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jueves, 3 de julio de 2025

Historia del fútbol argentino, por Juvenal. Capítulo XIII (1961-1965)





Junto a la crisis del país, el fútbol criollo sufre un declive de calidad e identidad. En un lustro Boca gana 3 campeonatos, la selección fracasa en el Mundial 62 y el Rojo comienza su reinado de copas.


El fútbol criollo, que alcanzó picos de nivel superlativo en las  dos décadas anteriores, sufre en los años sesenta el impacto de una situación política inestable, sembrada de golpes de Estado y gobiernos de facto que no permiten completar el mandato de ningún gobierno elegido por voluntad popular. Cae el gobierno de Frondizi en 1962 y cuando parece que se ha repuesto la democracia, cae Illia en 1966. El fútbol no logra aislarse dentro de un país en crisis y padece las consecuencias de esos golpes de timón que apuntan para varios lados y no llegan a ninguno.


Frondizi vestido de jugador, es el segundo desde la derecha.
Durante su juventud, y antes de arrimarse definitivamente a la política, fue defensor de Almagro. La boina era una marca característica.


Cuesta muchísimo superar el cimbronazo que produce el desastre del Seleccionado Nacional en Suecia. El título Sudamericano obtenido un año más tarde en Buenos Aires, dejando en el segundo puesto a Brasil, Campeón del Mundo, no es suficiente para conjurar la crisis.

La desorientación, la baja calidad del juego, la poca cantidad de goles que se marcan, el predominio de la destrucción sobre la creación, los espectáculos aburridos, monocordes, sin imaginación y hasta cierta pérdida de identidad, son los aspectos salientes de los años sesenta, que culminan en forma decepcionante cuando Perú y Bolivia nos superan en la zona de clasificación para la Copa del Mundo y nos dejan afuera del primer Mundial jugado en México.


Sacchi, Pizzuti y compañía

Racing inicia la década conquistando el campeonato de 1961. Mete 68 goles en 30 partidos, marca realmente notable para una época de marcaciones cerradas, en la que casi todos los equipos imitan la táctica de los cuatro zagueros que los brasileños llevaron a la victoria en el Mundial de 1958.

El ataque "académico", conducido por la experta veteranía de Juan José Pizzuti, un armador que arranca de atrás, acompaña, llega y mete más goles que ninguno de sus compañeros, es imaginativo, penetrante, certero. Lo integran Corbatta, Pizzuti, Mansilla, Rubén Sosa y Raúl Belén.


Juan José Pizzuti


Los respalda una correcta defensa en la que sobresale un jugador de estupenda jerarquía. Es Federico Sacchi, adquirido juntamente con su compañero Peanno a Newell's Old Boys de Rosario, y se distingue tanto por su pelo rubio y su imponente estampa como por su admirable pegada.

Racing logra a la vez el milagro de recuperar la fe en el futbolista argentino, bastante disminuido después del desastre de Suecia, al extremo que nuestros principales conjuntos se llenaron de juga¡dores brasileños, peruanos y uruguayos. En ese sentido hicieron punta River y Boca, dándose el caso de que la otrora admirada escuela de fútbol criollo formara en 1961 una línea ofensiva íntegramente foránea: Domingo Pérez (uruguayo), Moacir (brasileño), Pepino (español, de Andalucía), Delem y Roberto (los dos brasileños). El campeón de la temporada impone, en cambio, la capacidad de un cuadro auténticamente argentino, aunque tenga a los uruguayos Mesías (lateral izquierdo) y el puntero de ese mismo lado, Borges, quien actúa en varios partidos de la primera rueda por la "Bruja" Belén.


Elegante. Sacchi, símbolo del fútbol bien jugado, con la camiseta
de Racing.


Racing es el campeón con 47 puntos, superando a San Lorenzo y River, aunque al tope de la tabla de goleadores sigue estando el ejecutor implacable, el hombre del olfato que no falla, el oportunista que no perdona el menor descuido: José Francisco Sanfilippo. El definidor del Ciclón marca 26 goles y supera a Luis Artime, quien consigue 25 jugando para Atlanta. Esa capacidad goleadora que acredita en el cuadro de Villa Crespo es la antesala de su transferencia a River Plate.


Predomina el azul y oro

En 1962, dos equipos lucharon palmo a palmo por el campeonato. River, que había conmovido al fútbol argentino por su contratación de jugadores extranjeros, decidió volver a las fuentes. Adquirió dos centrodelanteros: el ya citado Luis Artime y Marcelo Pagani, de Rosario Central.


Artime con la camiseta de River, lo marca Domingo Rogel de Gimnasia


Adquiere también a Martín Pando, creador de juego en Argentinos Juniors, vuelve a darles su lugar en primera a los jóvenes santafesinos Ermindo Angel Onega y Juan Carlos Sarnari, refuerza su defensa con el batallador Vladislao Cap y el marcador lateral Nicha Sainz. Conducido por Néstor Raúl Rossi, el cuadro de la banda roja fue uno de los protagonistas de la temporada. El otro fue Boca, su eterno adversario.

La definición llega recién al final, cuando los dos se encuentran en la Bombonera. El desenlace es dramático. Hay un penal para Boca a los 14 minutos del primer tiempo que convierte el infalible Paulo Valentín. Pero cuando termina la lucha, hay un penal para River. Patea el brasileño Delem y el disparo es contenido por el arquero Antonio Roma, en medio del delirio de su hinchada, pues ubicaba a Boca al alcance del campeonato.


Momento cumbre en la historia del superclásico: Roma le ataja el penal a Delem y Boca se acerca al campeonato '62.


Finalmente el equipo xeneize se consagró con 43 puntos, dos más que River, afirmado en la solidez de su defensa. Orlando, brasileño, campeón del mundo en 1958, es el cierre de seguridad de todo el equipo, como respaldo para Rattín y Marzolini, símbolos inolvidables con la azul y oro. Entre la defensa y el ataque están Norberto Menéndez con su impecable toque de pelota y Ernesto Grillo con su trajinar de constante luchador.

En el ámbito internacional el año 1962 nos ofreció un nuevo Mundial que para nuestro seleccionado pasó sin pena ni gloria. En Chile, Argentina quedó eliminada en la primera ronda después de ganarle 1-0 a Bulgaria, perder 3-1 contra Inglaterra y empatar 0-0 contra Hungría.


Debut. Héctor Facundo de San Lorenzo, convierte el gol de la
victoria argentina ante Bulgaria a los 3 minutos. Fue la única alegría del Mundial 62.


La venganza esperó 30 años

El predominio boquense sufre una interrupción en 1963, año en que Independiente grita ¡Campeón!, consiguiendo 37 puntos y superando por 2 a River y 5 a Racing y Boca. Los Rojos de Avellaneda van en persecución de River durante toda la segunda rueda, y le dan alcance cuando los dos se encuentran en Avellaneda, en la fecha número 24. Independiente vence 2-1 con dos goles de Mario Rodríguez.

Un domingo más tarde Boca le da el empujoncito definitivo. Es la revancha que los xeneizes esperaron durante treinta años, desde el 17 de noviembre de 1933, cuando River les quitó el campeonato en la última fecha. Ahora, este 19 de noviembre de 1963, ha sonado la hora de la venganza. Un gol de Sanfilippo sorprendiendo a Carrizo y poniendo la pelota abajo, en la ratonera, derrota a River en su propia cancha y le abre el camino del título a Independiente. Finalmente da la vuelta olímpica superando 9-1 a San Lorenzo.


El 24 de noviembre de 1963“el partido” era Independiente-San Lorenzo en Avellaneda. Era la última fecha y sólo el Rojo y River tenían chances. Pero con ganar, Independiente ya era campeón. Como los Gauchos de Boedo consideraron, con algo de razón, que el árbitro era muy permisivo con el juego brusco de Independiente, se cruzó de brazos y dejó de jugar. Como se ve en la foto en el gol de Vázquez a un Irusta que parece estar esperando el bondi. El Rojo terminó ganando 9 a 1.


