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lunes, 3 de noviembre de 2025

Homenaje a la Vida de Daniel Willington




Hoy lunes 3 de noviembre de 2025 falleció uno de los máximos ídolos de Talleres de Córdoba, nos referimos a Daniel Willington, apodado el “loco” en Córdoba, también llamado el “famoso cordobés” en Buenos Aires, lugar donde se erigió como uno de los máximo ídolos del club Vélez Sarsfield.

Amamos el futbol y a Talleres, crecí escuchando a mi abuelo y a mi papá contando anécdotas sobre el “loco” Willinton y aquel inolvidable “golazón” que se clavó en el Angulo como una puñalada en el pecho de nuestro eterno rival.

Hoy compartimos notas de la prensa local sobre el “Daniel de los Estadios”, como un homenaje a su vida, y para todos los que tuvieron la suerte de verlo jugar.

Los ídolos no mueren.

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Murió Willington, leyenda de Talleres: cuando el escritor Salzano describió su gol a Belgrano

Recordamos el texto del magnífico periodista, que supo homenajear a Willington de la mejor manera.

Daniel Willington falleció este lunes 3 de noviembre de 2025 a los 83 años. Y su leyenda marcó una época y seguirá existiendo por generaciones en el fútbol cordobés.

Una parte de esa legendaria carrera fue descrita por Daniel Salzano, escritor cordobés, quien publicó el siguiente texto en La Voz.




El texto de Salzano para Willington


Hacés grandes esfuerzos pero, por más que lo intentás, no conseguís precisar los detalles más obvios de la gesta.

No te acordás, por ejemplo, si el partido se jugaba a la luz del Sol o de la Luna y tampoco quién era el adversario.

Lo único que recordás con nitidez es que Daniel Willington retrocedió dos pasos, que onduló su pesado perfil de dandi provinciano y que en el mismo instante en que pateó, levantó los brazos como un emperador y saludó por anticipado en dirección a la tribuna popular.

Sacudida por una descarga eléctrica, cuya intensidad hubiera servido para nivelar el déficit de Epec, la pelota recorrió los 40 metros que la separaban del arco, atravesó con la gracia de un delfín la línea que separa la gloria del fracaso y, al clavarse en el rincón de las arañas, desencadenó un huracán de fuegos artificiales.

Desde entonces, en el mundo han triunfado revoluciones y golpes de Estado, han entrado en erupción volcanes fabulosos y han caído vastos imperios con todo lo clavado y lo plantado. El gol de Daniel Willington, sin embargo, continúa siendo eterno.

Lo corrobora una encuesta publicada por el diario, una encuesta empeñada en determinar cuál ha sido en la historia de la ciudad su deportista más iluminado. El resultado no ofrece dudas. Primero, Willington; después, nadie. Y después, nuevamente Daniel Willington.

En realidad, no somos otra cosa que un conjunto de perfumes, sensaciones y recuerdos y la única verdad que prevalece es la música de las palabras al evocar un gol que seguramente comenzó a gestarse hace miles de años, cuando Homero decía que a los dioses tanto se llegaba a través de la oración como siguiendo el vuelo de la flecha de un atleta.




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Homenaje. Murió Daniel Willington: por qué en Vélez lo adoran tanto como en Talleres




El club lo definió como un “crack único e irrepetible” y lo ubicó en el podio de los mejores de su historia. Fue clave en el título de 1968 y mantuvo una relación entrañable con Don Pepe Amalfitani.

Vélez Sarsfield lamentó profundamente el fallecimiento de Daniel Willington, ocurrido este lunes a los 83 años. El club lo definió como el “héroe de la primera gran conquista” y uno de los “ídolos máximos de nuestra historia”. En su mensaje de despedida, expresó: “Serás siempre eterno, Daniel”.

Conocido como “El Cordobés”, Willington fue considerado por Vélez como un “crack único e irrepetible”. Se lo describía como el prototipo del número diez clásico: talentoso, inteligente, creador y organizador con panorama. En palabras actuales, “alguien que entendía el juego”.

