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viernes, 7 de junio de 2024

HISTORIA DEL FÚTBOL ARGENTINO, POR JUVENAL: CAPÍTULO VIII (1933–1940)

Sobresalen los paraguayos Benítez Cáseres y el mayor goleador de nuestra historia, Arsenio Erico. Se inauguran el Monumental y la Bombonera. Debuta Lángara en San Lorenzo. Brillan River, Boca e Independiente.




Dos paraguayos inolvidables


Duelo garaní en el aire. Arsenio Erico salta con
su compatriota Delfín Benítez Cáseres en un clásico
de Avellaneda en 1939.


Un hecho doloroso, la guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia, produce la incorporación de dos formidables delanteros al fútbol argentino. Son dos jóvenes futbolistas que llegan a esta tierra huyendo de los horrores de la contienda fraticida.

Delfín Benítez Cáceres es un morochito de 21 años, menudo pero fuerte, que trae algo más que la clásica pujanza guaraní en su bagaje futbolero. Llega a Boca en 1932, aparece jugando en primera contra River, pasa casi inadvertido, pero una rueda más tarde, el 30 de octubre de 1932, se consagra para siempre en el alma de los boquenses. Esa tarde marca los dos goles que le dan el triunfo a Boca sobre su tradicional adversario. Desde ese momento es ídolo. Lo llaman "El Machetero", como homenaje a los que abren picadas en el corazón de la selva paraguaya. También lo apodan "Boquerón", por un fortín de heroica resistencia en la guerra contra Bolivia.


En la tapa de El Gráfico de Noviembre de 1932 Basílico (River) y Benítez Cáceres (Boca).


Tiene un juego valiente y cerebral al mismo tiempo. Es corajudo y criterios, agresivo y de llamativa variedad técnica. Tiene abnegación, humildad, clase y hombría. Será gran figura, creador y ejecutor del Boca casi invencible de 1934/35 y hacia el final de la década seguirá metiendo goles para el Racing Club, donde se consagrará goleador máximo de 1940, con 33 conquistas. Compartió ese honor con el vasco Isidro Lángara, el hombre que debutó sensacionalmente en 1939 para San Lorenzo. El Machetero terminó su carrera entre nosotros jugando para Ferro Carril Oeste y a la hora del balance definitivo está ubicado tercero entre los goleadores boquenses de todos los tiempos con 110 goles, detrás de Varallo (180) y Jaime Sarlanga (111). Es el octavo de la tabla general del fútbol argentino con 193 impactos. Sólo fue superado en esa lista por su compatriota Erico, Labruna, Masantonio, Pellegrina, Ricardo Infante y Bernabé Ferreyra.


Fotografía del joven paraguayo Arsenio Erico el día de su debut en Independiente,
fue contra Boca el 6 de Mayo de 1934.


En el verano de 1934 pasa por la Argentina integrando un combinado paraguayo que juega algunos partidos a beneficio de la Cruz Roja de su patria, un joven de sólo 18 años llamado Arsenio Erico. Dos clubes se interesan por él: River e Independiente. En River está Bernabé Ferreyra. Los rojos no han podido reemplazar todavía la ausencia de sus viejos cracks, Manuel Seoane y Luis Ravaschino. Elige Independiente. Y aciertan los dos. Debuta contra Boca en la vieja cancha de Brandsen y Del Crucero. La delantera roja forma esa tarde con Rojas, Alvarez, Erico, Sastre y Adolfo Martínez. Dos apellidos están destinados a hacer historia: Erico y Sastre. No marca ningún gol en su debut, pero al partido siguiente, contra Chacarita, señala dos. Son los primeros de una cosecha espectacular, la más extraordinaria del profesionalismo argentino:


El 13 de agosto de 1939 se enfrentan en San Lorenzo el combinado de Independiente
y River frente al de Vasco Da Gama y Flamengo. El paraguayo Erico hace un salto increíble mientras cabecea Domingos Da Guía. También está en juego Florindo.


Nadie iguala entre nosotros los 293 tantos que metió Arsenio Erico entre 1934 y 1946, con este desarrollo año por año:

1934: 12 en 21 partidos

1935: 22 en 18

1936: 21 en 26

1937: 47 en 34 (goleador del año)

1938: 43 en 30 (goleador del año)

1939: 40 en 32 (goleador del año)

1940: 29 en 30

1941: 26 en 27

1943: 17 en 29

1944: 12 en 26

1945: 20 en 30

1946: 4 en 19


Arsenio Erico


En tres de estas temporadas, el Trampolín Invisible —como lo bautizó Félix Daniel Frascara en EL GRAFICO por su prodigioso juego aéreo—ha tenido más goles que partidos jugados a un promedio por fecha realmente fantástico. En las tres se consagró goleador máximo del campeonato. Números aparte, contabilizando toda la fuerza que tienen esos números, todas las conquistas del paraguayo de Independiente llevaban estampado el sello de una obra de arte. Primero las adornaba. Después las clavaba en la red.


Boca consolida su dominio

La división del fútbol se torna intolerable. La Liga ha crecido, sus campeonatos apasionan, sus partidos producen recaudaciones millonarias, en tanto la Asociación Amateur agoniza y camina a su extinción. Como resultado irreversible se logra la fusión ese año 1934 y se crea la Asociación del Fútbol Argentino con predominio total de los clubes de la Liga.