Sigue mandando Boca

Los años 1964 y 1965 consolidan el predominio boquense, que gana tres títulos sobre cinco en el primer lustro de la década. En la temporada anterior habían llegado como refuerzos Cacho Silveira, de Independiente y José Sanfilippo, por quien Boca pagó 25 millones de pesos a San Lorenzo. Cuando termina el ciclo del brasileño Paulo Valentín, su heredero es el Tanque Alfredo Rojas, dueño de un físico imponente y excelente cabeceador.


Boca lo compró en 1963 y lo recibió con globos alusivos. Esta imagen fue tapa de El Gráfico. Fue el goleador en la Copa Libertadores de ese año, pero debió irse por problemas con el DT.


River, por su parte, conmueve el mercado de pases en 1964, pagando 33 millones de pesos a Peñarol de Montevideo por la cesión de Roberto Matosas. Durante este año —1964—se afirma en Boca Juniors Angel Clemente Rojas —que había debutado el 19 de mayo de 1963, fecha en que Boca venció a Vélez Sarsfield 3-0 con tres conquistas de Corbatta— y lidera el camino hacia el título. La vuelta olímpica se repite en 1965, dejando atrás por un punto a River Plate.

La definición llega en la fecha 32, cuando Boca vence a River 2-1 en la Bombonera, con goles de Pianetti y Menéndez en el segundo tiempo. Así se cierran cinco años de marcado predominio boquense.


Otro Superclásico para la historia. Boca empata 1 a 1 con River y
se consagra Campeón en 1964. En la foto Menéndez desborda a su marcador.


Boca quiere la Copa

La moda llegó desde Europa. Y a la manera de la Copa de Campeones, a la que el legendario Real Madrid le dio lustre internacional, nació en 1960 la Copa Libertadores de América, por inspiración de Peñarol de Montevideo. A los dirigentes argentinos les cuesta tres años valorar su real importancia. Recién en 1963 Boca Juniors, último campeón local, se preocupa por hacer un buen papel y llegar a las finales. Ha contratado a José Sanfilippo, el máximo goleador de los últimos campeonatos, para juntarlo con el brasileño Paulo Valentím, el otro gran ejecutor del equipo. Antes de jugar la final con el Santos de Pelé, deja en el camino a Olimpia de Paraguay, Universidad de Chile y Peñarol de Montevideo, en una excelente campaña.


En las finales Boca-Santos, por la Libertadores 63, el Nene Sanfilippo metió los tres goles de Xeneize: dos en el Maracaná y uno en la Bombonera.


Pero los cotejos finales son otra cosa. Enfrente está esa fuerza demoledora que es el Santos, el mejor equipo del mundo en ese momento. El primer partido se juega en el Maracaná de Río de Janeiro y el equipo brasileño se impone por 3-2. La revancha, en la Bombonera, encuentra a Boca en ventaja con un tanto obtenido por Sanfilippo, pero dos conquistas conseguidas por Pelé y Coutinho postergan nuevamente el festejo de un conjunto argentino. Boca pierde, pero abre un camino que luego será recorrido con éxito por Independiente, Racing y Estudiantes de La Plata.


Pelé tardó solo unos segundos para cambiarse el
pantalón roto en Boca - Santos por la final de la
Libertadores ’63 , pero nuestro fotógrafo Antonio
Legarreta, con la máquina siempre apuntando,
lo capturó.


La primera alegría

Dentro del panorama chato y sin variantes de esos años, vivimos algunas satisfacciones en el plano internacional que obran como una inyección de optimismo. La más importante es la obtención de la Copa de las Naciones en 1964. La organizó Brasil e invitó a Inglaterra, Portugal y Argentina. El equipo nacional parte en medio del escepticismo, sin respaldo popular, bajo la conducción de José María Minella y produce la gran sorpresa. Vence 2-0 a Portugal en el debut, 3-0 a Brasil y 1-0 a Inglaterra.


Ermindo Onega grita su golazo ante un estadio enmudecido. Fue el primero frente a Brasil en la Copa de las Naciones 1964.


El balance es terminante. Campeones invictos y sin tantos en contra. Cuando nuestra valla pudo ser batida, Amadeo Carrizo le atajó un penal a Gerson. Fue una conquista excelente en cuanto a resultados, pero muy austero, muy poco atractivo como producción de espectáculo, con demasiados cuidados defensivos y escasa actitud para arriesgar en ataque. De todas maneras, aquellos tres goles a Brasil, que nunca había perdido por esa diferencia en su tierra, con un golazo de Ermindo Onega, tocándola suavemente ante la salida de Gilmar, y otros dos de Roberto Telch, fueron realmente inolvidables.


Rattín rechaza de cabeza ante la amenaza de Pelé. Fue en la Copa de las Naciones del 64 que ganó Argentina, el día de los 2 goles de Telch y el cabezazo sangriento de Pelé al pibe Mesiano. Argentina ganó 3 a 0


Independiente de América

El título ganado en 1963 le permite a Independiente participar de la Copa Libertadores un año más tarde. El club de Avellaneda ingresa dispuesto a tomársela tan en serio como Boca un año antes. En semifinales el equipo dirigido por Manuel Giúdice —un técnico moderno para la época— vence al Santos en el Maracaná 3-2, con goles de Mario Rodríguez, Bernao y Luis Suárez.


Bernao no jugó un gran partido en el Maracaná frente a Santos,
pero su gol fue el 2 a 2 parcial que le dio la esperanza a los de Avellaneda.


La revancha se juega en Avellaneda un 22 de julio ante 60.000 personas. El equipo argentino vuelve a imponerse, 2-1, con goles de Morí y Mario Rodríguez. Ya estaba en la final. Debía cotejar con Nacional de Montevideo en dos partidos durísimos. El primero tiene como escenario el estadio Centenario de Montevideo. El resultado final es 0-0 y deja abierto el optimismo para la revancha en Avellaneda. La misma se juega el 12 de agosto ante la espectacular concurrencia de 80.000 personas. Independiente está integrado por: Santoro; R. Ferreiro, J. C. Guzmán, D. Acevedo, T. Rolan, J. A. Maldonado, Bernao, Prospitti, Luis Suárez, Mario Rodríguez, Savoy. Un gol de Mario Rodríguez le otorga la victoria y la Copa.


¡Dale Rojo!...gritan en el vestuario campeón Decaría, Bernao, D’Ascenzo, Maldonado, Mario Rodríguez, Toriani, Ferreiro y Santoro. El Rojo ganó la Libertadores de 1964.


Como último campeón de América participa en la Copa Libertadores de 1965. Debe eliminarse con el otro participante argentino, Boca Juniors. Libran tres batallas cargadas de violencia en la cancha de River. Independiente gana la primera 2-0, con tantos de Mura y Mario Rodríguez.

En la revancha vence Boca 1-0 con gol del Tanque Rojas. Se debe disputar un tercer partido, y el resultado es 0-0 después de jugar 120 minutos ardorosos en los que fueron expulsados Rodríguez, de Independiente, y Ayres Moraes, de Boca. Pero los rojos tienen un gol más a favor. Ha sido decisivo el penal que Santoro le atajó a Menéndez en el primer partido, manteniendo el resultado 2-0. La nueva final exige tres duelos de titanes. Como rival aparece Peñarol, al que Independiente vence 1-0 en Avellaneda con gol de Bernao. En el Centenario, los uruguayos se imponen 3-1. Hay tercer partido en Santiago de Chile, y allí los rojos no dejan dudas. Ganan 4-1 con goles de Bernao, AyaIlay, Mura y Pérez en contra.


1964. "El saludo fue un invento mío. Entramos a la cancha y
fuimos a saludar a las socias con los brazos en alto. Como nos dio suerte, le ganamos a los austríacos por 3-0, lo perfeccionamos y quedó para siempre (Maldonado).


