y Talleres brindaba con un fútbol burbujeante, con sabor a champagne.



La fama, que no es puro cuento, trascendió fronteras y fue invitado a realizar una gira por África.

La “T” llegó a Zaire (hoy República Democrática del Congo) donde jugó un torneo junto a Temperley, la selección local y dos equipos más, el Itama y el Vita.

Cuando el plantel se aprestaba a regresar en el aeropuerto de Kinshasa, Ntukani Nzuzi Musenda, jefe de deportes del diario Elima, pidió hablar con Luis Ludueña. Traductor de por medio, el periodista africano imploró: “Dígale al hombre de los cabellos negros y largos que él es el Dios del Fútbol, que nos ha deslumbrado tanto como Pelé. Dígale, le repito, que él es el Dios del Fútbol”.


Fuente: Revista El Gráfico N° 2940 11 de Febrero de 1976


Hay que aclarar que el Congo es un país mayoritariamente cristiano, pero el resto está compuesto de una cantidad increíble de religiones de las que algunas son exclusivas del país.

Luis Antonio Ludueña nació el 21 de febrero de 1954 en Córdoba.

Su primer amor futbolístico fue San Lorenzo del Barrio Las Flores

Siendo un adolescente, un crack precoz, en 1972 se consagró campeón en la B de Córdoba, uno de los títulos que más valora en su carrera.

El club de “Los turcos Cordobeses” fue la cuna de grandes figuras.

Del Barrio Las Flores salieron jugadores como Yamil Simes, Bernardo Patricio “El Cuchi” Cos, “El Pelado” Sebastián Viberti, José Luis Villarreal “Villita”, y la dinastía de los Ludueña, encabezada por el “Hacha”.

Talleres lo incorporó a mediados de 1973. El Hacha ganó 16 títulos locales, con la camiseta albiazul.

Jugó en Talleres durante 10 años, completando un total de 340 partidos con 113 goles. Debutó en torneos de AFA el 21 de julio de 1974.

En la primera fecha del Nacional ‘74, el equipo que dirigía Ángel Labruna jugó en cancha de Instituto (la Boutique estaba siendo remodelada) contra Gimnasia de La Plata, ganando uno a cero, con un gol de Luis Ludueña a Hugo Orlando Gatti, de penal.

Esa tarde Talleres formó con Quiroga; Comelles, Galván, Artico y Ocaño; Muggione, Rivadero y Taborda; Patire, Valiente y Pereyra.

Ese Talleres de Labruna revolucionó al fútbol del Interior y terminó en el cuarto puesto en el Nacional.





En el año siguiente Ludueña se ganó la confianza del DT Adolfo Pedernera y fue titular indiscutido.

En 1976 se consagró goleador del Nacional con 12 conversiones, junto a Norberto “El Llamarada” Erezuma de San Lorenzo de Mar del Plata y Víctor Marchetti de Unión.

Un 20 de octubre de 1976, Luis Ludueña hizo el gol que le dio la victoria a Talleres sobre Argentinos Juniors por 1 a 0 en la Paternal, la tarde que debutó un tal Diego Armando Maradona, de apenas 16 años.

Ludueña lo contaba así: “Tuve el privilegio de estar en el debut en Primera de Maradona. Fue un miércoles por la tarde, en la cancha de Argentinos. Diego entró en el segundo tiempo y les ganamos 1-0 con gol mío. Es otro lindo recuerdo. Después del partido comentábamos entre nosotros cómo jugaba ese “mocosito”. Para colmo le metió un caño a Juan Cabrera en la primera pelota que tocó. Lo cargamos con eso y él decía que, si le hacía otro, lo mataba. ¡Qué lo vas a matar!, le decíamos nosotros, si no lo podés agarrar… era una avispa el pibe ese. Nunca creímos que después podría ser todo lo que fue.”

Ese día Talleres formó con Quiroga; Ocaño, Galván, Oviedo y Avellaneda; Cabrera, Ludueña y Valencia; Bocanelli, Bravo y Cherini. El “Hacha” marcó el único gol a los 27 del primer tiempo.