1936. Público (¡atenti los moñitos!) en el partido nocturno entre San Lorenzo y Racing en cancha de Boca.


Boca mantiene el poderío que traía desde el amateurismo. En el arco, Juan Elías Yustrich, el Pez Volador. En la zaga, dos brasileños, Moisés y Bibí, especialistas en bartolear alto, fuerte y lejos. El medio campo es el lugar de quien sería una de las grandes estrellas de todas las épocas con los colores azul y oro: el Pibe de Oro que alguna vez llegó desde Bahía Blanca, Ernesto Lazzati.


Ernesto Lazzati


Es el equilibrio para todo el equipo y gracias a su inteligencia permanecerá durante quince años como símbolo de Boca. Su terceto central ofensivo es temible por su entendimiento, calidad y contundencia. Lo integran Francisco Varallo, Delfín Benítez Cáceres y Roberto Cherro. Entre los tres totalizaron al finalizar el campeonato de 1934, la nada despreciable cantidad de 66 goles. Con esa base, Boca domina ampliamente las temporadas de 1934 y 1935, consagrándose bicampeón.


Roberto Cherro, delantero de Boca, jugando para la Selección Nacional.


En 1935 cambia la zaga pero es para mejorar. En lugar de Moisés y Bibí, contrata al gran back brasileño Domingos Da Guía. Alto, elegante, dueño de una depurada técnica y una excepcional categoría, una verdadera estatua de ébano. Llegó precedido de excelentes referencias procedente de Nacional de Montevideo. Lo acompaña Wilson, un criollo con apellido y porte de inglés, llegado de Talleres de Remedios de Escalada. El resto del equipo boquense es prácticamente el mismo del año anterior, lo que no deja de constituir una apreciable ventaja. La campaña de 1935 es espectacular. Se clasifica campeón, consiguiendo el 85 por ciento de los puntos que juega, ganando 27 de los 34 partidos que jugó, con 4 empates y 3 derrotas; 98 goles a favor y sólo 31 en contra. De esa manera consiguió el mayor porcentaje de eficacia hasta esos días. Igualado únicamente en el profesionalismo por River Plate, campeón de 1937, con el mismo puntaje pero con 106 goles convertidos y 43 recibidos.


Domingos Da Guia en acción



El Monumental y los diablos rojos


El plantel completo de River Plate que obtuvo el campeonato de 1937 al cabo de una campaña incomparable. Logró el 85,29 por ciento de los puntos que disputó (58 en 34 fechas) igualando el record que había marcado Boca en 1935, metió 106 goles, recibió 43 y en la segunda rueda ganó todos sus partidos como visitante. De pie: Malazzo, Vasini, Arsenio López, Sirni, Rodolfi, Fatechi, Minella, Wergiflcer, Co-loccin.i. Sentados: Renato Cesarini, Rongo, Bernabé Ferreyra, Emérico Hirschl —su técnico—, Eladio Vaschetto, José Manuel Moreno, Pedernera y Peucelle.


Mientras River y San Lorenzo pelean por el título de campeón de 1936, haciendo un juego típicamente criollo, sin ningún apellido inglés entre sus integrantes, muere en Buenos Aires el 9 de marzo de ese año, don Alejandro Watson Hutton, el patriarca del fútbol argentino. River triunfará en los dos campeonatos siguientes —1936 y 1937— y en 1938 cristalizará un sueño: la inauguración de un gran estadio de cemento, junto al Río de la Plata, regalándole a la Capital un escenario comparable a los más importantes del mundo. El 25 de mayo, River y Peñarol disputan el partido inaugural.


1938. Inauguración del estadio Monumental, desfilan los equipos de River y Peñarol.


Tres días más tarde, al debutar oficialmente en su estadio monumental, River sufre una contundente derrota frente al gran equipo de ese momento. Es Independiente, propietario de un fútbol lujoso, capaz de ofrecer verdaderos festivales de juego y de marcar cualquier cantidad de goles. Un cuadro casi invencible, que termina ese año con la hegemonía que había establecido River y lo deja segundo en dos campeonatos consecutivos: 1938 y 1939.


1939. Imagenes del primer gol de Independiente frente a River en 1939 convertido por De La Mata, Terminó con victoria Roja 2-1, convirtiendo el segundo Erico y el descuento de River José Manuel Moreno.


Gana esos dos torneos con record de goles: 115 en 1938 y 103 tantos al año siguiente. Su estilo es auténticamente nuestro. Tiene potencia y arte, gran poder físico y admirable riqueza técnica. A la hora de jugar despliega un fútbol brillantísimo, cada uno de sus goles es una obra de arte. A la hora de poner y luchar es igualmente insuperable. Los Diablos Rojos de Avellaneda, como se lo conoce a Independiente, han constituido un terceto atacante incontenible con Vicente de la Mata, Arsenio Erico y Antonio Sastre. Son tres jugadores extraordinarios. "Capote" De la Mata, como lo llamaban, es capaz de gambetearse a seis jugadores de River en el mismísimo Monumental la tarde del 12 de octubre de 1939 y convertir un gol histórico, que le permitió el triunfo a su equipo por 3-2. Arsenio Erico es un acróbata, un delantero alado, un goleador sensacional.

Antonio Sastre viene jugando para los rojos de Avellaneda desde 1931 y es el paradigma del fútbol completo, capaz de jugar en cualquier posición con tanta clase como eficacia.