La mística de los brazos en alto se repite, y nuevamente los rojos obtienen la Copa Libertadores. En la defensa del vencedor aparece otro uruguayo que hará historia, ganando todos los títulos posibles en diez años de campaña: el zaguero izquierdo Ricardo Elbio Pavoni. Adelante mantienen su efectividad Mario Rodríguez y Raúl Savoy, más la habilidad de Bernao y la inteligencia de Mura. Esa fue la base, que lo puso muy cerca de consagrarse campeón mundial en 1964, cuando le exigió al Internazionale de Italia un tercer partido en terreno neutral —Madrid— que debió ganar por merecimientos y perdió en tiempo suplementario. Ese equipo hizo algo más: creo a su alrededor una mística copera que aún perdura.


Por Juvenal (1990).


Fuente:https://www.elgrafico.com.ar/articulo/%C2%A1habla-memoria!/34939/historia-del-futbol-argentino-por-juvenal-capitulo-xiii-%281961-1965%29



 

viernes, 27 de junio de 2025

Historia del fútbol argentino, por Juvenal. Capítulo XII (1957-1960)



La Selección es campeona sudamericana en 1955 ,1957 (con los “Carasucias”) y 1959 pero derrapa en el Mundial Suecia 1958. Brillan Pizzutti y Corbatta en Racing y Sanfilippo en San Lorenzo.


El último resplandor


Félix Lousteau


El campeonato de 1957 fue más fácil para River: lo ganó con 8 puntos de ventaja sobre San Lorenzo y Racing. Héctor De Bourgoing se quedó con el puesto que había sido de Vernazza, Prado volvió al suyo, al que había ocupado Sívori. Ese sería el último año de Loustau en River. Su historia diría que jugó para esa institución 365 partidos y convirtió 100 goles. También dejaría constancia de su asistencia perfecta y de la cantidad de títulos ganados: nueve.

La diferencia de puntos con relación al segundo, otro año invicto en su estadio y Roberto Zárate consagrado el goleador de la temporada con 22 tantos son muestras elocuentes del pico máximo alcanzado por un equipo que, con muy pequeñas variantes, había ganado cinco de los últimos seis torneos. Un campeón repetido que llevó a la cúspide un estilo de juego que llegó a identificarse como "el argentino". Y que, curiosamente, sufriría su colapso al año siguiente. Cuando la mayoría de sus integrantes, pero con la camiseta argentina sobre sus pechos, salieron a competir en el Mundial de Suecia. Ese Mundial fue lápida para muchos de ellos y para River la tumba donde quedaron sepultadas sus mejores ilusiones.


Así formó River el 5 de diciembre de 1957. De izquierda a derecha: Norberto Menéndez, -el único futbolista que ganó tres campeonatos
con River y otros tres con Boca, todo un record- Roberto Zárate, -goleador del torneo con 22 tantos-, Juan Urriolabeitia, Héctor De Bourgoing, Alfredo Ricardo Pérez, Angel Labruna, Federico Vairo, Oscar Mantegari, Gilberto Sola, Eliseo Prado, Amadeo Raúl Carrizo, Minella (entrenador), Faresi (preparador).


Los viejos Sudamericanos


En 1955, tras ocho años de abstención, Argentina volvió a los tradicionales campeonatos Sudamericanos. Ese año se jugó en Chile y, como si los años no hubieran pasado, los argentinos lo ganaron invictos en cinco partidos, en los cuales sólo Perú alcanzó a restarles un punto (2-2). En ese torneo se registró una goleada inusual tratándose de los clásicos rivales rioplatenses: Argentina venció a Uruguay 6 a 1. Esta tarde el ataque formó con Micheli, Cecconato, Borrello, Labruna y Cuchiaroni. Cuando faltaban menos de quince minutos y Argentina ganaba 5 a 1, Stábile decidió reemplazar a Labruna, que había marcado dos goles, para tenerlo más fresco con vistas al partido final, contra Chile. Entró el Beto Conde, insider de Vélez, quien al pisar el césped lo primero que hizo fue preguntarle a un uruguayo, "¿Che, cómo vamos?" El uruguayo era Matías González y su respuesta fue un cross de derecha que obligó a Stábile a retirar a Conde de la cancha. Lo curioso es que hizo entrar nuevamente a Labruna, quien se vengó convirtiendo un gol más cuando faltaban tres minutos.


El equipo argentino, que se consagró campeón en Chile tras vencer
1-0 al local en el cierre. Arriba, desde la izq.: Lombardo, Musimessi, Stábile (DT), Dellacha, Balay, Vairo, Gutiérrez. Abajo: Micheli, Cecconato, Borello, Labruna, Cucchiaroni.


Argentina derrotó a Paraguay 5 a 3 (Micheli 3, Borrello y Segovia, en contra); a Ecuador 4 a 0 (Bonelli, Grillo, Micheli y Borrello); empató con Perú 2 a 2 (Grillo y Cecconato), derrotó a Uruguay 6 a 1 (Labruna 3, Micheli 2 y Borrello) y 1 a 0 a Chile (Micheli).

Ese mismo año (1955) se disputó en México un torneo Panamericano Juvenil que Argentina ganó invicto. En su formación aparecían jugadores que luego, al madurar, se convertirían en cracks como Norberto Menéndez, el Nene Sanfilippo, Humberto Maschio y José Yudica.


Federico Vairo en plena celebración del Sudamericano de 1955.


Firme ya en el retorno a los sudamericanos, Argentina participó del torneo "Extra" que se jugó en Montevideo en 1956 y que se adjudicaron los uruguayos. En ese campeonato Argentina venció a Perú 2 a 1 (Sívori y Federico Vairo), 2 a 0 a Chile (Labruna 2), 1 a 0 a Paraguay (Cecconato) y perdió 1 a 0 ante Brasil y Uruguay.

Como el año anterior, México volvió a ser sede de los Campeonatos Panamericanos, pero esta vez para mayores. Argentina terminó invicta pero segunda detrás de Brasil. Venció a Costa Rica 4 a 3 (Sívori 3, Maschio), a Chile 3 a 0 (Maschio 2, Sívori), empató 0 a 0 con Perú y México y 2 a 2 con Brasil (Yudica y Sívori).  


Europeos de visita


Italia y Checoslovaquia visitaron la Argentina a mediados de 1956. Los dos se fueron derrotados por el mismo marcador: 1 a 0. A Italia se le ganó en cancha de River, con un gol de Norberto Conde, y a Checoslovaquia en la de San Lorenzo. El tanto lo marcó Angelillo. Contra Italia jugaron Domínguez; Dellacha y Vairo; Giménez, Guidi y Benegas; Sansone, Conde, Maschio, Labruna (Grillo) y Yudica. Contra Checoslovaquia: Domínguez; Dellacha y Vairo; Lombardo, Guidi (N. Rossi) y Benegas; Micheli (Cuchiaroni), Conde (Sívori), Angelillo, Grillo y Cruz.


1956. Jugadores de River y Boca posando fraternalmente
antes de un superclásico: Ángel Labruna,
Francisco Lombardo, Federico Vairo, Enrique Sívori,
Ernesto Cucchiaroni y Roberto Zárate.


Los carasucias de Lima


La línea delantera que le dio el título Sudamericano de 1957 a la Argentina en Lima quedó en la historia y la leyenda: Corbatta, Maschio, Angelillo, Sívori y Cruz.


Una de las delanteras más efectivas de la historia de la Selección, Los Ángeles Carasucias:
Corbatta (2 goles), Maschio (9), Angelillo (8), Sívori (3) y Cruz (2) fueron los goleadores en Lima, el otro gol lo hizo Sanfilippo, que era suplente.



Los cronistas de la época le dedicaron —y agotaron— todos los elogios. Y mucho tendrán de verdad porque, al regreso, los tres centrales fueron transferidos, de inmediato, al fútbol italiano. Después, un error político de los dirigentes deportivos de la época los privó de defender la casaca argentina en el Mundial del año siguiente en Suecia. Con ellos, Argentina era candidato al título. Sin ellos, el fracaso fue estrepitoso.