El fútbol del “Hacha” Ludueña también llamó la atención de Cesar Luis Menotti.

Primero fue parte de la llamada Selección del Interior y luego lo convocó para la Mayor donde el 27 de junio de 1975 en un cotejo ante Bolivia en Cochabamba, en el que jugó diez minutos reemplazando a Antonio Alderete. Ganó Argentina dos a uno.

En el 78 hasta pudo estar en el plantel campeón del mundo.

Había sido convocado para concentrar en Mar Del Plata, pero un día antes se cortó un tendón del pie que lo marginó.

“Se hablaron muchas cosas de la lesión que me marginó de la Copa del Mundo del 78. Dijeron que estaba jugando al carnaval con unas botellas, que estaba borracho. No. La verdad es que estaba en la casa de un amigo en Villa Carlos Paz. habíamos comido un asado y tomado dos vasos de vino, y ya me volvía a Córdoba. La empleada me empujó a la pileta. Me volví loco, me saqué los zapatos, y me miré enseguida. Tenía un tajito chiquito. El pie se me había ido y me corté con la piedra laja. Al rato paró la sangre y me curé. Pero al otro día tenía el pie hinchado. Voy a la cancha, me ve el médico y me dice que mueva el dedo. “No puedo”, le digo. “Dale que tenés que viajar el miércoles a Mar del Plata, que ya te quedás concentrado con la Selección”, me insiste. Pero no podía mover el dedo. El doctor se larga a llorar y me dice: “Te perdiste el Mundial, te cortaste el tendón”. Lloré mucho, mucho, mucho. Dios sabrá por qué no lo jugué”, contó en una nota en El Gráfico, publicada en 2013.



En el año 1979, se consagró campeón en el Preolímpico de Colombia, pero el boicot posterior de Argentina a los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980, no le permitió estar en Rusia.

En ese equipo había 6 jugadores de Talleres: Quiroga, Ocaño, Binello, Astudillo, Bocanelli y Hoyos.

En 1981 el Málaga de España quiso contratarlo, pero el “Hacha” se negó porque no le cumplieron con lo que le habían prometido.

Pasó a Estudiantes de Río Cuarto, donde formó parte del equipo que logró por primera vez la clasificación al Nacional de 1983. Ludueña cerró su carrera en Instituto, donde jugó unos pocos partidos.

Con el tiempo Ludueña reconoció que las malas juntas y el alcohol lo privaron de disfrutar de algunas de las cosas lindas de la vida, pero pudo superarlo y hoy es el mejor amigo de sus hijos Daniel y Gonzalo, que siguieron con el legado familiar triunfando en el fútbol.

Luego de su retiro, el inolvidable periodista Nilo Neder le consiguió un trabajo en la Legislatura de Córdoba, donde estuvo durante 25 años, mientras colaboraba con su querido San Lorenzo, los turcos del barrio Las Flores.

El “Hacha” Ludueña fue un futbolista de una clase extraordinaria, fiel exponente del potrero cordobés.

Un crack de rostro filoso, cabello renegrido, bien largo y un andar de Cacique.

Fue el símbolo de un tiempo inolvidable de un Talleres de colección.

Luis Antonio Ludueña fue un jugador llamativo y deslumbrante, tanto es así que en África, en la lejana y politeísta Kinshasa, un reconocido periodista congoleño tuvo la ocurrencia de llamarlo: “El Dios del Fútbol”.


Estudiantes de Río Cuarto, “la última gran alegría” para “el Hacha” Ludueña


En Estudiantes de Río Cuarto fue “la última gran alegría” supo decir Luis Antonio “el Hacha” Ludueña. Fue parte del equipo que logró por primera vez la clasificación al Nacional de 1983, el 12 de febrero de 1983. “El León” logró un sorprendente 3-1 sobre Belgrano por la final del Provincial y así fue a jugar por primera vez un torneo de AFA.

