El fútbol ha tenido a lo largo de su historia figuras que, además de brillar en el campo, han marcado un antes y un después por su legado fuera de él. Rachid Mekhloufi es uno de esos nombres que trascienden el deporte, un jugador cuya historia de valentía, lucha y habilidad nos recuerda que el fútbol puede ser mucho más que un juego. En los últimos días, el mundo del fútbol se despidió de él, pues Mekhloufi falleció a la edad de 88 años, dejando tras de sí una huella imborrable tanto en Francia como en Argelia.
Nacido en Argelia, pero forjado como futbolista en Francia, Mekhloufi fue una de las grandes estrellas del fútbol europeo durante los años 50 y 60. Sin embargo, su importancia no solo radica en sus logros en el campo, sino también en cómo su vida estuvo profundamente entrelazada con la lucha por la independencia de Argelia. A pesar de ser una figura central en el fútbol francés, Mekhloufi tomó una decisión audaz que cambiaría su destino y el de muchas generaciones: se unió a la causa argelina durante la guerra de independencia y se convirtió en uno de los principales referentes deportivos de la joven nación.
En un contexto de guerra, Mekhloufi dejó de lado una exitosa carrera en la selección francesa para defender la identidad y la libertad de su pueblo, un gesto que le ganó tanto admiración como controversia. Pero lo que hace su historia aún más fascinante es cómo, a pesar de los obstáculos y sacrificios, nunca dejó de luchar por sus ideales, tanto dentro como fuera del terreno de juego.
Hoy, al recordar su legado, nos preguntamos: ¿qué significó para él tomar esas decisiones arriesgadas? ¿Cómo impactó su valentía política en el curso de su carrera? Acompáñanos a descubrir la vida de un futbolista cuya importancia va más allá de los goles y trofeos, un hombre cuya historia es un reflejo de la lucha por la libertad y la justicia.
El legendario futbolista argelino, Rachid Mekhloufi, falleció este 8 de noviembre a los 88 años, no solo fue una figura destacada del AS Saint-Étienne, sino especialmente un símbolo de la lucha por la independencia de su nación.
El fútbol y la política han estado históricamente entrelazados, pero pocas veces esta relación fue tan significativa como en la vida de uno de los mejores delanteros que dio el norte africano y que esconde detrás de sí una historia fascinante.
Rachid Mekhloufi: de promesa francesa a símbolo argelino
Cuando Rachid Mekhloufi llegó al AS Saint-Étienne en 1954, a sus 18 años, nadie podía prever el giro que daría su carrera. El joven nacido en Sétif, Argelia (que en ese momento seguía siendo territorio francés), rápidamente se convirtió en una de las figuras más prometedoras del fútbol francés. En 1957, lideró a Les Verts a conquistar su primer título de liga, anotando 25 goles en aquella temporada histórica. Su talento lo llevó a vestir la camiseta de la selección francesa en cuatro ocasiones, y todo indicaba que sería parte del plantel que disputaría el Mundial de Suecia 1958.
Sin embargo, en abril de ese año y pocas semanas antes del mundial, en plena guerra de independencia argelina, Mekhloufi tomó una decisión que cambiaría su vida: abandonó su prometedora carrera en Francia para unirse al equipo del Frente de Liberación Nacional (FLN), la organización que luchaba contra los franceses en Argelia y que, tras la independencia, gobierna el país hasta la fecha. «En el momento que me fui, di vuelta la página», recordaría años después. «Yo pensaba que nunca iba a poder volver a jugar para Francia o el Saint-Étienne. Y lo que obtuve del equipo del FLN no se podría haber comprado con todo el oro del mundo».
Los once de la independencia: el equipo que desafió a un imperio
El equipo del FLN, conocido como «los once de la independencia», fue mucho más que un conjunto de futbolistas. Fue una herramienta de resistencia pacífica que utilizó el deporte como medio para visibilizar la causa argelina en el escenario internacional. A pesar de la prohibición de la FIFA, que cedió ante la presión de las autoridades francesas, el equipo realizó una gira mundial que incluyó cerca de 80 encuentros entre 1958 y 1962, conquistando 55 victorias.
La formación de este equipo tuvo sus raíces un año antes, cuando los entrenadores Ahmed Benelfoul y Habib Draoua comenzaron a entrenar en Túnez la primera selección que representaría a Argelia. Este primer equipo, que representaba al Ejército de Liberación Nacional (ALN), estaba compuesto principalmente por jugadores amateurs de Argelia y Túnez, y ya había disputado numerosos partidos en el Magreb y Oriente Medio para apoyar la causa independentista.
La decisión de Mekhloufi y sus compañeros de unirse al equipo del FLN en 1958 elevó el perfil del proyecto. El impacto fue inmediato: diez futbolistas profesionales establecidos en Francia huyeron del país, atravesando Suiza e Italia hasta llegar a Túnez, sede del Gobierno Provisional de la República de Argelia. La fuga de estos jugadores, que incluía a figuras como Mokhtar Arribi y Abdelhamid Kermali, causó conmoción en el fútbol francés y atrajo la atención internacional hacia la causa argelina.