Entrañable foto de Nestor Raúl “Pipo” Rossi, 31 años con José Francisco “Nene “ Sanfilippo , apenas 21 años , en el vestuario argentino tras una de las brillantes victorias del Sudamericano del 57.


En Lima, Argentina jugó 6 partidos, ganó cinco con una facilidad apabullante y perdió el último, contra el local, cuando era campeón.

La muestra de lo que podía dar ese equipo en el orden internacional la dio al enfrentar y derrotar a Brasil, que tenía en su formación a Gilmar, Djalma Santos, Olavo, Zozimo, Dino Sani y Didí, todos ellos campeones del mundo un año después en Suecia.


Sívori, en tercer plano, mira cómo Gilmar atrapa la pelota.
Argentina le ganó 3-0 a Brasil con baile incluido. Al año siguiente, los brasileños ganaban la Copa del Mundo en Suecia.


Los tres "carasucias" emigraron muy rápido del fútbol argentino para dejar una estela imborrable en el de Italia. Angelillo, que llegó a Racing en 1955 por recomendación de Cap y Sivo, jugó en la primera de ese club nueve partidos y convirtió cinco goles. En Boca hizo 14 en 34 encuentros, y en la Selección Nacional 11, en 11 partidos. En Italia jugó trece temporadas en instituciones de categoría como Inter, Roma, Milan, Lecce y Génova.

Humberto Dionisio Maschio marcó 70 goles en el fútbol argentino: 26 jugando para Quilmes, 30 para Racing, en su primera etapa —hasta 1957— y otros 14 a su regreso en 1966. En Italia convirtió 90 jugando para Bologna, Atalanta, Inter y Florentina.

Enrique Omar Sívori convirtió en 15 años de fútbol 193 goles: 29 de ellos para River Plate, 9 para la Selección Argentina, 135 para Juventus, 12 para el Napoli y 8 para la Selección de Italia.


Enríque Omar Sívori, gloria riverplatense.


El desastre de Suecia

Argentina volvió a los mundiales de fútbol en 1958. Veintiocho años después del primero —jugado en 1930, en Montevideo—, en el que llegó a la final que perdió con Uruguay 4 a 2, después de ganar el primer tiempo 2-1. En 1934, en Italia, representó a la Argentina un equipo amateur que se tuvo que volver después del primer partido, contra Suecia. Eso eran los antecedentes. Así, con los ojos vendados se encontraron, de pronto, con un fútbol que había evolucionado en todo el mundo.


Argentina debuta en el Mundial de Suecia frente a Alemania luciendo el escudo y la casaca amarilla del club IFK Malmö, conseguida de
raje ante la ausencia de camiseta alternativa.


Las consecuencias fueron dos derrotas catastróficas: 3-1 contra Alemania Federal y 6-1 contra Checoslovaquia. En el medio, una victoria por 3 a 1 frente a Irlanda del Norte. La historia es larga y ocupará el espacio que merece en el capítulo dedicado a la Selección Nacional. Aquí basta añadir que se fue con lo mejor que teníamos, que era la base de River, el último campeón nacional. De ese equipo eran Carrizo, Federico Vairo, Néstor Rossi, Prado, Menéndez, Labruna. A ellos se le sumaron Dellacha, capitán indiscutido; Lombardo, Varacka, Corbatta y Cruz. A la hora de los cambios también entraron Avio, Boggio y Alfredo Rojas. Víctimas o culpables, para algunos fue una lápida y para muchos un calvario del que tardaron muchos arios en salir.


La floja actuación en Suecia 58 le costó el puesto al técnico Guillermo Stábile (primero desde la izquierda).
Dejó el cargo tras 19 años de gestión.


Vuelve la Academia


El ocaso de River terminó con las hegemonías en el fútbol argentino. El torneo de 1958 fue para Racing, el de 1959 para San Lorenzo, el de 1960 para Independiente. Nunca más se empezó un campeonato con "una fija" como ganador. El desastre de Suecia, además, alejó a los espectadores de los estadios. En ese torneo de 1958 se vendieron 345.000 entradas menos que el año anterior y 1250.000 en relación al de 1954. Por primera vez se establecieron precios móviles. En un partido entre dos equipos de los llamados grandes costaba 12 pesos la general; entre un grande y un chico, diez; entre dos chicos, ocho.


Racing Club, superado el gran ciclo riverplatense de 1952/57 fue
otra vez campeón en 1958. Así formó la tarde que festejó la conquista en cancha de Lanús. De izquierda a derecha: Della Torre (DT), D'Amico (preparador), Reynoso, Negri, Anido, Murúa, Cap, Bono, Pedro Manfredini, Raúl Belén, Gianella, Corbatta, Juan José Pizzuti. Falta en la foto Rubén Sosa.


El receso del Mundial dio lugar para que aquí se jugara un torneo extra que se llamó Copa Suecia y que tuvo a Atlanta como campeón. En ese torneo debutó en la primera de San Lorenzo y convirtió dos goles quien tendría, después, un papel protagónico en el fútbol argentino: Carlos Salvador Bilardo.


Imposible confundir ese perfil. Bilardo, a los 17 años,
con la gorra de nadador. Como futbolista hizo todas
las inferiores en San Lorenzo, desde los 5 años hasta llegar
a la Primera.


El título fue para Racing, con la vieja fórmula de una defensa fuerte, segura y un ataque heterogéneo que manejaba Juan José Pizzuti y se completaba con las insólitas improvisaciones de un inspirado intuitivo: Omar Oreste Corbatta, en la plenitud de su genio. La velocidad y potencia de Pedro Manfredini, la habilidad lujosa del "marqués" Rubén Sosa y un wing izquierdo también imprevisible: Raúl Belén. Corbatta era un náufrago de Suecia. Uno de los pocos "salvados" de la tragedia.


Corbatta en la tapa de El Gráfico del número 2061


El año anterior, en el partido contra Chile, por las eliminatorias, convirtió un gol que ganó las primeras planas en todos los periódicos del mundo, incluso en una revista tan alejada del fútbol como la norteamericana "Life". El 20 de octubre, en cancha de Boca, gambeteó a dos defensores chilenos, cuando salió el arquero lo eludió también, quedó frente al arco y con un amague hizo pasar de largo a otro defensor que pretendió cruzarlo, volvió a amagar y con un toque sutil la puso junto a un poste. Ese gol lo identificó para siempre.


El "Loco" Corbatta


Corbatta jugó 180 partidos oficiales en Racing y marcó 72 goles. Jugó 41 partidos en la Selección y convirtió 19. Pero así como era grande adentro de la cancha, era frágil fuera de ella. No obstante, tuvo cuerda para ser figura fundamental en el Racing vencedor de 1961.

Racing fue campeón en 1958 con tres puntos de diferencia sobre Boca y San Lorenzo, que por goal average terminaron en ese orden. El goleador fue el "Nene" Sanfilippo con 28 tantos, cifra que no se alcanzaba desde 1941.


La venganza de 1959


Argentina era sede del Sudamericano de 1959. Eso estaba decidido desde mucho antes. Con su fútbol en crisis, después del Mundial del año anterior el equipo nacional quedó en manos de un triunvirato de técnicos que capitaneó Victorio Spinetto, secundado por José Dellatorre y José Barreiro. La renovación fue tal que de los mundialistas de Suecia sólo quedaron Varacka y Corbatta. Era la oportunidad de calmar ánimos: había que ganar ese Sudamericano, al que concurría Brasil con sus flamantes campeones, y se ganó.


En el predio de Don Torcuato donde Brasil concentraba
durante el Sudamericano del 59, un joven Pelé acepta la
propuesta del fotógrafo Ricardo Alfieri y se sube a un
triciclo para la inmortalidad.