“Haber participado en ese grupo tan lindo fue la última alegría de mi carrera, sobre todo porque le ganamos al rival mío de toda la vida (Belgrano). Después de empatar en Río Cuarto la primera final, la dirigencia de Estudiantes estaba desilusionada. ‘Siempre nos pasa lo mismo’, decían. Yo les pedí que nos tuvieran fe, que lo íbamos a dar vuelta en Córdoba, y así fue”, supo contar “el Hacha” sobre su experiencia en el club del Imperio del Sur con el que también jugó tres partidos en el Nacional.

“Ganamos 3-1 y yo hice el tercero con un festejo especial: me levanté la camiseta y mostré una musculosa de Talleres. Es que en el segundo partido me habían puteado de lo lindo en Alberdi. Fue casi una despedida, porque ya tenía decidido no jugar más. Me pude dar ese gusto personal: irme campeón y ante Belgrano”, agregó.


Cómo era el Hacha en Estudiantes

Jorge Burki, entonces lateral de Belgrano, recordó así al “Hacha”: “Jugaba ahí. Me puso Sebastián Viberti en ese lugar, también era zaguero. Era rebelde, alegre. Puro de potrero y con una gran picardía de nosotros, los cordobeses. Era darle la pelota a él y que resolviera. Hizo el gol bárbaro. Tremendo. Y Belgrano era un equipo joven. Con un simple movimiento dejó a su marca en el camino y le fue a gritar el gol a Belgrano. Me ponía unos cambios de frente. Despupés del Nacional, jugamos el Regional. Ahí jugaba de volante central junto con Pitarch y Ludueña. Ascendimos y clasificamos al segundo Nacional. Vino a enseñarnos”.

También dejó su concepto, Alicio Dagatti, el actual presidente: “Puede decirte algo como hincha de Estudiantes. Fue extraordinario. Lo que todos vieron. Nos dio una gran mano”.


El "Maracanazo" en el Chateau


El 12 de febrero de 1983, Estudiantes de Río Cuarto protagonizó, a su manera, un “Maracanazo” en el Chateau, con un sorprendente 3-1 sobre Belgrano, según escribió Gustavo Farías para La Voz del Interior.

Fue por la final del Provincial, que tenía por premio algo más que una copa: estaba en juego, nada más y nada menos, que el pase directo al Nacional. Fue, qué duda cabe, el momento cumbre en la vida del club del Imperio. Después de numerosas frustraciones, coronó así el anhelo de mezclarse de una vez por todas, y por los puntos, con aquellos clubes que, de tanto en tanto, se llegaban a Río Cuarto para amistosos vividos como auténticos eventos sociales.

Estudiantes de Río Cuarto fue “la última gran alegría” supo decir Luis Antonio “el Hacha” Ludueña. Fue parte del equipo que logró por primera vez la clasificación al Nacional de 1983, el 12 de febrero de 1983. “El León” logró un sorprendente 3-1 sobre Belgrano por la final del Provincial y así fue a jugar por primera vez un torneo de AFA.

“Haber participado en ese grupo tan lindo fue la última alegría de mi carrera, sobre todo porque le ganamos al rival mío de toda la vida (Belgrano). Después de empatar en Río Cuarto la primera final, la dirigencia de Estudiantes estaba desilusionada. ‘Siempre nos pasa lo mismo’, decían. Yo les pedí que nos tuvieran fe, que lo íbamos a dar vuelta en Córdoba, y así fue”, supo contar “el Hacha” sobre su experiencia en el club del Imperio del Sur con el que también jugó tres partidos en el Nacional.

“Ganamos 3-1 y yo hice el tercero con un festejo especial: me levanté la camiseta y mostré una musculosa de Talleres. Es que en el segundo partido me habían puteado de lo lindo en Alberdi. Fue casi una despedida, porque ya tenía decidido no jugar más. Me pude dar ese gusto personal: irme campeón y ante Belgrano”, agregó.


De la mano del Hacha Ludueña


El duelo del sábado 12 de febrero fue a todo o nada. “De interés nacional”, tituló en la previa La Voz del Interior, que destacaba que el ganador sería el quinto representante de la provincia en el Nacional ‘83.