El team argentino, vencedor por 5 a 1 a Uruguay en la copa Lipton de 1937. Arriba: Herrera (cap.), Rodolfi, Sastre, Montáñez. Gilli y Martínez. Agachados: Peucelle, Moreno, Fidel, Masantonio y García.


La Academia y la Aplanadora


Enrique García jugando para Racing en un clásico de Avellaneda.


¿Y los otros equipos? Racing Club, el gran campeón de la época romántica del fútbol, no ha podido levantar cabeza frente a los otros gigantes del profesionalismo. Pese a contar con un delantero maravilloso, Enrique García, wing izquierdo genial, sigue siendo un cuadro que juega bien pero de gran irregularidad. El Chueco García se viene haciendo equilibrio con su pie zurdo sobre la raya de cal y sirve goles prácticamente hechos al corazón del área. Huracán tiene grandes momentos entre 1937 y 1939, guiado por su notable delantero Herminio Masantonio. Lo llaman "La Aplanadora", porque le gana a todos los grandes, pero también pierde con los más débiles.


Herminio Masantonio


La década del treinta se clausura con un hecho fundamental. La incorporación de Rosario Central y Newell's Old Boys de Rosario a la Asociación del Fútbol Argentino, y con ellos se incorpora todo lo que ha hecho famoso al estilo rosarino.


Rosario Central de 1939: De izquierda a derecha, de pie: Vidal, Martínez, Rivero, Aráiz, Díaz y Fogel. — Agachados: Laporta, Barrios, Guerrero, Cisterna y Rodríguez.

Newell´s de 1939: De izquierda a derecha, de pie: Gilli, Pellegrini, Heredia, Sisniega, Perucca y Soneyro. — Agachados: Belén, Fabrini, Gómez, Morosano y Otazo.





El vasco Langara

El 21 de mayo de 1939 se produce un hecho sensacional: el debut de Isidro Langara, el centro delantero vasco que llegó huyendo de la Guerra Civil Española. Desembarca en Buenos Aires, lo llevan al estadio de Boedo y debuta ese mismo domingo jugando para San Lorenzo contra River. Derrocha en la cancha una nobleza formidable y convierte cuatro goles en 45 minutos. Ese primer tiempo con perfiles de proeza deportiva basta para su consagración, y con ella, el vuelco de toda la colectividad española hacia los Gauchos de Boedo. Ahora bien puede llamárselos los Gallegos de Boedo...


El debut increíble de Langara. Cuarto gol de San Lorenzo. Beristain, que resultó un eficaz colaborador de Lángara, colocó otro centro bajo. Cuello dejó pasar la pelota
y cuando Besuzzo se iba a apoderar de ella, surgió inesperadamente el delantero español, quien se adelantó a la intervención del guardavalla y marcó el tanto.


Boca Juniors está construyendo su nuevo estadio de cemento en el viejo solar de Brandsen y Del Crucero. En sus partidos como local, utiliza el estadio más antiguo del fútbol argentino: el de Ferro Carril Oeste. Paga el arrendamiento entregándole al club de Caballito la que hoy es tribuna cabecera este (la de Molinos Morixe) y con esos tablones paga también el pase del half izquierdo Arcadio López.


1940: La Bombonera campeona

Boca Juniors inaugura su nuevo estadio de cemento, en el mismo solar de Brandsen y Del Crucero, donde estaba su vieja cancha de madera. El 25 de Mayo de 1940; abre sus puertas la Bombonera, como se lo bautiza al nuevo escenario, y viejas glorias del Boca tradicional izan la bandera en la torre de homenaje. Ahí están Américo Tesoriere, Ludovico Ridoglio y Roberto Cherro como testimonio de los campeones del ayer xeneize.

Esa fecha patria, el templo de la Ribera albergó un viejo clásico como punto de partida de su leyenda. Cotejaron amistosamente Boca Juniors y San Lorenzo de Almagro, con triunfo por 2 a 0 de los boquenses, ambos goles convertidos por el insider derecho Ricardo Alarcón.


25 de mayo de 1940. Panorama de las tribunas en el nuevo estadio de Boca el día
de su inauguración. Inauguración de La Bombonera


Los nuevos cracks de la divisa azul y oro están decididos a seguir la tradición. En el arco está Juan Estrada, el hombre de la eterna sonrisa, llegado de Huracán para ser ídolo de la hinchada boquense. En la zaga, un moreno y un rubio: Ibáñez y Valussi. En el centro del campo, firme como un bastión inconmovible frente al paso del tiempo, Ernesto Lazzati. Y adelante, el ala derecha compuesta por Tenorio y Alarcón, decidida y pujante. El ala izquierda, integrada por Bernardo Gandulla y Emeal, con más habilidad de maniobra, más creatividad. Ligando esas dos parejas, el finísimo Jaime "Piraña" Sarlanga, a quien muchos consideran el mejor centro delantero de la historia de Boca.

Esos tres delanteros, Sarlanga, Gandulla y Emeal, habían integrado en Ferro Carril Oeste una famosa línea de ataque a la que llamaban "los cebollitas", por su extremada juventud, ya que así era el título de una historieta de pibes que aparecía en el diario "CRITICA".


Sarlanga, Gandulla y Emeal. De Ferro a Boca.