Argentina derrotó a Chile 6 a 1 (Manfredini 2, Pizzuti 2, Callá y Belén), a Bolivia 2 a 0 (Corbatta y Callá), a Perú 3 a 1 (Corbatta, de penal, Sosa y Benítez en contra), a Paraguay 3 a 1 (Corbatta, Sosa y Cap), a Uruguay 4 a 1 (Sosa 2, Belén 2) y se empató con Brasil 1 a 1 (Pizzuti). Ese partido Argentina lo jugó con Negri; Griffa (Cardoso) y Murúa; Lombardo (Simeone), Cap y Mouriño; Nardiello, Pizzuti, Sosa, Calla (J. J. Rodríguez) y Belén. Brasil sacó a la cancha a Gilmar; Bellini y Orlando; Djalma Santos, Dino Sani y Coronel; Garrincha, Didí, Yalentim, Pelé y Cinezinho. El gol del empate lo convirtió Pelé. Quien fue además el goleador del torneo con 9 tantos.


Gol de Pizzutti para empatar con Brasil (el gol lo hizo Pelé) y consagrase campeón Sudamericano de 1959


Ese mismo año, Guayaquil fue sede de otro Sudamericano, como en el de Montevideo de 1956 calificado de "extra". En esa oportunidad Argentina le ganó a Paraguay 4 a 2 (Sanfilippo 2, Sosa y Pizzuti), a Brasil 4 a 1 (Omar Higinio García 3, Sanfilippo), empató con Ecuador 1 a 1 (Sosa) y perdió 5 a 0 con Uruguay, que fue el campeón. A este Sudamericano el equipo de Brasil no llevó ninguno de sus Campeones Mundiales.


Sanfilippo de Almagro


Sanfilippo fue capitán de aquel equipo que quedó en
la historia azulgrana


Campeón en 1933 y en 1946, la historia decía que cada trece años San Lorenzo era el aspirante indicado a quedarse con el título. Y lo ratificó en 1959. Su fórmula fue la misma que había aplicado Racing el año anterior: defensa fuerte y ataque demoledor. Atrás: Carrillo; litigo y Páez; Martina, Reinoso y Castillo. Arriba: Facundo, Ruiz, Omar Higinio García, Sanfilippo y Boggio. Dos punteros con pólvora en los pies, un centreforward lidoso, hábil, capaz de poner la pelota en el lugar justo en que la necesitaba ese fenómeno, como goleador, que se llamó José Francisco Sanfilippo.

Cuestionado por los puristas que llegaron a decir que "jugaba con un balde en la cabeza", el "Nene" les tapó la boca con sus goles y terminó entrando en la historia del fútbol argentino como un jugador sutil para el toque, de buen manejo, astuto, sobre todo en los espacios reducidos y de una pegada y puntería implacables. Fue el goleador absoluto del fútbol argentino en los años 1958, 1959, 1960 y 1961. A San Lorenzo le dio 202 goles, a Boca 7 (y otros siete en partidos de la Copa Libertadores) y 19 a Banfield. Después fue ídolo en Nacional de Montevideo, hasta que lo fracturó, en una semifinal de la Libertadores, el brasileño Fontana, del Vasco da Gama. Recuperado, siguió jugando y convirtiendo goles para dos equipos del Brasil: el Bangú, de Río de Janeiro, y el Sporte Club, de Bahía. Su record en el fútbol argentino dice que convirtió 258 goles en los 374 partidos que jugó.


Gol clave de Sanfilippo ante Independiente en Avellaneda.
Fue en la fecha 17 del torneo de 1959 ganó el Cuervo 3-2.


En ese torneo de 1959 jugó su último partido otro de los ídolos máximos de todos los tiempos: Angel Amadeo Labruna. Pero en un River anémico, claudicante, muy distinto de aquel que había integrado en sus días de gloria...


Se retira uno de los máximos ídolos de la historia de River



Asoma Independiente


Valentim, el crack brasileño en Boca.


Otro año difícil para el fútbol argentino es el de 1960. El título Sudamericano ganado el año anterior en Buenos Aires no cicatriza las heridas que dejó el Mundial de Suecia. A impulsos de los dirigentes Armando (Boca) y Liberti (River) nace lo que dio en llamarse el fútbol espectáculo. Frase de efecto para justificar una desproporcionada inversión en jugadores extranjeros. Boca contrata a los brasileños Valentim y Edson, al peruano Benítez, a los uruguayos Davoine y Sasía. También se lleva a Roma y Marzolini, que eran de Ferro, y a Lugo y Garabal. River importa al insider brasileño Paulinho y al peruano Joya, que después triunfaría en Peñarol. Independiente elige bien: trae a cuatro uruguayos. Uno de ellos, Leiva, llegará a jugar un solo partido, pero los tres restantes serán fundamentales para estructurar el equipo que, finalmente, sería el campeón del año: Rolan, Silveira y Douskas.

Curiosamente, Guillermo Stábile, máxima víctima del desastre de Suecia, es el cerebro gris que asesora a Roberto Sbarra, técnico de Independiente. Cruz se había ido el año anterior y con él el último de los grandes jugadores de Independiente de la década del cincuenta. No fue fácil, por lo tanto, armar el equipo que después, como en los versos de Machado, "hizo camino al andar". En el arco, un atajador: Toriani; "Hacha brava" Navarro y Rolan, una zaga de las más recias que se recuerden. En el medio, Acevedo, Maldonado y Silveira, compensando quite, habilidad y garra. Arriba, un cerebro, Douskas, con Walter Jiménez, un eje delantero completísimo, D'ascenso, un goleador, y en las puntas Vázquez y Giménez.


Independiente volvió a ser campeón en 1960, después de doce años espera, con este equipo que se afirmaba en la dureza granítica de su bloque defensivo. Arriba: Jorge Maldonado, Rubén Marino Navarro, Roberto Ferreira, Osvaldo Toriani, Raúl Decaria, Alcides Silveira. Abajo: José Vázquez, Vladas Doukas, Ramón Abeledo, D'Ascenzo, Ricardo Giménez. Faltan en esta formación dos figuras fundamentales de esta temporada: el uruguayo Tomás Rolán, notable marcador lateral izquierdo, de tanta técnica como temperamento, y el eximio centro delantero Walter Jiménez. Los rojos pelearon todo el campeonato con Argentinos Juniors, que terminó segundo junto con River

             

Este equipo le sacó dos puntos de ventaja a River y Argentinos Juniors, que lució esa temporada un terceto central de ataque que fue un verdadero lujo: Pando, Carceo y Hugo González. El goleador del torneo fue una vez más José Francisco Sanfilippo, con 34 tantos, una cifra tan alta que, para encontrar otra superior, hubo que retroceder hasta 1939, cuando Erico, en Independiente, marcó 40.

Tres hechos anecdóticos merecen resaltarse ese ario: Atlanta inauguró su estadio el 5 de junio perdiendo 3 a 1 contra Argentinos Juniors. Luis Artime entró a la historia marcando tres goles en 11 minutos para dar vuelta un partido que Atlanta perdía contra Racing por 3 a 1 y terminó ganando 4 a 3. Y en la vieja cancha de Boyacá y Jonte debió suspenderse el partido que Argentinos Juniors le ganaba 2 a 0 a Boca porque un fanático de esta institución le tiró un cuchillo gigante al juez Bosolino que se clavó en el césped, dentro del área penal.

 

1959. González, Pando y Carceo eran el terceto
central de un Argentinos Juniors histórico, que
peleó el Campeonato de Primera División hasta el
final, quedó segundo detrás de Independiente.

      


El regreso a los Juegos Olímpicos


La última vez que la Argentina había participado en el fútbol de los Juegos Olímpicos había sido en 1928, cuando perdió en Amsterdam la final ante Uruguay, 1 a 0, en partido de desempate. Volvió a esa competencia en 1960, en Roma. Le tocó un debut dificil, contra Dinamarca —que después sería subcampeón—, y perdió 3 a 2 (goles de Zarich y Bilardo), después le ganó 2 a 1 a Túnez (Oleniak 2) y 2 a O a Polonia (Oleniak y el "Canario" Pérez), pero no le alcanzó para clasificar. La delantera de la selección formó con Bilardo, Zarich, Desiderio, Oleniak y Pérez.