La misión del equipo iba mucho más allá de lo deportivo, como el propio Mekhloufi explicaría tiempo después: «Cuando viajamos a países del Este o a naciones árabes, los políticos eran conscientes de esta guerra, pero no las poblaciones. Nuestro papel era informar a la gente de los países que visitábamos. Tengan en cuenta que ¡no solo estábamos jugando al fútbol! Visitamos fábricas, hablamos con la gente, explicamos lo que estaba ocurriendo en Argelia. Éramos el brazo de la Revolución a través del fútbol».
No todos los intentos fueron exitosos. Hassen Chabri del AS Monaco y Mohamed Maouche del Stade Reims fueron detenidos en la frontera franco-suiza. Chabri fue arrestado en Menton, en la frontera franco-italiana, sospechoso de contrabando de armas y dinero para el FLN. Fue encarcelado en Marsella y posteriormente condenado por atentar contra la seguridad del Estado.
El equipo del FLN desarrolló un estilo de juego que se convirtió en su seña de identidad. Descrito por el propio Mekhloufi, era un sistema 4-2-4 fluido y basado en la técnica, que contrastaba con el fútbol más rígido y defensivo de la época. Este enfoque ofensivo y espectacular no solo resultó efectivo en términos deportivos, sino que también se convirtió en una metáfora de la libertad que buscaba el pueblo argelino.
Los partidos del equipo se convirtieron en eventos diplomáticos. Cada encuentro era una oportunidad para difundir el mensaje de la independencia argelina, utilizando el idioma universal del fútbol para conectar con audiencias en todo el mundo. El equipo vinculó el fútbol africano con la resistencia anticolonial, empleando la idea del panafricanismo como herramienta legitimadora y símbolo de identidad nacional.
La existencia del equipo del FLN, que se extendió hasta el 6 de junio de 1962, poco antes de la independencia oficial de Argelia, demostró el poder del deporte como herramienta de resistencia política. Su legado fue heredado por la selección nacional de Argelia, que comenzó a competir oficialmente en 1963, pero su impacto trasciende lo deportivo: demostró que el fútbol podía ser un medio efectivo para la lucha anticolonial y la construcción de una identidad nacional.
El regreso a Francia y el legado
Tras la independencia de Argelia en 1962, Mekhloufi regresó al AS Saint-Étienne, donde su retorno generó inicialmente cierta inquietud. Sin embargo, el público lo recibió positivamente, y el delantero respondió con más títulos: tres ligas adicionales (1964, 1967 y 1968) y una Copa de Francia (1968), esta última conquistada con un doblete suyo en la final, que además significó el primer doblete en la historia del club.
Mekhloufi deja tras de sí un legado que trasciende lo deportivo: 339 partidos y 152 goles con el Saint-Étienne, pero sobre todo, la demostración de cómo el fútbol puede ser una herramienta de cambio social. Su historia es un testimonio de cómo el deporte más popular del mundo puede servir como plataforma para causas que van más allá del juego mismo. En total, disputó cuatro partidos con Francia, cuarenta con el equipo del FLN y once con la selección argelina ya independiente, una trayectoria que refleja la complejidad de su legado.
Luego de su tiempo como futbolista, Mekhloufi fue entrenador. Y en ese rol también aportó a la gloria de su país. Su rol al frente de la selección argelina lo llevó a conquistar la medalla de oro en los Juegos Mediterráneos de 1975, un torneo importante para la época por su significado político. También dirigió en el Mundial de España 1982, donde Argelia sorprendió al mundo derrotando a Alemania Occidental. Por toda su trayectoria y su estrecho vínculo con la liberación de su nación, los argelinos hoy lamentan la pérdida de su gran leyenda, pero continuarán recordando su legado para la posteridad.
En memoria de Rachid Mekhloufi: un legado que va más allá del fútbol
El fallecimiento de Rachid Mekhloufi nos recuerda que el fútbol, más que un deporte, es un reflejo de las luchas, las pasiones y los sueños de las personas que lo viven. Su historia, marcada por la valentía, el sacrificio y el compromiso con su pueblo, seguirá siendo un faro de inspiración para futuras generaciones, tanto dentro como fuera del campo.
Mekhloufi no solo es recordado por su destreza con el balón o por los títulos que conquistó, sino por su inquebrantable sentido de justicia, que lo llevó a hacer frente a las difíciles decisiones de su tiempo. Su vida y su carrera fueron una declaración de principios: el deporte puede ser un espacio para el cambio, para la resistencia y, sobre todo, para la humanidad.
Hoy, mientras nos despedimos de él, celebramos no solo su legado como futbolista, sino también su contribución a la historia de Argelia y del fútbol mundial. Rachid Mekhloufi vivió una vida de principios, y su memoria permanecerá intacta, uniendo a los amantes del fútbol con los recuerdos de un hombre que jugó por algo más grande que él mismo.
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