El cuadro xeneize quiere reeditar las glorias de 1931, 34 y 35, superando un momentáneo eclipse generado por el predominio de River e Independiente. Pero los rojos están dispuestos a dar batalla, a no abandonar la corona conquistada brillantemente en 1938 y 1939. El asombroso equipo de Arsenio Erico, el diablo saltarín, produce su última gran performance precisamente frente a Boca, en Avellaneda: lo vapulea por 7 a 1, con dos goles de Antonio Sastre, dos de Erico, Leguizamón, Celestino Martínez e Ibáñez en contra. El descuento fue de Sarlanga. Un domingo después de este auténtico Waterloo xeneize, la hinchada del club de la Ribera recibió en forma conmovedora, a sus muchachos, impulsándolos a la victoria con más fuerzas que nunca. Y vaya si las demostraron sobre el césped de la Bombonera. Arrollaron a Gimnasia y Esgrima de La Plata, goleándolo por 8 a 2, con anotaciones de Alarcón —dos—, Emeal —dos—, Sarlanga, Gandulla, Tenorio, y Montañez contra su valla. Así ganó la primera rueda.


River – Boca 1940. El histórico goleador de Boca Juniors Jaime Sarlanga, choca con
el arquero de River, el español Gregorio Blasco, y da con la jeta en el piso.


Boca, demostrando su fuerza espiritual, cumple una gran segunda rueda y le devuelve la goleada a Independiente, al superarlo 5 a 2 en la Bombonera y consagrarse posteriormente campeón del ario, con nada menos que ocho puntos de ventaja (55 a 47) sobre los rojos de Avellaneda. Es un gran campeón ese equipo boquense. Por su fútbol y por los números que cosecha: en 34 partidos ha obtenido 55 unidades, con una eficacia del 80,88 por ciento del puntaje posible. El record de puntos sobre 34 fechas pertenecía a Boca 1935 y River 1937 con 58 cada uno. Marca 85 goles y sólo le señalan 36, lo que pondera aritméticamente su equilibrio ofensivo-defensivo.


El Cuila Sastre en Independiente. El primer jugador argentino que encarnó el "fútbol total"


Mientras el hemisferio norte se desangra en el horror de la Segunda Guerra Mundial, el fútbol criollo se prepara para entrar en su década de oro.


Por Juvenal (1990).

martes, 30 de abril de 2024

HISTORIA DEL FÚTBOL ARGENTINO, POR JUVENAL. CAPÍTULO VII (1931 – 1933)

La huelga de futbolistas desemboca en la creación de la Liga Profesional. River se convierte el club de "los millonarios". Surge el fenómeno Bernabé Ferreyra. Se arman los grandes equipos y se producen las grandes goleadas.




NACE EL PROFESIONALISMO

...Cómo habrá cambiado

tu calle Corrientes,

Suipacha, Esmeralda,

el mismo arrabal.

Alguien me ha contado

que estás floreciente

y un juego de calles

se da en diagonal...


La voz densa y nostálgica de Carlos Gardel desgrana desde el disco los versos de Enrique Cadícamo que le cantan a una nueva Buenos Aires. Al ensanche de Corrientes angosta seguirá la demolición de las viejas casas queridas" que despide Ivo Pelay y en el hueco abierto surgirá la Avenida 9 de Julio, la más ancha del mundo.

Buenos Aires entra en la década del treinta envuelta por igual en la tristeza y la esperanza. El 6 de setiembre de 1930 ha caído el gobierno institucional de Hipólito Yrigoyen y con él, las masas populares que lo habían llevado al poder. El general José Félix Uriburu, jefe de la revolución triunfante, preside la Argentina en nombre de la clase alta, cuyos intereses están íntimamente ligados con la Gran Bretaña. Termina una época y comienza otra. Dura para el país, con gente en la calle y una Villa Desocupación instalada a un paso de Retiro, a pocas cuadras de la Casa de Gobierno. Esperanzada para el fútbol argentino que está por iniciar una nueva era, tan próspera como brillante.


Alberto Palazzo “Garabito”, el primer fotógrafo de El Gráfico,fue quien sacó esta fotografía histórica en la vida política argentina. Es el momento en que el general Uriburu, el 6 de septiembre de 1930, exige la renuncia del doctor Enrique Martínez, en ese entonces vicepresidente de la Nación.


La única huelga permitida

Impera por entonces en nuestro fútbol el amateurismo marrón. Los jugadores cobran por jugar aunque se los llame amateurs. Y resuelven ir a la huelga detrás de dos objetivos: pasar en blanco y negro su condición de deportistas rentados y conseguir la libertad de contratación. Existe un pacto de caballeros entre los clubes: según él, ninguna institución puede fichar a un futbolista sin el consentimiento de su club de origen.

Surge la primera agremiación de los que juegan: la Asociación Mutualista de Footballers, cuyos integrantes se reúnen en una casona de Entre Ríos 358 para expresar sus reclamos. Su secretario general es Hugo Roque Settis, jugador de Huracán, considerado el cabecilla del movimiento gremial. La Asociación Argentina Amateur actúa con mano dura: expulsa a siete jugadores que transgredieron el pacto de caballeros que habían sellado los dirigentes, la "ley candado", según los futbolistas. Se declara la huelga el 10 de abril de 1931, cuando Vélez está volviendo de su gira por el continente americano. Pese al estado de sitio, que prohíbe toda manifestación pública, los jugadores en rebeldía salen a la calle, cruzan el centro de Buenos Aires y llegan a las escalinatas de la Casa Rosada para plantar sus banderas de reivindicación.