En 1960 nos visitó la Selección de España. Argentina la derrotó
por 2 a 0 jugando un excelente partido, luego de varios años de bajo rendimiento en el plano internacional. José Francisco Sanfilippo, el máximo goleador de aquel momento de nuestro fútbol, conquistó los dos tantos albicelestes. Este fue el segundo. Recibió el centro de Corbatta, la bajó con el pecho y la colocó a la derecha del arquero Ramallets.


River, equipo excluyente de la década, aunque nadie podía imaginarlo entonces, había entrado en una larga noche de frustraciones que iba a durar nada menos que 18 años...


Por Juvenal (1990).


Fuente:https://www.elgrafico.com.ar/articulo/%C2%A1habla-memoria!/34914/historia-del-futbol-argentino-por-juvenal-capitulo-xii-%281957-1960%29


miércoles, 25 de junio de 2025

Historia del fútbol argentino, por Juvenal. Capítulo XI (1950-1956)




A pesar de Banfield, Racing es tricampeón; Argentina juega con los ingleses: pierde en Wembley y gana en Buenos Aires. Triunfan el Boca de Borello y el nuevo River. El ataque Rojo es un infierno.


La primera cámara en un estadio.



Yácono y Farro en primer plano, atrás Maravilla. Fue la primera televisación.



Como si fuera el presagio de una prematura declinación, el tango perdió en 1951 a dos de sus mejores letristas: Homero Manzi —en mayo— y Enrique Santos Discépolo, el 23 de diciembre. Época de cambios, a Buenos Aires llegaron los cigarrillos importados —Lucky Strike, Pall Mall, Philips Monis y Chesterfield—, y tras ellos, muy resistida al principio, la Coca Cola. También la televisión, que cambiaría las costumbres de la vida hogareña. El primer partido de fútbol televisado fue en 1951, un San Lorenzo-River, en el Gasómetro.


Los años cincuenta


El deporte tenía su abanderado en Juan Manuel Fangio, quien inició en 1951 una serie triunfal. Campeón de lo que es hoy la Fórmula 1 —entonces se llamaba de máquinas especiales—, repitió ese halago en 1954, 1955, 1956 y 1957. La esperanza de que el ídolo del boxeo, José María Gatica, triunfara en la meta, que era el Madison Square Garden, de Nueva York, la truncó el norteamericano Ike Williams con un cross al mentón en el primer round. El maestro Fioravanti lamentó, esa noche, haber recorrido casi 12.000 kilómetros para relatar menos de tres minutos de pelea. Después, en ese mismo estadio, Eduardo Knock Out Lausse cumplió actuaciones que despertaron euforia, pero el primer título de campeón mundial de boxeo para la Argentina lo tuvo que ir a buscar Pascualito Pérez —campeón olímpico en 1948— a un lugar entonces lejano y exótico: Tokio. Allí, el 26 de noviembre de 1954 derrotó a Yoshio Shirai.


Fangio corriendo el Gran Premio de España, en Barcelona. 1951.


En la década del cincuenta Argentina sumó, por última vez, una medalla de oro en los Juegos Olímpicos. La obtuvieron, en Helsinki (1952), los remeros Guerrero y Capozzo. A pesar de la televisión —todavía no difundida masivamente—, fueron años de radio con éxitos que persistían como Felipe, con Luis Sandrini, o el Zorro, de Pepe Iglesias.


Un chico agrandado


El comienzo de la década del cincuenta se vistió de albiceleste. Racing también ganó el campeonato de 1951 y se convirtió en el primer equipo que consiguió ese halago en la era profesional. No le fue fácil. Ese año, por primera vez en la historia, uno de los llamados clubes chicos alcanzó, también, a terminar en el primer puesto: Banfield. Tenía una defensa de hierro que mantuvo invicta su cancha.


Escena de la primera final de 1951 disputada entre Banfield
y Racing.
El jugador de Banfiel rechaza con una chilena.


EL GRAFICO hacía una página especial en la primera página del número, en este caso:
 Higinio García y Luis A. Bagnato, zaguero derecho de Racing e izquierdo de Banfield,
 capitanes de sus respectivos equipos durante la temporada de 1951.


La integraron: Graneros; Ferreti y Bagnatto; Caparelli, Mouriño y D'Angelo. La definición fue espectacular. Cuando faltaban sólo tres fechas, Banfield aparecía como el seguro campeón del año: llevaba tres puntos de ventaja sobre Racing. Pero en esa anteúltima fecha le tocó ir a San Martín y Chacarita lo venció 2 a 1, con un gol del centrodelantero Nápoli en el último minuto. Esa tarde, Racing derrotó a San Lorenzo (2-1) y se acercó a un punto. A dos fechas del final la tabla se daba vuelta: ahora la chance era de Racing. Banfield quedaba libre en la anteúltima fecha y Racing jugaba contra Atlanta, que estaba en los últimos puestos. Simes hizo un gol pero igualó Dupuy. El partido terminó 1 a 1 en Villa Crespo, y de ese modo Banfield y Racing llegaron cabeza a cabeza a la última fecha, que fue de fácil definición para los dos: Banfield le ganó 5 a 0 a Independiente y Racing 5 a 3 a Lanús. Correspondía jugar dos partidos de desempate que se disputaron en la cancha de San Lorenzo.


El primer tricampeón


Y como era de esperar, se jugó a estadio lleno. De un lado la hinchada de Racing; del otro, todas las de los clubes chicos que apuntalaban a uno de los suyos. El 1° de diciembre se jugó el primero de los dos partidos y terminó 0 a 0. La paridad era total. También en el segundo, que se jugó el 5 de ese mismo mes. Pero casi en el comienzo de la segunda etapa, al minuto de juego, Boyé demostró por qué lo llamaban "el Atómico" y clavó un balazo en el arco de Graneros: 1 a 0 y Racing Campeón.


Racing, el campeón. Parados: Giménez, H. García, G Stábile, Grisetti, Rastelli,
García Pérez y Gutiérrez. Agachados: Boyé, Ameal, Bravo, Simes y Sued.


Un pase de Bravo a Ameal, éste que "chanflea" la pelota hacia la derecha y Boyé que conecta un taponazo impresionante batiendo a Graneros al minuto de juego de la
segunda etapa. Así fue el gol que acordó a Racing la victoria en el segundo partido
y por ende el tricampeonato para la Academia.


¿Qué tenía el tricampeón? Un equipo bien compensado: Fuerza, lucha, calidad, talento. Un goleador de raza, Llamil Simes, que en esos tres años convirtió 59 goles. Un eximio cabeceador, un centrodelantero que las sabía y las hacía todas con elegancia: Rubén Bravo, "el maestro". Y Tucho Méndez, ya casi una leyenda. En ese 1951 alternaron con ellos Manuel Blanco y Ameal para sumar su juventud a un equipo ya armado.


En la cuna del fútbol


Otro acontecimiento histórico que se produjo en 1951 fue la presentación, por primera vez, de la selección argentina en las Islas Británicas. Valentín Suárez, presidente de la AFA, propició la salida del aislamiento internacional que había alejado a la Argentina y concertó un partido en Inglaterra y otro en Irlanda del Norte. Era toda una aventura. Nunca, ningún argentino había pisado el césped de Wembley, "la catedral del fútbol". Frente a Inglaterra, Boyé puso en ventaja a la Argentina, con uno de sus clásicos cabezazos al recibir un centro de Labruna: 1 a0 y a aguantar. Después se lesionaron Bravo y Loustau. No se los podía reemplazar. Inglaterra se vino encima, atacó y atacó. En el arco argentino, Miguel Rugilo, el arquero de Vélez, se convirtió, de ahí y para siempre, en "el león de Wembley", a pesar de lo cual el partido lo ganó Inglaterra por 2 a 1. Tres días más tarde llegó la revancha: Argentina derrotó a Irlanda del Norte 1 a 0 con gol de Labruna.