Dotado de condiciones técnicas excepcionales, destacaba por su habilidad, su gambeta desequilibrante y una pegada que combinaba potencia y precisión. El club lo ubica en el podio de los mejores futbolistas que vistieron su camiseta, y lo considera el jugador más dotado en su centenaria historia.

La gesta de 1968

Willington fue el referente y pieza clave en la obtención del primer título profesional de Vélez Sarsfield, en 1968. Aquel equipo, que incluía figuras como Carone, Ríos, Marín, Solórzano y Gallo, se conocía “de memoria” tras varias temporadas juntos.

Llegó al club en 1961, con apenas 19 años, de la mano de Victorio Spinetto. En su primera etapa, disputó 212 partidos y marcó 65 goles, hasta 1970.

Una relación paternal con Don Pepe Amalfitani
Su vínculo con el legendario presidente del club, Don Pepe Amalfitani, fue profundamente afectivo. Willington lo describía como “un padre”, y sentía que él era para Amalfitani “como un hijo, no un futbolista”.

Don Pepe le ofrecía un trato preferencial, lo aconsejaba y protegía como a un hijo propio. También lo reprendía cuando era necesario, y le perdonaba sus “diabluras de muchacho juguetón”.

Para asegurar su compromiso, Willington vivió durante dos años debajo de la tribuna, solo, sin su esposa. Lo entendió como una prueba, y respondió con fútbol: “No podía defraudarlo”. La magnitud de esa relación quedó reflejada cuando lloró ante el féretro de Don Pepe el día de su muerte.


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Murió este lunes. Las reflexiones de Daniel Willington: cómo pensaba el fútbol y veía la vida

El exfutbolista falleció a los 83 años. Ídolo de Vélez y Talleres, dejó una huella profunda en el fútbol argentino.





El fútbol argentino está de luto: Daniel Willington, uno de los grandes ídolos de Vélez Sarsfield, falleció este lunes a los 83 años. Deja un legado de talento, elegancia y una visión de vida tan deslumbrante como sus gambetas.

La revista El Gráfico lo entrevistó en 1999. En esa charla, “el cordobés” repasó sus memorias sobre su paso por Vélez, Talleres y la fama de su carácter.

Willington llegó a Vélez en 1962, con apenas 20 años. Es recordado como símbolo de clase, talento y estilo en el Fortín.

De físico imponente, pero ágil en el regate, su virtud más destacada era la pegada: potente y precisa, con una combinación de fuerza y exactitud que algunos comparan con la visión de Riquelme, aunque con mayor eficacia frente al arco.

Gratitud, Vélez y Talleres

Nacido en Santa Fe y criado en Córdoba, Willington construyó su carrera gracias a figuras clave y a las instituciones que lo acogieron. Siempre expresó gratitud hacia sus padres, Don Pepe Amalfitani, Don Victorio Spinetto, Talleres de Córdoba y Vélez Sarsfield.

Su vínculo con el “Viejo Fortín” fue casi paternal. Amalfitani, pese a los rumores sobre su conducta, confió en él y lo protegió. Incluso le administraba el dinero y le enseñaba a “caminar”. Willington recordó que, aunque River Plate ofreció 10 millones y varios jugadores en 1964 o 1965, Don Pepe le dijo: “Que se queden todos esos en River, vos sos de Vélez”. Durante años, estuvo entre los diez jugadores mejor pagados del país.

En cuanto a Córdoba, el exfutbolista guardaba un gran aprecio por Talleres, club con el que logró un ascenso como director técnico. Recordaba con especial cariño un gol desde unos 40 metros en un clásico ante Belgrano.

Tango, noche y fama de “antipático”

Willington reconocía que, aunque en el fútbol consiguió casi todo, le faltó una mejor relación con el periodismo, que lo tildaba de “antipático”. Cronistas como Ardizzone o Panzeri podían criticar su juego, pero lo que más le molestaba era que se metieran en su vida privada.