El general Uriburu baja y escucha al vocero de los futbolistas en huelga. Es Augusto del Muro, periodista del diario LA NACION.

—Yo de este problema no sé nada —dice el presidente provisional, —se lo voy a pasar al intendente.

El conflicto futbolístico se hace problema municipal. El intendente Guerrico llama a los presidentes de los clubes y los conmina a darle una solución. El público no puede quedarse sin su diversión dominical. El fútbol distrae, apasiona, aleja de los problemas cotidianos, que son muchos y muy serios. En opinión del intendente, el tema de la huelga y el profesionalismo son parte de un todo y los dirigentes de la Asociación deben arreglarlo.


El profesionalismo

De ese modo, el reclamo de los jugadores desemboca en algo que ellos no habían previsto: es el arranque del fútbol profesional. Los dirigentes del Racing Club hacen punta buscando la solución. Proponen la creación de una rama profesional dentro de la Asociación Amateur y la integra con 14 clubes, incluidos los rosarinos Newell's Old Boys y Rosario Central. Es un serio intento de jerarquizar los campeonatos, agrupando en un torneo fuertemente competitivo a los cuadros de mayor poderío y arrastre popular que actúan en Buenos Aires, Avellaneda, La Plata y Rosario.

Lo que propicia la Academia choca contra la oposición cerrada de los 34 clubes que habían disputado el último campeonato de la Asociación. Su contrapropuesta es terminante: "Todos o ninguno". Los renovadores alineados con Racing se sienten fuertes y responden: "Sólo algunos".


El 27 de septiembre de 1931 Racing aplastó a Independiente por 7-4 en el primer clásico de Avellaneda disputado por el profesionalismo. En La foto Botasso , arquero de “La Academia” atrapa el balón ante ñla arremetida de Enrique Fernández y Ravaschino.


Se produce la ruptura el 19 de mayo. 18 instituciones deciden desafiliarse de la Asociación y crean la Liga Argentina de Football, de carácter profesional. Con los grandes del momento —Boca Juniors, Independiente, Racing, River Plate y San Lorenzo— están los dos de La Plata —Estudiantes y Gimnasia—, más Huracán, Vélez Sarsfield, Ferro Carril Oeste, Argentinos Juniors, Lanús, Platense, Chacarita Juniors, Atlanta, Quilmes, Tigre y Talleres de Remedios de Escalada.


Boca, el primer vencedor

 Boca confirma el poderío evidenciado durante su triunfal campaña de los años veinte y conquista el primer campeonato profesional. El equipo de la ribera practica un fútbol sobrio, duro, compacto, sin alardes de virtuosismo, agresivo y directo, sumamente efectivo.


Boca 1931. Arriba: J. Evaristo, Bidoglio, Fosatti, Mutis, Silenzi y Suárez.. Agachados: Nardini, Tarasconi, Varallo, Cherro y Alberino.


Su gran enemigo de la temporada es Estudiantes de La Plata. Es, a la vez, su contrafigura futbolística. El cuadro platense representa la armonía, la sutileza, la belleza en los desplazamientos, el juego lindo para ver y, al mismo tiempo, para ganar partidos. Su delantera es la más goleadora de ese campeonato, con 104 goles convertidos. Es la famosa línea de "los Profesores", integrada por Miguel Angel Lauri, Alejandro Scopelli, Alberto Zozaya, Manuel "Nolo" Ferreira y Enrique Guaita. Su centro delantero Zozaya, apodado "Don Padilla", es el goleador del torneo con 33 goles. Pero el equipo "Pincharrata" no tiene algo que a Boca le sobra: regularidad. Ese año cae derrotado increíblemente por Tigre, Argentinos Juniors y Atlanta, los más débiles del campeonato, mientras que vence por seis goles a Racing, cinco a Independiente y cuatro a Boca, que sería el campeón.


La legendaria línea de ataque de Estudiantes de La Plata, "Los Profesores", Lauri, Scopelli, Zozaya, Ferreira y Guaita.


La derrota frente a los Bohemios, como se denominaba a Atlanta, le cuesta el liderazgo y le asegura el primer puesto a Boca Juniors.  

El club xeneize se consagra el 6 de enero de 1932 en el estadio de River Plate, su antiguo rival de la época amateur, el vecino de barriada que se apropió de la aristocrática avenida Alvear. Boca gana 3-0, Pancho Varallo, el máximo goleador de la historia azul y oro, anota uno de sus clásicos tantos shoteando a la carrera desde un ángulo muy cerrado, y se festeja la primera vuelta olímpica del profesionalismo.


1932. El tercer tanto de Boca convertido por "Pancho" Varallo frente a River.


Por estos días la rivalidad entre Boca y River se hace más fuerte, más enconada. La disputa entre los dos es el clásico mayor del fútbol argentino. El primer choque en la cancha de Boca terminó en un escándalo y coincidió con la última fecha de la primera rueda. River va ganando con un gol conseguido por Peucelle. Pero a los 25 minutos hay un penal para Boca. Lo tira Varallo, el arquero Jorge Iribarren lo ataja, Varallo insiste, Iribarren vuelve a atajar y finalmente, rematando sobre las mismas manos del arquero, Varallo consigue el gol. Los jugadores riverplatenses piden foul. Tres de ellos son expulsados y el clásico se suspende, siguiendo los incidentes en la calle, en un enfrentamiento entre las hinchadas que deben ser dispersadas por la policía montada. Posteriormente el Jurado de Honor de la Liga le da el partido ganado a Boca.