Rugilo fue la gran figura del primer encuentro entre
Inglaterra y Argentina.


Apertura de un ciclo brillante


La primacía en el fútbol argentino cambió de tonalidad en 1952. Racing no pudo repetir y terminó conformándose con el segundo puesto, a un punto de distancia del nuevo campeón, que iniciaba, de esa forma, el ciclo más brillante de su ya rica historia. Ese campeón era River Plate. De sus viejas glorias del cuarenta quedaban su pareja izquierda en el ataque: Labruna y Loustau, de quienes se llegó a decir que "sus cuatro pies parecían manejados por un solo cerebro". Lo dijo Calé, que era el seudónimo del dibujante Alejandro del Prado, creador en las páginas de Rico Tipo de "Buenos Aires en camiseta", donde desnudaba las pasiones cotidianas del porteño.


Así como Racing le había dado casi a perpetuidad la dirección técnica de su equipo a Guillermo Stábile —a la vez seleccionador nacional—, River le confió esa función a un crack de su vieja escuela: José María Minella. Su primer éxito fue el campeonato de 1947, pero después, la huelga y el éxodo le diezmaron el equipo. Recién en 1952 consiguió armar otro como correspondía a su gusto: con cada pieza en su lugar. Lo hizo incorporando a la primera división a Eliseo Prado, un insider de las inferiores que se convertiría en el complemento ideal para un ataque que tenía en "Guito" Vernazza —adquirido a Platense— un wing goleador, a Walter Gómez en la plenitud de su rendimiento, dejando la estela imborrable de su calidad en el juego corto, en los espacios reducidos, el pique corto y la precisa pegada. Mientras, los próceres Labruna y Loustau hacían el resto.


Vernazza protagonista de la tapa de El Gráfico del número 1734
, la cual salió a la venta el día 31 de octubre de 1952.


Este River, con Amadeo Carrizo en el arco, Alfredo Pérez y Soria en la zaga y Yácono —en su última temporada—, Venini y Ferrari en la línea media, se consolidó durante el desarrollo de una gira memorable por Europa que comenzó en diciembre de 1951 y terminó en febrero de 1952. En su transcurso, River jugó 14 partidos en España, Suiza, Italia, Francia, Inglaterra y Portugal. Ganó 6, empató 7 y perdió uno solo, ante el Atlético de Bilbao, en un medio totalmente anormal como era, para la época y para los equipos argentinos, un campo cubierto de lodo y nieve. La gira terminó con un triunfo por 4 a 3 sobre el Manchester City, el primero de un equipo de club argentino en Inglaterra.

El campeonato de 1952 mostró a Ricagni, con 27 tantos, al tope de la tabla de goleadores y ratificó la eficacia del ataque de Independiente.

Angel Labruna fue tapa de El Gráfico el
6 de noviembre de 1953.


El mismo River con sólo dos cambios, Oscar Mantegari por Yácono y Gilberto Pascasio Sola por Ferrari, fue el campeón de 1953 con cuatro puntos de diferencia sobre Vélez Sarsfield, clasificado segundo. La novedad de esa temporada, el goal average, envió al descenso por primera y única vez hasta hoy a Estudiantes de La Plata, que alcanzó un promedio de 0,625 entre goles a favor y en contra, apenas un poquitito menos que Newell's (0,68). Los goleadores del año fueron José Armando Benavídez, un lujo de centreforward que jugaba en San Lorenzo, y Juan José Pizzuti, entonces en Racing, los dos con 22 tantos.

Si en 1951 el aislamiento internacional terminó con una visita a las Islas Británicas, a fines de 1952 la Selección Argentina viajó a España y Portugal, para enfrentar a los equipos nacionales de esos países. Fueron dos partidos duros, definidos a favor. Contra España 1 a 0, con gol del Beto Infante, y ante Portugal por 3 a 1 (Labruna 2 y Loustau). El equipo argentino se integró con Mussimessi; Allegri y García Pérez; Lombardo, Mouriño y Gutiérrez; Vernazza, Méndez (Grillo), Infante, Labruna y Loustau.


Los diablos de Independiente


Fueron diablos, de verdad, en Independiente y en la Selección Nacional, cuando Stábile decidió que los cinco enfrentaran a Inglaterra y España en 1953. Michelli, Cecconato, Lacasia, Grillo y Cruz aparecieron juntos, por primera vez, en la fecha inicial del campeonato de 1952. Jugaron, en total, 30 partidos. Veintisiete de ellos para Independiente, marcando 53 goles, a un promedio de 1,96 por partido. Cuatro, en el equipo nacional. Son el argumento permanente para aquellos que sostienen que la base de todo equipo es el equilibrio. Los cinco eran distintos, pero juntos se complementaban a la perfección. El cerebro era Lacasia, un cordobés pachorriento, que parecía no tener nervios pero sí, en cambio, una lucidez excepcional. Cecconato era el motor, la hormiguita viajera", como alguien lo calificó. Grillo, la habilidad y la cuota de fuerza. Michelli, el oportunismo. Cruz, la velocidad. De los cinco, y por distintas razones —entre otras la permanencia en el más alto nivel competitivo—, la patente de crack quedó para Ernesto Grillo. Pero fueron muy buenos los cinco.


Rodolfo Micheli, Osvaldo Cruz, Carlos Cecconato, Ernesto Grillo
y Ricardo Bonelli posan para El Gráfico en 1953.


Con Lacasia como centreforward jugaron 30 partidos, está dicho, pero enseguida se sumó un hombre de alternativa, que prolongó el éxito de la línea de ataque por muchos años más. Ese hombre fue Ricardo Bonelli. Lacasia se fue del equipo en 1954 y entonces Bonelli, que tenía otras características porque en lugar de inteligencia aportaba chispa, ingenio y malabarismo, se convirtió en el eje del ataque. Esa delantera: Michelli, Cecconato, Bonelli, Grillo y Cruz jugó 50 partidos para Independiente, convirtiendo 104 goles (2,08 de promedio). En la Selección, en cuatro partidos marcaron 14 goles (3,50).

En el verano 53-54, con Bonelli como titular, Independiente mostró al mundo la eficacia de su ataque. Se fue de gira a Europa y goleó al Real Madrid 6 a 0, al Valencia 3 a 0, al Atlético de Madrid 5 a 3, al Sporting de Portugal 8 a 1, al Wermer de Austria 3 a 1. Curiosamente, estos hombres de tan probada calidad y eficacia no alcanzaron para que Independiente llegara a ser campeón, lo que recién consiguió, sin ellos, en 1960.


El gol de Grillo a los ingleses


Como reciprocidad a la visita que Argentina hizo en 1951, dos años después se presentó en el estadio de River Plate la selección de Inglaterra. El enfrentamiento provocó una expectativa poco común. El jueves 14 de mayo el centreforward Taylor puso en ventaja a los ingleses, pero después Grillo dos veces y Micheli, sellaron el 3 a 1 a favor de Argentina. De esa tarde quedó para siempre uno de los goles de Grillo, calificado de "imposible" por los críticos europeos. Ese día fueron titulares en el ataque argentino los cinco delanteros de Independiente. El centreforward Lacasia inició la jugada en medio campo. Allí buscó a Cecconato, quien rápidamente habilitó a Grillo. Grillo dejó atrás en carrera a Wright, Barlow y Barrass, quien cayó al piso. Se abrió mucho hacia la izquierda y desde una posición muy sesgada tiró al arco y convirtió, cuando el arquero inglés Ditchburn, apelando a la lógica, esperaba un centro que nunca llegó.


Así lucía el estadio de River Plate en la previa del partido que quedaría para la historia por el gol de Grillo.