Defendía su estilo de vida. Contaba que, siendo joven, con 20 o 22 años y con auto propio (algo poco común en esa época), salía de lunes a miércoles a jugar al ping pong, al billar o al bowling. También le gustaba “milonguear”. Su vida estaba atravesada por el tango y la música popular, y llegó a compartir momentos con figuras como Floreal Ruiz, Argentino Ledesma y el Polaco Goyeneche. Cuando le preguntaban si ese estilo de vida era una “fábula”, respondía con vehemencia, nombrando a sus amigos del ambiente tanguero.

Reflexiones sobre el deporte y el futuro
Al reflexionar sobre su carrera, Willington decía que lo mejor que le dio el fútbol fue la amistad: “No me alcanzan los dedos de los pies para contarlos”. Lo peor, haber estado diez años en la preselección de los Mundiales sin jugar ninguno.

Aunque fue director técnico —logró el ascenso con Talleres y dirigió en Vélez—, en 1999 se dedicaba a asesorar en la Secretaría de Deportes del gobierno. Militaba en el PJ “de toda la vida”.

También criticaba la profesionalización de la gestión deportiva. Rechazaba ser empresario porque lo consideraba “traficar con carne humana”, una práctica que, según él, provocó el bajón del fútbol cordobés.

Daniel Willington, genio, figura y guapo, se despidió del fútbol con la convicción de haber jugado a su manera, incluso cuando la gente pensaba que “jugaba cuando quería”.


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Perfil. El “otro” Daniel Willington: fue elogiado por Pelé y el rumor con Mirtha Legrand

Daniel Willington, ídolo de Talleres y Vélez, murió a los 83 años. Pelé lo llamó “el mejor del mundo” y un rumor con Mirtha Legrand alimentó su leyenda.

El mundo del fútbol está de luto por la partida de Daniel Willington, quien falleció este lunes 3 de noviembre, a los 83 años. Willington es recordado como uno de los jugadores más emblemáticos de la historia de Talleres y del fútbol cordobés. Su impacto fue profundo, gracias a su talento y al afecto de los hinchas, y se lo considera uno de los máximos ídolos de la institución albiazul.

No solo dejó su huella en Córdoba: también brilló en la institución de Liniers, siendo ídolo de Talleres y de Vélez Sarsfield. Durante su carrera estuvo en la mira de grandes equipos como Boca, River e incluso la Juventus de Enrique Omar Sívori. Sin embargo, su fuerte vínculo con José Amalfitani lo mantuvo diez años en el club velezano. Don Pepe lo veía como un hijo y se negaba a dejarlo ir.

El elogio inesperado de Pelé

Uno de los momentos cumbre en la carrera de Willington fue el elogio que recibió por parte del astro brasileño Pelé. En 1969, mientras jugaba para Vélez, enfrentó al Santos de “O Rei” en un partido amistoso.

El encuentro se disputó el 6 de diciembre, en el marco de la inauguración del sistema lumínico del estadio José Amalfitani. El resultado fue un empate 1-1, con goles de Pelé para los brasileños y de “El Loco” para la “V” azulada.

Lo más memorable ocurrió tras el pitazo final. Pelé, considerado uno de los mejores jugadores de la historia, definió a Willington como “el mejor jugador del mundo”. El exfutbolista recordó la anécdota entre risas, señalando que aquel día erró un penal, pero luego marcó el gol del empate. “¡Y lo dijo O Rei!”, remarcó. Tiempo después, el Santos intentó ficharlo.

El rumor con Mirtha Legrand

Además de su talento en la cancha, Willington era conocido por su vida bohemia. Con el paso de los años, se describió como un atorrante, vago y mujeriego. Confesó ser un “loco” al que siempre le gustó tomar vino, estar con amigos y fumar. Reveló una particularidad: “Si no tomaba una ginebra con Coca, cuando salía a bailar con una mina no sabía qué decirle”.

En ese contexto de fama y vida nocturna, surgió el persistente rumor de un romance con la estrella televisiva Mirtha Legrand. Aunque nunca lo confirmó, tampoco lo negó.