1932. Incidentes entre los jugadores y el árbitro en el escandaloso Boca - River en cancha de Boca


Peucelle, un símbolo

River Plate es el club que decide asumir hasta las últimas consecuencias la revolución que alumbró con el profesionalismo. En 1931 compra el pase de Carlos Peucelle, wing derecho de Sportivo Buenos Aires, en la suma de 10.000 pesos, equivalentes a 2.600 dólares de entonces. Es sólo el inicio de los nuevos tiempos. El club vendedor, Sportivo Buenos Aires, fue uno de los que quedaron al margen de la Liga Argentina de Football, y desapareció. River Plate se constituirá en el club más importante de la Argentina, el que más títulos logró y una institución modelo en el mundo.

Carlos Peucelle es un delantero de toda la cancha, que colabora con su defensa, además de ser ofensivo y realizar diagonales buscando la llegada fulminante al arco rival. Su fuerte es la lucha, el temperamento, el dinamismo. Se constituye en el primer hombre polifuncional del fútbol argentino. Un auténtico revolucionario, que puede jugar en cualquier rincón del césped, cuando la costumbre es que cada uno ocupe su posición. Va a romper con los moldes tradicionales para crear un estilo personal. Un verdadero arquetipo. Luego vendrán otros, igualmente inolvidables.


Peucelle


La Fiera, el gran objetivo

River había iniciado la revolución y en 1932 se lanzó al mercado de pases decidido a formar un equipo sensación.

Su gran objetivo es Bernabé Ferreyra, centro delantero que había surgido a la fama jugando para Tigre y también por su participación en la gira de Vélez Sarsfield por toda América. Había llegado desde su Rufino natal, donde asombraba por la potencia de sus remates y el club tigrense se lo facilitó a Vélez para que pudiera completar un gran plantel. Como se ha visto en el capítulo anterior, Bernabé se cansó de meter goles.


La primera foto de Bernabé en Tigre. Era un chacarero recién llegado de Rufino que pateaba muy fuerte. Con él, dos figuras: Juan Carlos Haedo y Alberto Cuello. Ferreyra y Cuello serían comprados por el Millonario del fútbol argentino: River Plate.


Una tarde de 1931, jugando para Tigre contra San Lorenzo en cancha de Boca, el Mortero de Rufino realizó una hazaña memorable. Ganaba el Ciclón por 2 a 0 y el público abucheaba al cañonero, porque no acertaba una. Hasta que se produjo el vuelco milagroso. Bernabé Ferreyra derrotó tres veces al arquero Jaime Lema con otros tantos furibundos taponazos y le dio la victoria a los tigrenses por 3 a 2. Ese día nació La Fiera. Anotemos la fecha: 27 de setiembre de 1931.

Cuando estaba por iniciarse el campeonato de 1932, y River ya había obtenido los pases de Alberto Cuello y Manuel Dañil, de Tigre, Carlos Santamaría, de Platense, Juan Carlos Arrillaga, de Quilmes A. C., todas figuras de primer nivel, concretó la adquisición de Bernabé. El arreglo llegó tras largas y casi cinematográficas negociaciones que tuvieron por escenario un cine de propiedad de un joven directivo riverplantese llamado Antonio Vespucio Liberti. El club de Palermo pagaba 35.000 pesos más la cesión del centrodelantero Emilio Castro para conseguir los servicios de La Fiera.

Una revista de la época, CARAS Y CARETAS, hizo el cálculo de lo que había costado en dinero la adquisición de Bernabé. El dólar estaba a 3 pesos con 88 centavos, o sea que la inversión de River equivalía a 9.005 dólares. ¡Una verdadera locura! Con ese dinero se podía comprar algunas de estas cosas:

11 autos Opel, cuatro cilindros, asientos regulables, 514 trajes derechos o cruzados en casimir inglés,

516.000 kilos de trigo o 693.000 kilos de maíz o 362.000 de lino en el Mercado Central de Frutos,

75.000 atados de cigarrillos Condal sin nicotina,

5.600 pares de zapatos para colegiales en la casa Harrods,

14.000 discos del repertorio popular de la RCA Víctor,

Un año de alquiler para once habitaciones en el City Hotel. 70.000 entradas populares para ver en acción al gran Bernabé.


La vuelta de la banda roja

El 13 de marzo de 1932, fecha en que se iniciaba el segundo campeonato profesional y en River debutaba un nuevo equipo con Bernabé Ferreyra como atracción especial, se asistió a lo que algunos han definido como "la segunda fundación" de la institución de la Avenida Alvear. Fue en la cancha de River, que tenía el círculo central donde hoy se levanta el monumento a José Gervasio de Artigas, justo enfrente de los estudios de ATC.


Un entrenamiento de River de los años ’30: el cordobés Fatechi, Bernabé Ferreyra, José Manuel Moreno, cuando recién empezaba y el "ruso" Wergifker.


