El Mundial 2026 sigue sumando hechos lamentables. Y no tiene que ver con un gol fantasma, un fuera de juego milimétrico o una decisión arbitral polémica dentro del campo. La controversia llegó desde el despacho oval de la Casa Blanca y se consumó en los pasillos de la FIFA, dejando una pregunta flotando en el aire: ¿el fútbol sigue siendo un deporte independiente o está sujeto a los caprichos del poder político?
El origen: una roja que desató la tormenta
Todo comenzó en el partido de dieciseisavos de final entre Estados Unidos y Bosnia-Herzegovina. Folarin Balogun, el máximo goleador del equipo anfitrión en este Mundial con tres tantos, fue expulsado con tarjeta roja directa en la segunda parte por pisar el tobillo del defensor bosnio Tarik Muharemovic. La decisión llegó tras revisión del VAR y, aunque el entrenador estadounidense Mauricio Pochettino consideró que la roja era excesiva, la normativa era clara: roja directa equivale a suspensión automática de un partido. Balogun no podía jugar los octavos de final contra Bélgica.
O al menos eso parecía.
La llamada: Trump entra en escena
El miércoles anterior al partido, Donald Trump llamó por teléfono al presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Así lo confirmaron The New York Times, El País, la agencia AP y la AFP, citando a fuentes familiarizadas con la conversación.
Trump no lo ocultó. En una conferencia de prensa en la Casa Blanca, el mandatario estadounidense reconoció abiertamente su intervención: "Lo único que hice fue pedir una revisión". Pero luego fue más lejos: "Yo fui quien los convenció de hacerlo", admitió sobre la decisión de la FIFA. Calificó la roja de "horrible" y al árbitro brasileño Raphael Claus de "un poco sospechoso". Y sentenció: "Eso no fue una falta. Ni siquiera fue una infracción".
La decisión: la FIFA se pliega
El domingo, la FIFA anunció en un comunicado que suspendía la sanción de Balogun "en aplicación del artículo 27 del Código Disciplinario de la FIFA", dejando la suspensión automática de un partido en suspenso durante un período de prueba de un año.
La decisión era histórica: no se recordaba un levantamiento de sanción en plena disputa de una Copa del Mundo desde 1962. Trump celebró en Truth Social: "¡Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia!".
La reacción de Bélgica: asombro, impotencia y denuncia
Bélgica, el rival directo perjudicado, no se quedó de brazos cruzados. La Real Federación Belga de Fútbol (RBFA) emitió un comunicado durísimo en el que calificó la decisión de "inadmisible" y denunció el modus operandi de la FIFA.
Según la RBFA, cuando solicitaron una copia de la decisión y una explicación del procedimiento, la FIFA se negó a facilitar información y, en cambio, calificó su solicitud como un recurso de apelación, dándoles apenas unas horas para formalizarlo para luego declararlo inadmisible. Además, durante la reunión de coordinación del partido, la FIFA eliminó deliberadamente de su presentación la sección relativa a la suspensión automática de jugadores, un tema que había estado presente en todas las reuniones previas.
"La RBFA está profundamente preocupada por el curso de los acontecimientos y seguirá luchando en defensa de los principios fundamentales de la ética, la competencia leal y los intereses del fútbol en su conjunto", concluyó el comunicado.
El entrenador belga, Rudi García, fue más cáustico: "No sabía que en las oficinas de la FIFA el 5 de julio era el 1 de abril", comparando la decisión con una broma del Día de los Inocentes.
La prensa belga tampoco se mordió la lengua. Frédéric Larsimont, del diario Le Soir, escribió: "Al levantar la suspensión del máximo goleador estadounidense en vísperas del partido contra Bélgica, esta institución, no tan venerable, acaba de poner su imparcialidad en venta". Otro periodista, Vicente Langendries de la RTBF, sentenció: "He oído que FIFA rima con mafia. Yo no iría tan lejos. Pero la verdad es que FIFA ya no rima con casi nada".
UEFA: "incomprensible e injustificable"
La UEFA, el organismo que rige el fútbol europeo, tampoco se anduvo con rodeos. Calificó la decisión de "incomprensible" y denunció que se había "cruzado una línea roja". La postura del fútbol europeo era clara: la injerencia política en el deporte era inaceptable.
Otras voces: Blatter y Klopp
El ex presidente de la FIFA, Joseph Blatter, que gobernó el organismo durante 17 años, publicó en X (antes Twitter) una contundente reflexión: "Las tarjetas rojas no se anulan mediante llamadas políticas. Se anulan en virtud de normas, pruebas y organismos independientes. Si un presidente de Estados Unidos interviene ante el presidente de la FIFA... la pregunta es inevitable: ¿Hacia dónde vas, FIFA?".
Jürgen Klopp, el técnico alemán, también se sumó a las críticas: "Si Donald Trump y Gianni Infantino realmente arreglaron esto entre ellos, es una locura; pone todo en entredicho. Estas dos personas, que no saben nada de fútbol, no deberían tener absolutamente nada que ver con esto".
¿El fin de la independencia del fútbol?
El 'Balogun Gate', como ya lo bautiza la prensa, ha dejado al descubierto una realidad incómoda: el fútbol, el deporte más popular del planeta, no es inmune a los vaivenes de la geopolítica. La relación entre Trump e Infantino es notoriamente cercana; la FIFA incluso le otorgó a Trump el primer "Premio de la Paz" durante el sorteo del Mundial en Washington.
¿Qué precedente sienta esto? ¿Puede cualquier líder político llamar a Infantino para pedir revisiones arbitrales? La respuesta de la UEFA y Bélgica sugiere que el mundo del fútbol no está dispuesto a tolerarlo. Pero la decisión ya está tomada. Balogun jugó. Y el daño a la credibilidad de la FIFA, quizás, ya es irreversible.
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