Consultado sobre la diva, mantuvo el misterio: “No puedo decir nada”, y añadió, sin dar nombres, que “varias de las chicas famosas que bailaban en el Maipo durante esos años fueron amigas mías”. Sí se jactó de haber salido con vedettes del Maipo. El rumor sobre aquel supuesto romance acompañó su leyenda hasta el final.





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Jugador y leyenda. Daniel Willington, el “Loco” que nunca dejó de ser Talleres

Ídolo de Talleres y leyenda de Vélez, su talento y carisma marcaron a generaciones. Un crack que rompió moldes y dejó huella en cada cancha y en cada corazón.




Hasta en la hora de irse de gira, Daniel Alberto Willington hizo lo impensado. Había cumplido 83 años el 1º de septiembre y estaba de diez. No parecía que “el bobo” le fuera a fallar. Sus cumpleaños eran largos, celebrados en la pizzería Don Luis, donde su amigo Pedro Iudicello le había construido un quincho que luego se convirtió en museo deportivo. La gente hacía fila para saludarlo. “El Loco” cantaba sus tangos preferidos: Malena y Naranjo en flor. La fiesta duraba lo que él quería.

Entre los cuadros, destacaban uno con Pelé (con la camiseta de Vélez) y otro con su amigo, el boxeador “Ringo” Bonavena. Era ahí, en la avenida General Paz, o en La Mundial, el restaurante de La Calera de “Rafa” Pontieri —otro gran amigo y exjugador de Talleres— donde repetía su repertorio. Allí estuvo horas después de ver por televisión el Talleres 1 - Vélez 0, y se cruzó con Guido Herrera, capitán y figura de ese partido. Si no se había infartado con lo dramático que fue ese juego, nada lo haría.

Ese partido era especial, porque el corazón se le partía. Era Talleres, pero también Vélez. Los definía como a dos hijos, más allá de los cuatro que tuvo con Ana. “El Daniel” o “el Loco” Willington fue uno de los ídolos máximos de Talleres, su casa desde niño, y una figura igualmente venerada en el club del Fortín, a la altura de su “padre” José Amalfitani o de su excompañero Carlos Bianchi.

Todo eso iba a contar en el libro que estaba por escribir junto al colega y amigo Gustavo Farías. Tenía esa expectativa como cuando fue a comprar “Talleres, un fenómeno argentino”, el libro que salía con el diario y que relataba la aventura del primer equipo albiazul en la tercera categoría de AFA. Había un capítulo dedicado a Willington. “Me levanté un domingo a la mañana, que nunca lo hago, y ya no hay. ¿Qué pasa con La Voz, cara e’ bombita?”, le tiró la bronca al autor.

El capítulo reunía las mejores descripciones de sus tiempos de corto. Plumas y palabras increíbles, de aquí y de allá. Para el mundo Talleres, Willington fue exquisito y genial. Su vínculo con el club fue tan profundo que afirmó: “Estoy desde niño en Talleres, es mi casa. Tengo 80 años y la mayoría fue acá. Es que yo soy Talleres. Mi familia lo es. Mi papá fue DT y jugador, mi hermano y mi hijo también jugaron”.

El gol a Belgrano, de tiro libre contra un ángulo, lo metió en la historia para siempre. “Sí, está lejos. Correte, ‘Cacho’, que la voy a tirar a la mierda. Yo no soy Dios ni nada”, recordaba “el Daniel”, enojado porque el DT Ángel Labruna lo ponía al final, creyéndolo un salvador. “Haceles un gol que les dure para siempre”, le dijo su hermana, molesta con los plateístas celestes que lo insultaban y le gritaban “borracho” a poco de entrar.

Ese golazo fue una llave para Talleres, que pudo abrirse paso hacia los mejores años del club. Gracias a ese triunfo (fue 2-0, con otro tanto de Oscar Fachetti cerca del final), la “T” se clasificó al Nacional ’75.

El gran Daniel Salzano escribió sobre esa conquista: “...El gol de Daniel Willington, sin embargo, continúa siendo eterno. Lo corrobora una encuesta publicada por el diario, empeñada en determinar cuál ha sido en la historia de la ciudad su deportista más iluminado. El resultado no ofrece dudas. Primero, Willington; después, nadie. Y después, nuevamente Daniel Willington”.

