Talleres empató y su gente estalló: silbidos, insultos y reclamos contra la dirigencia
El 0-0 ante Central Córdoba profundizó la crisis futbolística de Talleres. Sampaoli volvió a mover piezas, pero el equipo siguió sin respuestas, quedó último y volvió a despedirse del Kempes entre silbidos, insultos y reclamos contra Andrés Fassi y la dirigencia.
El Mundo Talleres sigue en estado de ebullición. El empate ante Central Córdoba de Santiago del Estero, pero sobre todo la forma en que se produjo, volvió a encender la bronca de una hinchada que ya no encuentra motivos para esperar. Silbidos, insultos y cánticos acompañaron la salida de los jugadores del Kempes y también apuntaron contra el presidente Andrés Fassi y la comisión directiva. La sensación fue inequívoca: para Talleres, este empate tuvo sabor a derrota.
Porque la “T” sigue última en la Zona A, continúa siendo el equipo más goleado del torneo y, lo que es todavía más preocupante, ofrece pocas señales futbolísticas capaces de alimentar una recuperación. El problema ya no parece ser solamente el resultado. Es la ausencia de una identidad que se sostenga de un partido al otro.
Talleres vive cambiando para intentar modificar algo que, en definitiva, permanece igual. Jorge Sampaoli volvió a meter mano en el equipo. Dispuso el regreso de Matías Catalán, ausente desde aquel 0-3 ante Atlético Tucumán por la Copa Argentina en Newell's, hace tres meses, y promovió como titular a Lautaro Ortíz, quien había tenido su estreno absoluto frente a Gimnasia y Esgrima de Mendoza. Salieron Santiago Fernández y Franco Cristaldo.
El propósito parecía lógico: reducir la vulnerabilidad defensiva y, al mismo tiempo, darle mayor vuelo al juego. El dibujo fue un 4-1-3-2, una apuesta que buscaba equilibrio sin resignar presencia ofensiva.
Sebastián Domínguez, en cambio, pareció tener mucho más claro qué quería de su equipo. Plantó a Central Córdoba con un 5-4-1 que respetó casi literalmente lo que indicaba la pizarra. El “Ferroviario” se cerró, ocupó los espacios y prácticamente no ofreció fisuras. Talleres tuvo la pelota, pero otra vez no supo qué hacer con ella.
Un remate de Ortíz que se fue por encima del travesaño fue la primera amenaza seria y sirvió para entusiasmar al público. Después, poco. Algunas proyecciones de Timoteo Chamorro, el buen manejo de Matías Galarza y los chispazos de Ortíz fueron apenas argumentos aislados dentro de un equipo al que le costó demasiado asociarse.
Hubo pocas conexiones y todavía menos resoluciones.
Depietri y Rick tuvieron participación en varios ataques, pero el circuito volvió a romperse cuando la pelota debía llegarle a Agustín Álvarez Martínez. El delantero uruguayo quedó demasiado aislado, desconectado de un equipo que volvió a tener dificultades para transformar posesión en peligro.
Y mientras Talleres no encontraba el camino, Central Córdoba se sintió cada vez más cómodo. Ezequiel Unsain terminó siendo nuevamente una de las figuras albiazules. El arquero salvó un mano a mano ante Diego Barrera, justamente un exTalleres, después de una gran habilitación, volvió a responder ante el mismo delantero y tuvo otra intervención decisiva frente a Ezequiel Naya.
Demasiado para un equipo que jugaba en casa y necesitaba ganar.
Sampaoli intentó cambiar el rumbo rápidamente. A los 14 minutos del segundo tiempo mandó a la cancha a Valentín Dávila y Franco Cristaldo. Después ingresaron Emiliano Chiavassa y Giovanni Baroni. Pero los cambios tampoco modificaron la ecuación.
El problema no parecía estar solamente en los nombres.
Talleres lateralizó la pelota hasta el cansancio. Movió el balón de un costado al otro, pero sin profundidad. Y cuando apareció Dávila, el equipo no consiguió encontrarlo en condiciones de pivotear, asociarse o convertirse en referencia dentro del área. La solución terminó reducida a una catarata de centros, muchos de ellos lanzados desde posiciones lejanas y sin un destinatario claro.
Ahí apareció otra vez el nervio.
El equipo empezó a jugar con la urgencia de quien sabe que el reloj es un enemigo. Central Córdoba, mientras tanto, se fue sintiendo cada vez más tranquilo. Y terminó más cerca de ganar que Talleres.
Ese es quizás el dato que más preocupa.
Sampaoli sigue buscando. Cambia nombres, dibujos, sociedades y posiciones. Pero después de varias fechas todavía no consiguió que Talleres sea reconocible. La búsqueda de una identidad se transformó en una sucesión de ensayos y el equipo parece cada vez más atrapado en su propia incertidumbre.
El calendario tampoco ofrece demasiado margen para equivocarse. El próximo sábado deberá visitar a San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro. Después volverá al Kempes para recibir a Unión y, más adelante, llegarán los clásicos con Instituto y Belgrano.
Son partidos que, por historia y contexto, pueden modificar el ánimo. Pero antes Talleres necesita modificar algo mucho más profundo: su fútbol.
Porque la paciencia de la gente parece haberse agotado. Y cuando los resultados no llegan, el juego no convence y el equipo continúa último, los silbidos dejan de ser solamente una reacción a un partido. Se convierten en el síntoma de una crisis mucho mayor.
Alineaciones
Suplentes
Estadísticas





No hay comentarios.:
Publicar un comentario