Antes del encuentro contra Chacarita Juniors apareció en el vestuario local Antonio Liberti con diez cajas herméticamente cerradas. Cuando esas Cajas fueron abiertas en la intimidad del vestuario, alejadas las miradas indiscretas, brotaron de ellas diez camisas blancas de seda, con cuellos, puños y botones, con una banda sangre que caía desde el hombro izquierdo. Bernabé y sus compañeros, con la única y lógica excepción del arquero Poggi, se calzaron esas camisas desusadas para jugar un partido de fútbol, como si fuera una ceremonia. Realmente lo era Esos colores, dispuestos de esa misma manera, eran los originarios de la época de la fundación del club, en los albores del siglo. Luego, habían sido sustituidos por un informe más futbolero aunque menos original: la camiseta a rayas verticales blancas y rojas, con una fina negra de separación.

Cuando River apareció en la cancha, saliendo del túnel que estaba en un ángulo de la cancha de Palermo, la multitud saludó su ingreso con una clamorosa ovación. La vieja casaca de la banda roja se había metido de un solo tajo en el alma de la gente.


Bernabé revolucionó todo

Tenía su estadio en la zona más elegante de Buenos Aires. Ahí se realizaban las grandes peleas de la campaña de Justo Suárez, el Torito de Mataderos. Se lo reconocía decano entre los clubes más importantes del fútbol criollo y su prosapia era innegable. Pero no era tan popular como Racing o Boca. Para fundamentarlo, apelamos a una prueba extraída del folklore ciudadano. En 1928, Carlos Gardel había grabado el tango PATADURA. Sus versos, llenos de sabor futbolero, citaban a Tarascone (de Boca), Luis Monti (San Lorenzo), Manuel Seoane (de Independiente), y como gran remate, el protagonista quería ser "como Ochoíta, el crack de la afición...", aludiendo al gambeteador racinguista Pedro Ochoa. Esa letra, testimonio de época, no nombraba a ningún jugador riverplatense.


Bernabé Ferreyra dispara el cañón en un superclásico.


La presencia de Bernabé Ferreyra junto con la vuelta de la banda roja cambiaron la historia. Con el advenimiento de La Fiera, gente que nunca había mostrado mayor interés por el fútbol, fue a las canchas para ver a River, para emocionarse con los goles de Bernabé, y quedó prendida a la magia de esos colores que eran tan viejos pero que recién habían vuelto a nacer. Al influjo del rufinense se llenaron de pueblo esas tribunas de madera del estadio de Palermo, que antes albergaban a los gustadores del juego lindo, con buen manejo de pelota, más bien lento, de gol que se veía venir amasado y adornado como producto de confitería.

La Fiera revolucionó todo. Su fútbol tenía estruendo, drama, agresividad, contundencia. Sus goles carecían de exquisitez o virtuosismo. No se gustaban: se sufrían con un nudo en la garganta y el corazón al galope.


Más goles que partidos jugados

River conquistó el campeonato de 1932, a doce años de su primer y único título en primera división. El artífice de esa consagración fue Bernabé Ferreyra, autor de 43 goles en 32 partidos, con un promedio de 1,34 por fecha Su trayectoria oficial en Tigre y River, desde 1931 a 1938, queda contenida en un breve dato estadístico: tuvo más goles convertidos —204—que partidos jugados —195— a un promedio de 1,04 por presentación. Por cada gol que metió, recibió no menos de diez golpes descalificadores. Los aguantó con filosófica resignación. A un back que lo estaba sometiendo a una feroz leñada y que tenía una medallita de la Virgen de Luján colgada al cuello, le dijo mansamente:

"Al menos, para pegar, sacate la medallita..."

"Bernabé Ferreyra tiene los pies más grandes del fútbol argentino —escribió don Félix Daniel Frascara en EL GRAFICO de aquel tiempo—. Llegan desde donde él se encuentra hasta la red". La realidad se hermanaba con la leyenda. Todos los goles que metía eran de 40 metros para la imaginación popular. En realidad, los hacía desde afuera del área y también desde más cerca. Con remates furibundos que entraban haciendo ruido o con un toque suave al rincón, sin necesidad de reventarla.


Entre medio de tanto piberío está el team de Independiente que empato la primera colocación con River en el torneo de 1932.


Aquel torneo de 1932 termina con River empatando el primer puesto con Independiente y lo derrota en la final por 3-0. El primer gol es un cañonazo espectacular de Bernabé desde casi media cancha Jamás se ha visto un festejo así, con tanto ruido, tanta gente y tantas banderas. Los millonarios son los nuevos reyes del fútbol y serán nuevamente campeones en 1936 y 1937.

Siempre con Bernabé como ariete, como guía, como sinónimo del gol. Es tanta su popularidad que se filma una película con Luis Sandrini como protagonista, glosando la historia del goleador. No se llama el Mortero de Rufino pero el título es parecido: "El Cañonero de Giles".