Jorge Valdano, campeón del mundo en 1986, habló de su debut con Newell’s en 1974 y no entendía a qué podría jugar después de ver a Willington. “Recuerdo con mucha nitidez el primer partido profesional en Córdoba. Adelante tenía a Willington y pensé que mi profesión y la de él eran distintas. Fue en 1974, en cancha de Talleres, y ellos tenían un tiro libre a unos 40 metros. El arquero pidió barrera y yo no entendía cómo se podía pedir a tanta distancia. Se acomodó Willington para pegarle con la derecha y no le gustó el ángulo. Entonces se acomodó para pegarle con la izquierda. Señal de que se sentía con la misma capacidad para tirar desde ahí con una pierna o la otra. Y sacó un tiro impresionante que casi rompe el travesaño. Por eso dije: ‘Si este es el nivel del fútbol, voy a tener que progresar mucho para ser alguien’. Luego me di cuenta de que Willington había muy pocos”.

Roberto Fontanarrosa, reconocido hincha de Central, se asombró al verlo jugar en Vélez y le dedicó un escrito llamado “El exorcista”, en tiempos de la película en la que el padre Karras expulsaba el demonio de una niña. Fontanarrosa trazó el paralelo por la técnica sublime del Daniel al bajar el balón: “Así, pegada a la punta de su botín, ya tranquila, ya exorcizada, Willington la bajó casi hasta el piso... y la puso en el pecho de un compañero”. Esto provocaba un “aplauso respetuoso, cálido, reconocido, más propio de una sala teatral que de una cancha de fútbol”.

¿Algo más? El rey Pelé reconoció su talento. En 1969, tras un amistoso con el Santos (donde Willington erró un penal pero luego hizo el gol del empate), dijo: “Es el mejor jugador del mundo”. En el centenario de Instituto, en todas las mesas del restaurante albirrojo se habló sobre aquel año que jugó para el club.

Era un crack y, como todo jugador de esa estirpe, rompía el molde. Era un “10”, pero grandote en cuerpo y alma. No vinieron más así.

Como director técnico también dejó su marca, dirigiendo a la “T” varias veces, siempre como bombero. Logró el ascenso ante Instituto en 1994 junto a José Trignani, DT alterno, y Alexis Olariaga, como preparador físico. En el día a día, fue siempre un gran humorista, generador de anécdotas que quedaron para siempre. En ese cuerpo técnico, Trignani armaba la pelota parada. Gustavo Chacoma, un prolijo volante central de la “T”, se había perdido en la distribución de marcas. “¿Y yo? ¿A quién agarro?”, preguntó. “Y vos, agarrame... estaaaa”, gritó ocurrente “el Loco”, en un relato que quedó para siempre.

La última vez, en 2005, el equipo venía puntero en la Primera Nacional y la “T”, en quiebra reciente, era administrada por la Justicia. “Cara e’ bombita, digo cara. Me voy. No es joda. Me quieren imponer jugadores. Me voy”, le anticipó a quien suscribe. Y se fue.

Su inmensa popularidad e importancia histórica se cristalizó en 2010, cuando los hinchas de Talleres lo eligieron en una encuesta para bautizar la popular norte del estadio Mario Alberto Kempes, que hoy lleva su nombre. En Vélez se hizo estatua.

Willington siempre valoró ese reconocimiento. No entendía a esos niños y a sus padres. Si no lo habían visto jugar. No había las plataformas de hoy, apenas algunos vídeos por los que se pedían fortunas. Daniel atribuía todo a su sencillez, por decir algo.

“No sé por qué me tiene tanto afecto la gente. Quizá porque siempre fui el mismo. Nunca me creí nada, ni pedí nada. Soy un agradecido de la vida... Soy un tipo de calle. No reniego de que me digan loco. Es mi forma de ser. Los locos y los borrachos siempre dicen la verdad”.

¿Quién lo puede discutir?

Buen viaje, Daniel.

Loco, tu forma de ser.


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