“Con todo el respeto que le tengo a Belgrano, estoy seguro de que ganaremos e iremos al Nacional, en recompensa a todo el esfuerzo realizado por la población de Río Cuarto”, había anticipado Miguel Ponce, el DT estudiantil, quien sucedió en el cargo a Sebastián Viberti y que 15 minutos antes del partido sufrió un tremendo imprevisto. Roberto Chavero e Iván Cortez, que estaban precalentando, fueron notificados de que no podían jugar por estar suspendidos. Estudiantes puso el grito en el cielo y jugó bajo protesta.

En la cancha, el favoritismo Pirata se diluyó rápidamente. Funes, a los 12m, y Santecchia, a los 14m, pusieron un 2-0 que condicionó el trámite. Después llegó el tercero de la mano de un especialista en amargar a los de Alberdi: el “Hacha” Ludueña. De nada sirvió el descuento de Antúnez sobre la hora.

“Belgrano fue una ilusión juvenil; Estudiantes, una lección de madurez”, escribió el inolvidable Nilo Neder en El Gráfico, que le dio dos páginas a la definición de la Asociación Cordobesa. Estudiantes ya había abierto sus fronteras.



Que tu vuelo sea brillante, como tus mejores jugadas en la cancha. Se te va a extrañar, querido Hachita. QEPD”.


Así despidió Miguel Ángel Oviedo en su estado de Whatsap a Luis Antonio Ludueña, quien falleció este jueves. “La Cata”, una de las grandes figuras del Talleres de la época dorada de los ‘70 y excampeón del mundo en Argentina 1978, fue uno de sus grandes amigos y compañeros.

Mundo D lo consultó respecto de la partida del ahora inolvidable “Hacha” y el exvolante central albiazul dejó esta semblanza:

“Me quedan los mejores recuerdos del ‘Negro’ Luis. Para ese Talleres fue un jugador fundamental y como persona, cuando yo lo conocí en la T, me encontré con una figura. Yo venía de Racing, nos hicimos una gran amistad y en un gran equipo, como fue ese del ‘70, el de la época dorada del club. Fue un jugador extraordinario. Pasamos juntos años maravillosos, siempre de buen humor y haciendo bromas. Se nos fue una gran persona y un excelente jugador, porque ‘el Hachita’ jugaba realmente bien. Nosotros vivíamos el fútbol y la amistad de una manera muy distinta a quizá como se la vive ahora, por eso duele tanto esta noticia. Mis condolencias para su familia y sus hijos. Venía mal con la enfermedad que tenía. Y si Dios se lo llevó seguro que fue para que no siguiera sufriendo”, comentó

Oviedo recordó también cómo era Ludueña a través de una anécdota. “Una vez, jugando un clásico contra Belgrano, en la Boutique, ‘el Negro’ tuvo la ocurrencia de sentarse sobre la pelota y hacerle señas a un jugador rival para que viniera a sacársela, en pleno partido. Luis era de hacer ese tipo de bromas, siempre de buen humor y con ese tipo de salidas. Incluso ‘el Negro’ (Víctor Brizuela) lo criticó por la radio”, evocó “la Cata”.



Talleres del 11 de diciembre de 1977, cuando le ganó a Platense 2 a 1 por el Campeonato Nacional.




Daniel Willington y Luis " Hacha " Ludueña juntos, en una parada de colectivos en pleno centro durante los años setenta.

Bocanelli, Ludueña, Bravo, Willington y Cherini jugando juntos para Talleres 






























Fuentes: 

https://www.lavoz.com.ar/deportes/futbol/daniel-willington-y-su-recuerdo-del-hacha-luduena-era-un-jugador-exquisito/

https://www.lavoz.com.ar/deportes/futbol/estudiantes-de-rio-cuarto-la-ultima-gran-alegria-para-el-hacha-luduena/

https://www.lavoz.com.ar/deportes/futbol/que-tu-vuelo-sea-brillante-como-tus-mejores-jugadas-en-la-cancha-de-la-cata-oviedo-para-luis-luduena/

https://www.clubtalleres.com.ar/luis-antonio-el-hacha-luduena-el-dios-del-futbol/


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