Los gauchos de Boedo


Diego García, integrante del equipo de San Lorenzo de 1933


Se juega el torneo de 1933. No se han inventado todavía las radios a transistores. Para quienes van a la cancha, la única vía de comunicación es un tablero indicador con los nombres de los equipos codificados, que van anunciando las alternativas de los resultados en cada cancha, tomando los datos que el operador recibe por teléfono. Es el tablero de la revista Alumni, instalado en lo más alto de cada cancha.  El campeonato de 1933 llegaba a su fin con dos cuadros de fuerte atracción popular peleando el primer puesto. La última fecha encontraba a Boca puntero y a San Lorenzo segundo, a un punto. Boca enfrentaba a River en la vieja cancha de Palermo, donde dos años antes había disfrutado la vuelta olímpica. San Lorenzo se impuso a Chacarita por 1-0 pero debe esperar el final del clásico para saber cuál ha sido su ubicación final. River se pone en ventaja 1-0, y luego aumentó 2-0. Más tarde el cuadro boquense descuenta 2-1, y los hinchas azulgrana sufren, pues Boca es capaz de una reacción que le permita empatar el partido. Pero no, la ansiedad se disipa al final. River consigue otro gol y sella el definitivo 3-1.

A través de los carteles de la revista Alumni, jugadores e hinchas de San Lorenzo se enteran y festejan. Después conocerían las dramáticas circunstancias del clásico. River se quedó muy pronto con un jugador menos, por fractura de Basílico, uno de sus zagueros. Su lugar en la defensa lo cubrió Peucelle y Bernabé Ferreyra, solo allá adelante, ganó el partido. Los periodistas de la época bautizan al nuevo campeón como "Los Gauchos de Boedo", por el estilo pujante, bravío, vital y directo adornado por el toque sutil que le agrega el brasileño Petronilho de Brito, centro delantero a quien apodan "La Maravilla Negra".


Petronilho de Brito, estrella de "Los Gauchos de Boedo".


El Expreso Platense

Ese año aparece el primer equipo criollo que reconoce la influencia de un director técnico que, además de armar el cuadro y entrenarlo, le da precisas instrucciones tácticas. Es húngaro y se llama Emérico Hirschl. El equipo es Gimnasia y Esgrima La Plata y el diario CRITICA lo bautiza como El Expreso Platense, porque es un tren que arrasa con todo lo que se le pone enfrente, y así logra mezclarse entre los encumbrados. Lo integran grandes jugadores como Minella —luego transferido a River—, el Torito Naón, centrodelantero fino y penetrante a la vez, y la pareja Delovo-Recanatini, quien tiene la particularidad de usar un gorrito blanco de los llamados Gath & Chaves, que era el nombre de la tienda que los comercializaba. Esos hombres se mueven en un solo bloque, mostrando una sorprendente armonía colectiva. Triunfa en muchos partidos, es puntero, pero se cae en las últimas fechas. En realidad, lo voltean los malos arbitrajes. Cada vez que el Expreso sale de La Plata, en los campos porteños los árbitros lo mandan a vía muerta.


Los jugadores de Gimnasia hacen una huelga en pleno partido con San Lorenzo, clave para la definición del torneo 1933, en protesta por el arbitraje. En la foto Magan convirtiendo el sexto gol. Ganaron los Santos 7-1. Pocos campeonatos serán recordados como éste en la historia de nuestro fútbol, porque su desenvolvimiento final fue reñidamente disputado por seis teams y quedó en evidencia la falta de seguridad y de confianza en los arbitrajes.


Así es que, de los últimos siete partidos que Gimnasia juega como visitante, pierde seis y sólo logra empatar con Quilmes 2-2. Finalmente queda quinto en la tabla de posiciones, detrás de San Lorenzo, Boca Juniors, Racing y River.

Los apodos de los clubes de fútbol agregan un fuerte condimento costumbrista, identifican más al hincha con sus equipos. Los dos rivales de La Plata se rebautizaron mutuamente. Un grupo de jugadores de Estudiantes, se enrola en otro club platense que más tarde se fusiona con Gimnasia y Esgrima. Carlos Lartigue, dirigente estudiantil, lo llama despectivamente "tripero" a Emilio Fernández, uno de los que ha saltado el cerco. ¿El motivo? Fernández trabaja en el frigorífico de Berisso. Como revancha, los de Gimnasia apodan "pincharratas" a sus rivales, porque así le dicen a un lustrabotas de andar desgarbado, hincha de Estudiantes. Desde entonces y para siempre quedaron "Triperos" y "Pincharratas".


La lucha entre el "Pincharrata" Scopelli y el "tripero" Minella, en el primer clásico platense del profesionalismo en 1931.


La Federación Internacional de Fútbol Asociado, entidad organizadora del Mundial de 1934, no reconoce a la Liga Argentina. La afiliación sigue en poder de la Asociación Amateur, que envía un equipo débil y sin pretensiones. La Selección cae 3-2 ante Suecia, y así finaliza la actuación argentina en el Mundial.


El seleccionado argentino amateur que cayó 3-2 ante los suecos en el Mundial 1934. Arriba: Pedevilla, Belis, Freschi, Nehín, Urbieta Sosa, Arcadio López. Abajo: Rúa, Wilde, Devincenzi, Galateo e Irañeta.


Mientras tanto, Italia quiere la Copa y arma su cuadro con los mejores jugadores, entre ellos cuatro argentinos: Luis Monti, Raimundo Orsi, Enrique Guaita y Afilio Demaría. Monti, columna de la defensa, y "Mumo" Orsi, autor de un gol decisivo en la final contra Checoslovaquia, son hombres vitales para darle a Italia la Copa del Mundo.


 

Por Juvenal (1990).


Fuente:https://www.elgrafico.com.ar/articulo/%C2%A1habla-memoria!/34789/historia-del-futbol-argentino-por-juvenal-capitulo-vii-%281931-%E2%80%93-1933%29





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