Los jugadores argentinos frente a los reporteros gráficos.
Jugadores de Boca, Racing e Independiente formaron la selección: Lombardo, Mouriño, Stábile, Dellaccha, Musimessi, García Pérez y Gutierrez. Micheli, Cecconato, Lacasia, Grillo y Cruz.


El gol de Grillo a Inglaterra.



El domingo 17 debía jugarse la revancha. Duró sólo 15 minutos. Un temporal que comenzó sobre el mediodía porteño inundó el campo de juego y el partido se suspendió, sin goles y sin posibilidades de proseguirlo porque la selección de Inglaterra regresó, de inmediato, a su país.


Boca y "Pepino" Borrello


La hegemonía que venía imponiendo River en la década se cortó —después se vería que sólo momentáneamente— en 1954. Esa temporada el campeón fue Boca. Un halago que en otros tiempos era casi común, pero que, en ese entonces, no se le daba desde 1944. Con dos de sus glorias en el manejo del equipo: Ernesto Lazzatti como "administrador de fútbol" —nunca aceptó que lo llamaran director técnico—, y Jaime "Piraña" Sarlanga como ayudante, conformó un equipo fuerte, recio, de gran personalidad que hizo sentir sus condiciones al punto de no regalar nada. Cuando le tocó perder lo hizo solamente contra los grandes de verdad. Bajo los palos, Mussimessi —el arquero cantor, porque alternaba fútbol con música folclórica—; Colman "el comisario" y Edwards, integraban una recia pareja de zagueros; Lombardo, Mouriño y Pescia, la línea media, y Navarro, Boiocco, Pepino Borrello, el uruguayo Roselló y Marcarián el ataque. Ellos fueron los responsables de sumar puntos que, al final, le dieron una ventaja de cuatro sobre Independiente.


José “Pepino” Borello, el crack de Boca, se funde en un abrazo
con el arquero de Ferro Roque Marrapodi, tras hacerle un gol en la Bombonera.


Borrello fue un símbolo de lo que la tribuna boquense exigió siempre a sus jugadores. Ya en su Bahía Blanca natal había demostrado sus condiciones de goleador convirtiendo 90 goles en los 120 partidos que jugó para Olimpo. En Boca, Chacarita y Lanús marcó 48 en 100 encuentros y en Chile, donde jugó para Magallanes, Nublense y Universidad Técnica, otros 55 en 70 partidos.


Los hinchas abrazan a sus jugadores, los que acaban de regalarles
el título.



Otros dos hechos destacados se produjeron en 1954: la amnistía para los futbolistas que habían emigrado a Colombia y la elevada concurrencia de espectadores a los estadios que produjo el record de un promedio de 15.055 entradas vendidas, con un máximo de 62.000 registrado cuando se enfrentaron Independiente y Boca, en Avellaneda. Al considerar estas cifras de entradas vendidas hay que tener en cuenta a los socios, que no pagaban.


Se festejó a lo grande en La Boca.


River era el que más socios tenía: 61.577. Le seguían Boca con 45.675, Independiente, 40.895, San Lorenzo 40.153, Racing 36.900 y Vélez Sarsfield 29.310.


El equipo estrella de Boca en 1954. Parados están Lazzatti (entrenador), Lombardo, Mouriño, Musimessi, Colman, Otero y Pescia. Agachados se ubican Navarro, Baiocco, Borello, Rosello y Marcarián.


Los goleadores del torneo fueron Borrello y Norberto Conde (Vélez) con 19 tantos. En la primera fecha, Walter Gómez le convirtió cuatro en 21 minutos de juego al arquero de Lanús, Alvarez Vega. Un comienzo espectacular del último campeón que, finalmente, quedó tercero, detrás de Boca y los rojos de Avellaneda.


Otra vez a Europa


Ausente del Mundial de Suiza que en 1954 se adjudicó Alemania Federal al vencer en el partido final a la selección más fuerte de esos tiempos —la de Hungría, Argentina viajó con su selección, una vez finalizado el campeonato, para enfrentar a Portugal e Italia. En Lisboa, Argentina ganó 3 a 1 con goles de Michelli, Grillo y Cruz —volvió a jugar la delantera de Independiente con Bonelli como centreforward— y en Italia se perdió 2 a 0. Esa tarde el ataque lo formaron Vernazza, Prado (Bonelli), Borrello, Grillo y Cruz. La defensa fue la misma en los dos partidos: Carrizo (Mussimessi); Dellacha y Pizarro; Lombardo, Mouriño y Pescia.

En 1954 se disputó en Alemania Federal lo que se llamó el Primer Mundial Juvenil, al que concurrió Argentina con algunos chicos que después alcanzarían notoriedad, como Nuin, Puppo, Loiácono, Menéndez y Yudica. Ese equipo le ganó a Holanda 8 a 0, a Alemania 2 a 0, a Francia 3 a 1, a Turquía 1 a 0, pero perdió la posibilidad de alcanzar el título al ser vencido por España 1 a 0.


El apogeo de una escuela


River retomó su superioridad en 1955 y la consolidó en las dos temporadas siguientes. El equipo campeón de 1952 y 1953 se constituyó en una escuadra casi perfecta con la reincorporación de Néstor "Pipo" Rossi, la contratación del zaguero rosarino Federico Vairo y la aparición de tres grandes jugadores para el recambio generacional en el ataque: Sívori, Menéndez y Zárate.

El equipo base se integró, en 1955, con Carrizo; Pérez y Vairo; Mantegari, Rossi y Sola; Vernazza, Prado, Walter Gómez, Labruna y Loustau, pero en muchos partidos Sívori y Menéndez ocuparon los puestos de Prado y Walter Gómez, quien fue vendido a Italia en el comienzo de 1956, decisión que se repetiría con Vernazza y Sívori en la temporada siguiente.


Pipo Rossi con la banda roja cruzada.


La calidad de Alfredo Pérez, la personalidad de Pipo Rossi y la sabia experiencia de Labruna, convertido ahora —además de goleador— en conductor del equipo, le bastaron a River para sacarle 7 puntos de ventaja a Racing, que terminó segundo, en 1955. Invicto en su cancha, lo sería también durante los dos años siguientes (superando la marca de 49 partidos que había establecido Banfield en los primeros años de la década), fue vencido por Boca 4 a 0 en un recordado partido matinal jugado en cancha de Racing. En la revancha, y en la Bombonera, se consagró campeón después de remontar con goles de Labruna y Zárate —los dos ante perfectos pases de Walter Gómez— la ventaja inicial de los boquenses. El goleador del torneo de 1955 fue Massei, de Rosario Central, con 21, tres más que Maschio (Racing) y Loiácono (Gimnasia y Esgrima).


Labruna Y Sívori saliendo a la Bombonera
en 1955


En la definición de 1956 River debió superar a un rival inesperado en este tipo de definiciones: Lanús. Ese año, ya con Walter Gómez en Italia, la alineación habitual del ataque se hizo con Vernazza, Sívori, Menéndez, Labruna y Zárate, entrando Prado en cualquiera de los tres puestos del ataque o Loustau, en la punta izquierda, cuando era necesario. Lanús, con Álvarez Vega, Daponte, Guidi, Nazionale, Cejas, Alfredo Rojas y Lugo para la gran revelación y en determinado momento del torneo, se apropió de la vanguardia.


Menéndez y Sívori


Quiso el destino, además, que en el River-Lanús de la primera rueda Néstor Rossi fracturara al centreforward Cejas, circunstancia que agregó un ingrediente especial a la revancha en cancha de Lanús cuando faltaban sólo seis fechas para terminar el torneo. River ganó 3 a 1 y fue decisivo.

Castro, de Rosario Central, y Grillo, de Independiente, fueron los goleadores con 17 tantos y Chacarita Juniors descendió de categoría por aplicación del goal average que fue de 0,592.


Por Juvenal (1990).


Fuente:https://www.elgrafico.com.ar/articulo/%C2%A1habla-memoria!/34882/historia-del-futbol-argentino-por-juvenal-capitulo-xi-%281950-1956%29

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